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Domingo, 18 de marzo 2018, 00:50
La alfarería de Miranda, en Avilés, tenía, por aquel entonces, a los más cualificados 'maestros de caños', capaces de hacer unos tubos de barro de 42 centímetros de largo, 15 de diámetro y dos centímetros de grosor que, en su parte superior, disponían de una rosca para engarzarlos, algo esencial para el traslado del agua. Un trabajo de artesanía en barro cocido que tenía una demanda muy importante debido a las muchas obras de canalización de agua que se emprendieron en aquella época. Cristina Heredia reconoce que la elevada producción de aquella alfarería despertó su curiosidad para conocer el destino de tanta tubería. En Gijón, para 3.276 metros de conducción desde La Guía se utilizaron 7.800 de aquellos tubos. Su labor estaba garantizada.
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