Bernardo Fernández-Escudero
DE SOMIÓ A CIMADEVILLA ·
Alcalde que en 1861 inauguró la primera plaza de toros gijonesaJANEL CUESTA
Lunes, 6 de septiembre 2021, 04:33
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DE SOMIÓ A CIMADEVILLA ·
Alcalde que en 1861 inauguró la primera plaza de toros gijonesaJANEL CUESTA
Lunes, 6 de septiembre 2021, 04:33
Con la sana intención de hacer historia nos adentramos en los escritos de nuestros cronistas sobre la llamada 'Fiesta Nacional'. En el primer milenio de ... nuestra era, señalan, ya se celebraban corridas de toros en diferentes pueblos de Asturias. En Gijón hay constancia de que a mediados del siglo XVII la fiesta taurina formaba parte de los festejos veraniegos. Aunque sin señalar exactamente el lugar, sí consta que se celebraban en plazas o plazuelas de Cimadevilla y en el Campo Valdés, por supuesto con el beneplácito de regidores como Fernando de Valdés, Gregorio de Tineo y Hevia o Manuel Morán Blanco.
Según consta en las actas municipales, a partir de 1859, cuando el alcalde Bernardo Fernández-Escudero y Reguera presidía la Corporación, se recoge el sentir popular que pedía «la construcción de una plaza digna donde los gijoneses pudieran disfrutar del gran espectáculo que por aquellos años se consideraba un privilegio reservado a las grandes capitales de la nación».
Bernardo Fernández-Escudero había nacido en Comillas, Santander, en 1802, en el seno de una familia de comerciantes. Su primera relación con Asturias se produjo al venir a estudiar Filosofía y Economía en la Universidad de Oviedo. Al cumplir los 18 años formó parte del Batallón de Literatura iniciado por el general Rafael del Riego, en la sublevación de Cabezas de San Juan en Sevilla. Con el triunfo de la reacción borbónica en 1823, fue condenado a ocho años de prisión en Ceuta, con lo que perdió todos sus derechos de ciudadanía. Pero una vez liberado, su competencia profesional como economista y profesor le llevó a ocupar puestos relevantes en la Administración, y al contraer matrimonio con Lucía Díaz Rivero, natural de Ibio, en Cantabria, se establecieron en Gijón, donde su progresión social y económica dio lugar a que una zona comprendida entre la calle de la Merced y Begoña se conociera como el Callejón de Escudero.
En 1840 Bernardo Fernández-Escudero y Reguera solicita del gobernador civil de la Provincia de Oviedo recuperar su derechos de ciudadano y electorales, que se le conceden catorce días más tarde. En 1855 forma parte de la Junta de Mejoras del Puerto; en 1857 es nombrado juez de paz y el día primero de enero de 1859 al cesar como alcalde Zoilo García Sal, accede a presidir el Ayuntamiento de Gijón, en base a un oficio del gobernador civil que procede a la renovación de la Corporación.
Dos años más tarde, en la sesión del 2 de mayo de 1861, se da cuenta de que las corridas de toros se venían celebrando en varios lugares de la población, siempre con carácter transitorio, y el señor Buenaventura Barbachano solicita permiso para construir una plaza provisional de madera de 202 pies de diámetro para dar corridas de toros en agosto, en el sitio conocido como Campo de la Feria en la salida hacia Ceares en las inmediaciones de la carretera de Villaviciosa, en el actual paseo de Begoña. Dos días más tarde, el capitán general de este distrito autoriza la construcción en terrenos propios del Ayuntamiento en la salida hacia Ceares dentro de la zona de la fortificación.
Por escritos de cronistas de la época sabemos que se estrenó con una corrida en la que se lidiaron toros de Juan Francisco Paredes y Salvador Martín, ambos de Colmenar Viejo, para lidia de los toreros 'El Tato' y 'Regatero' con la participación de los picadores Trigo, Pinto y los hermanos Calderón. La corrida, que contó con la presencia del alcalde, Bernardo Fernández-Escudero, varios concejales y el secretario municipal Vicente de Ezcurdia, fue un éxito tanto por 'la tarde' que dieron los toreros como por la asistencia de público que acudió incluso de fuera de la provincia, ante el gran atractivo que suponía la celebración de una corrida de toros de primera categoría en una villa como Gijón, que aunque contaba con su tradición veraniega no era ni siquiera capital de provincia.
En años sucesivos el auge de las corridas de toros hizo necesario ampliar la capacidad de los graderíos, e incluso hubo que solicitar a Gaspar Cienfuegos-Jovellanos, que había sido alcalde entre 1844 y 1846, la cesión de terrenos de su propiedad para dicha ampliación, llegando a dar toda clase de facilidades, con la condición de que el día que se desmontase la plaza provisional, todo siguiese de su propiedad y en las mismas condiciones que estaban los terrenos.
Bernardo Fernández-Escudero cesó como alcalde el 1 de enero de 1863 y volvió a presidir el Ayuntamiento en el bienio de 1869 a 1871. Falleció en Gijón el 24 de abril de 1881 a los 78 años. La prensa, en sus obituarios, resaltó su espíritu de progreso y liberal, siempre en beneficio de los gijoneses, que perdían a uno de sus mejores vecinos. Siguieron celebrándose corridas. En 1837 se creó la Sociedad Plaza de Toros de Gijón, presidida por Florencio Rodríguez. La plaza de toros de El Bibio que llegó a nuestros días fue inaugurada en 1888, pero esa ya es otra historia, y los tiempos actuales, por supuesto muy diferentes, algo que se deja notar entre unas y otras Corporaciones.
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