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IVÁN VILLAR
GIJÓN.
Martes, 7 de junio 2022, 01:03
Sobre un canal de aguas oscuras flota, formando una costra, un amasijo de residuos en el que restos orgánicos se entremezclan con pequeños envoltorios de ... plástico, colillas, pañuelos de papel, bastoncillos e incluso varias pelotas de tenis. Todo lo arrastró hasta la red de colectores la fugaz tormenta que el viernes por la tarde, en torno a las siete, rebasó la capacidad de las tuberías de saneamiento de la zona este, llegando a inundar algunas calles de Viesques. «Si hubiera ocurrido antes de tener en servicio este depósito, todos esos vertidos habrían llegado al mar», explicó el gerente de la Empresa Municipal de Aguas (EMA), Pedro Menéndez, durante una visita organizada por el Ayuntamiento al pozo de tormentas situado bajo el parque de los Hermanos Castro, que desde su entrada en funcionamiento en noviembre del año pasado ya ha evitado varios alivios directos de aguas residuales al río Piles como los que se venían sucediendo durante años. «Creo que al ver estos sedimentos todos hemos quedado impresionados y hemos podido tomar conciencia, e incluso sentir un respingo, por todo lo que antes acaba en la playa», señalaba a la salida del recorrido la alcaldesa, Ana González, quien destacó la necesidad «de que el agua vaya limpia, no solo para que San Lorenzo esté bonita o para atraer turismo, sino también para mejorar nuestra calidad de vida».
La construcción de este equipamiento, adjudicada a Acciona, supuso una inversión de once millones de euros para crear un gran tanque subterráneo -el suelo está a diez metros de profundidad- con una capacidad de almacenamiento de 15.000 metros cúbicos, equivalente al agua de quince piscinas de tamaño olímpico, a los que se suman otros mil de los colectores que desembocan en él. Según explicó Pedro Menéndez, cuando se producen fuertes lluvias que, sumadas a las aguas residuales de los edificios, exceden la capacidad de la red de saneamiento, en lugar de aliviar el sobrante directamente al río ahora el agua desborda en tres puntos -tres cámaras de derivación situadas bajo la avenida de El Molinón y bajo el propio parque de los Hermanos Castro- hacia unas tuberías que la conducen hasta el pozo de tormentas. «Las aguas de esos primeros minutos de lluvia son las más contaminadas», en parte porque además de los residuos propios del alcantarillado arrastran consigo cualquier resto que estuviera sobre las aceras y el asfalto y que a su vez quedarán en el fondo del gran depósito.
A partir de ahí, pueden darse dos escenarios. Uno, que el aumento sobrevenido de caudal pueda ser asumido en su totalidad por el pozo. En ese caso, una vez que paren las lluvias el agua que hubiera quedado almacenada en él se devolverá a la red de colectores de manera pausada, mediante bombas, para su tratamiento en la depuradora del este. Pero si la tormenta se prolonga en el tiempo, o es demasiado intensa, y se supera la capacidad del depósito, no quedará más remedio que derivar el sobrante al río Piles. No obstante, antes de salir al medio natural el agua pasaría por unos tamices «que impedirán que con ella salgan también toallitas y otros residuos». La alcaldesa remarcó que «hablamos de casos excepcionales, solo con enormes tormentones, y en cualquier caso el agua que acabará en la mar va más limpia de lo que lo hacía». La basura quedaría dentro del depósito y, como en el supuesto anterior, cuando se proceda a su vaciado al final del episodio de lluvias, se enviaría por la red de colectores hacia la depuradora.
Para limpiar el fondo del depósito una vez que se ha retirado todo el líquido que almacenaba, se deja caer de golpe una gran cantidad de agua limpia que arrastra el grueso de los residuos que aún queden en él hacia un canal -el que ayer mostraba los restos de la tormenta del viernes- donde se recogen ya de manera manual, con la ayuda de una cuba.
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Olmo Ron explicó que con este depósito, que se suma al inaugurado recientemente en El Arbeyal (con una capacidad de 21.700 metros cúbicos) y El Natahoyo (26.300), «damos por finalizado este proceso de red de pozos de tormentas».
Ahora las nuevas acciones se centrarán en la creación de redes independientes para las aguas pluviales, que en lugar de derivarlas a las tuberías de saneamiento las conduzcan directamente al medio natural o las almacenen para usarlas en riegos y baldeos, así como en generar en la ciudad cada vez «más suelos permeables que, como ocurre con el parque fluvial, funcionen como depósitos de tormentas naturales». Añadió además que se sigue avanzando en el proyecto para renovar el colector del río Peñafrancia. En breve el Principado licitará la fase que le corresponde, que costará un millón de euros, y la EMA hará lo propio con la suya, que supondrá 2,7 millones.
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