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Domingo, 26 de febrero 2017, 02:02
Su movilización dio la vuelta al mundo. Tenía épica la aventura de aquellos trabajadores dispuestos a todo por un empleo que en la víspera de la Nochebuena de 1996 se enclaustraron en la torre de la Catedral de Oviedo para no salir hasta 318 días después con un compromiso de recolocación firmado. También con muchas horas de espera, de negociación, con muchos apoyos ciudadanos, con la complicidad de los turistas que compraban sus postales para nutrir la caja de resistencia, y por supuesto, con el rechazo de quienes no veían con buenos ojos unas movilizaciones contundentes en las que los trabajadores de Duro eran unos maestros después de muchos años de batalla.
A 62 metros de altura, en el campanario, encontraron refugio primero Gerardo Iglesias Campa, José Ignacio Díaz, Víctor Vaquero Rodríguez y Juan José García García -los 221 primeros días- y Ramón Cimadevilla Jove, Fermín Rodríguez Menéndez, Manuel Ortiz de Galisteo Muriel y Marino García Rodríguez, los restantes. Ellos estaban arriba, el resto hasta completar los 39 que buscaban una recolación, les apoyaban desde abajo, y como portavoz, Manuel Sánchez Terán, un sindicalista de CC OO cuyos profundos ojos azules se hicieron habituales en las pantallas de la televisión y las páginas de los periódicos.
Aquellos meses fueron intensos. Pero también lo fueron los anteriores, porque el conflicto de Duro Felguera no surgió de golpe y porrazo pocos días antes de aquel 23 de diciembre de 1996 en que se inició la clausura catedralicia. De hecho, ni siquiera era la primera vez que se encerraban allí. Ya cuatro años antes, aunque en aquella ocasión durante unos días, protagonizaron otro encierro. «Aquella vez yo dije: si algún día necesitamos volver aquí, volveremos», rememora ahora Manuel Sánchez Terán, retirado por completo de la vida sindical.
Vive ahora de una pensión, en Gijón, donde entrena a chicos en patinaje de velocidad, hace yoga y meditación y procura tomarse la vida con calma y buscar el equilibrio. La actividad sindical, sostiene, le dejó tocado y con serios problemas físicos, pero eso no le ha impedido transitar por el pasado en más de una ocasión. «Hace poco visitamos a Merchán en Oviedo», explica, y asegura que el que fuera arzobispo durante su encierro, cuya comprensión suscitó más de un malestar, «está francamente bien». Seguramente en ese encuentro recordaron aquella foto que ya es historia en la que Gabino Díaz Merchán sostiene un gomeru. «Fue el arzobispo que mejor entendió la idiosincrasia de Asturias», concluye Sánchez Terán.
No olvida, hoy desencatado del sindicalismo, una lucha en la que echaron el resto porque -sostiene- vivieron una continua escalada de mentiras y engaños, porque -dice- entre los sindicatos mayoritarios y el PSOE se quisieron laminar la libertad sindical e instaurar el despido libre. Afirma hoy, como entonces, que ellos fueron una probeta de experimentos laborales. Pero la probeta ardió en el laboratorio.
Todo comenzó en septiembre de 1993. Tras sucesivos expedientes de regulación de empleo, 232 trabajadores de dos filiales de Duro Felguera fueron despedidos. Las movilizaciones no se hicieron esperar y no escatimaron en virulencia. El 2 de noviembre de 1994 llegó un acuerdo en virtud del cual parte de los despedidos fueron readmitidos y otros se acogieron a prejubilaciones y bajas voluntarias. Quedaban 39 que debían ser recolocados por el Gobierno asturiano en dos años en empresas públicas. En diciembre de 1996 finalizó el plazo, el compromiso no se había cumplido y los despedidos volvieron a las barricadas. A continuación llegó el enclaustramiento en el improvisado campamento del campanario que uno de los trabajadores tuvo que abandonar 98 días después de iniciarse por una insuficiencia cardiaca. El 5 de noviembre se produjo el desalojo de la torre tras el acuerdo alcanzado entre CC OO y el Gobierno asturiano (del PP en aquel momento) que garantizaba la recolocación de los 39 trabajadores en Hunosa y en otras empresas públicas y que se produjo tras un pacto previo de los sindicatos mineros con el Ministerio de Industria.
Aquellos trabajadores están hoy distanciados. El documental 'Resistencia', de Lucinda Torre, les dividió. Muchos -como Terán- piensan que se ofreció una versión adulcorada del conflicto; otros no. Pero en la memoria de todos está aún fresco lo vivido 20 años atrás.
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