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Sábado, 24 de septiembre 2022, 00:34
Mucho tiempo había pasado ya en 1972 desde que Carmina Manjón, abogada de formación, llegase al consistorio gijonés como la primera mujer concejala de nuestra historia. Ahora era ya Carmina, según sus propias palabras, una persona 'camp', «pasada de moda», pero «ni sola ni olvidada» y, sobre todo, cansada ya de la política que un día fue su vida. En ella, respondió a preguntas de EL COMERCIO, había entrado «impensadamente». «Mi profesor de latín, filosofía y ética, que era un sacerdote que murió en el 36, empezó a prepararnos a algunos de sus alumnos que consideraba con facilidad de palabra para propagandistas de Acción Católica. Cuando las cosas se pusieron duras, cuando la tensión política era grande y se necesitaban oradores para la propaganda electoral, varios de esos alumnos fuimos invitados a hablar en las reuniones de la Juventud de Acción Popular».
Así echó a rodar la carrera política de aquella abogada, nieta del propietario de 'El Pasaje', «que estuvo ubicado en los bajos de lo que después fue el Hotel Comercio», y de un terrateniente colungués. En la Guerra estuvo detenida, primero, «en los calabozos de la Policía Municipal, situados en lo que hoy son los Jardines del Náutico» y después en la 'Iglesiona'; llegó a concejala poco más de una década después y ahora, cuando ya todo aquello no era más que el sonido de un eco lejano, Carmina Manjón seguía defendiendo lo que había defendido siempre. Y con vehemencia, además: «Creo que si me viera en una situación parecida seguiría envidiando, como entonces envidié, a los que defendían con las armas en la mano su ideal o morían por él en los campos de batalla». En su día no había llegado a tanto, y eso que siempre, afirmaba ahora, hizo lo que quiso. Fue, aseguraba, «una mujer que quiso trabajar y trabajó». Una pionera, en todo caso. «Para una chica de hoy la vida de Carmina Manjón, abogado, estudiante, profesional en ejercicio, política en ocasiones, es normal ; pero para las mujeres de mi tiempo no lo era tanto». Se había adelantado -y así lo decía de sí misma- unos cuantos años «a lo que llaman ahora la promoción de la mujer». Así lo contamos.
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