ANA MORIYÓN
Sábado, 4 de octubre 2008, 05:11
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Las esporádicas visitas de Benito Pérez Galdós al municipio de Parres, su relación con una vecina del pueblo de Bodes y la hija que ambos engendraron han permitido al concejo asturiano hacerse un hueco en lo más alto de la literatura española. Los lazos que el escritor canario estrechó durante su vida con este rincón del oriente asturiano quedan recogidos en estrofas de algunos de sus libros, como 'El amigo manso' (1882), donde el autor de obras tan leídas como 'Doña Perfecta' o 'Fortunata y Jacinta', describe claramente la zona de Covadonga y Parres.
Como agradecimiento a este legado, la Casa de Cultura lleva desde ayer el nombre del escritor y se espera que de este modo permanezca viva la relación que el autor mantuvo a finales del siglo XIX con este concejo, fruto de una relación amorosa con la parraguesa Lorenza Cobián, de la que nacería su única hija, María Pérez Galdós Covián.
La pareja se conoció en Santander, donde la joven natural de Bodes pasaba largas temporadas con unos familiares. Cuentan que Pérez Galdós se burló de ella porque no le conocía ni a él, ni a ninguno de sus libros, pero que pronto iniciarían una relación que se prolongó varios años. La pareja tuvo un primer hijo que falleció al poco de nacer y, en 1897, Lorenza dio a luz a María Pérez Galdós Cobián.
La parraguesa no fue la única mujer en la vida del dramaturgo, al que se le conocen varias relaciones más, pero Galdós llegó a pedirle matrimonio. Ella, muy adelantada para la época, rechazó la propuesta porque opinaba que cuando uno se casaba se perdía la ilusión. Eso no impidió que la hija de ambos fuera reconocida por el escritor, quien se ocupó de su educación.
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Aunque no vivieron bajo el mismo techo, coincidieron durante años en sus vacaciones en Santander y también en Parres, en compañía de otros escritores ligados a Asturias como Pereda y Leopoldo Alas Clarín. Fueron años felices pero, cuando Lorenza contaba 50 años, cayó en una depresión que la llevó al suicidio.
Vínculo con Bodes
Su hija, María Pérez Galdós, y el marido de ésta, Juan Verde, mantuvieron la relación con el pueblo de Bodes y cada verano acudían a la finca de El Gallán para disfrutar de sus vacaciones. El vínculo con el pueblo y sus vecinos era tal que la familia no dudó en enterrar en el cementerio de Collía a Juan Verde. Luego, con la muerte de María Pérez Galdós, los hijos venderían la vivienda familiar pero continuarían sus visitas al concejo hasta la actualidad.
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