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MARCO MENÉNDEZ
GIJÓN.
Jueves, 22 de octubre 2020, 00:12
Toxinas y cianobacterias. Eso encontraron los responsables de la Universidad de Oviedo al analizar las aguas del anillo navegable del río Piles, pero el debate es si dichos elementos y la cantidad hallada suponen un peligro para la salud humana, tal y como interpretó la Concejalía de Medio Ambiente al recomendar no realizar ninguna actividad deportiva en el cauce. El informe presentado por el Grupo, elaborado por el equipo de Francisco Pellicer, especialista de la Universidad de Zaragoza, pretende dejar claro que en el río Piles no hay ningún problema de contaminación achacable al anillo navegable ni al Grupo Covadonga. Este documento fue entregado anteayer a la alcaldesa de Gijón, Ana González, por el presidente grupista, Antonio Corripio.
En el río se detectaron cianobacterias en unos valores de 3,7 células por mililitro, una cantidad que el documento califica de «inocua», pues los primeros niveles de riesgo, según la OMS, se situarían en 20.000. El documento asegura que las cianobacterias están presentes en niveles superiores a los detectados en el anillo navegable en los embalses de Tanes y Rioseco, destinados al consumo humano, así como en los lagos de Covadonga y Muniellos. Es más, apunta que hay «un problema de gran magnitud de proliferaciones de cianobacterias» en el embalse de Trasona, «casualmente uno de los lugares sugeridos por el Ayuntamiento como potencial destino para los jóvenes palistas del Grupo Covadonga».
Los especialistas indican que «desconocemos si la idea de que el anillo navegable funciona como 'un criadero de algas -cianobacterias- tóxicas' surgió en base a un malentendido, a una interpretación equivocada o a una errónea identificación visual». Y añaden otra causa: «Todo apuntaba a la proliferación de otro tipo de organismos -no tóxicos- como clorofíceas filamentosas o incluso plantas vasculares hidrófitas».
Otro elemento a tener en cuenta es que para que las cianobacterias puedan proliferar precisan de una profundidad mayor a tres metros, mientras que la del anillo navegable no llega a 1,5. Por eso, el informe considera que la situación mejorará «en el momento en el que las aguas entrantes en el anillo presenten una adecuada calidad y estén libres de vertidos y aportes de nutrientes descontrolados».
En cuanto a los tres tipos de toxinas halladas, las especies detectadas tendrían su origen en el aporte de agua de la mar, ya que «son propias del agua salada». Se trata de diatomeas, euglenoficeas y dinoflagelados. Una posible contaminación se podría producir por el consumo de pescado y mariscos contaminados, aunque el informe asegura que dicho extremo no se ha podido demostrar científicamente. De cualquier modo, la concentración de toxinas no llegaría en ningún caso al extremo de «que pudiera llegar a ser peligrosa para el ser humano o la fauna». Además, prosigue, «en ninguno de los casos estamos hablando de abundancias especialmente llamativas», asegura el equipo de Francisco Pellicer, que las considera «bajas o moderadas».
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