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San Juan de La Arena tiene, dentro de sus chicas dimensiones, un centro urbano lucido y concurrido, con aires indianos y aromas marineros, que los festivales de la angula abarrotan. Pero Las Malvinas, no aquellas disputadas del Atlántico Sur, la pacífica de la desembocadura del Nalón, casa encarnada con terrazas de práu y soportal e interiores claros y confortables, queda un poco para el final del pueblo, río abajo o ría arriba según la marea. Por eso, estando plenamente dentro del casco urbano, entre otros muchos edificios unifamiliares de valla y jardín, si bien algo fuera del corazón central, el que marca La Rula y los restaurantes de su entorno, lleva tan curioso e inesperado nombre. Emilio y Elvira, fundadores y padres del actual propietario, lo bautizaron La Parrillada. Corría el año 1982.
Dirección: calle del Marqués de Agudín, 75. San Juan de la Arena.
Teléfono: 985 58 61 24.
Cocina y sala: José Emilio García García, Isabel María Fernández Álvarez y María José Ige Candomo.
De pronto Argentina invadió para su mal, y el de su dictadura, las islas Malvinas. Y enterados por aquí de su lejanía, los parroquianos comentaban en perfecta hipérbole (o perfecta coña marinera): «Vamos a tomar algo hasta Las Malvinas». Y quedó.
Además, si nació parrillada de carne y pulpería, Emilio hijo y su esposa Isabel –que llevaban años preparándose a pie de barra, mesa y sombrilla– con el cambio de siglo retiraron la parrilla, aumentaron las planchas, ampliaron las plazas y, siempre sobre lo magníficamente construido por sus predecesores, sentaron –y sientan– saber y estilo en lo que da el paisaje: chipirones frescos, calamares en rabas o tinta, pulpo a la gallega o braseado, tacos de bacalao o el pescado de cada día. Hoy rubiel, o pixín, o besugo, sin otro adorno que la ajada y el aceite de oliva. Y cachopos cuantitativos y cualitativos. Y si el frío manda, potes y guisos humeantes; y si el calor manda y toca comer en manga corta, ensaladas y bonito a las mil maneras, del rollo a la rodaja pasando por la ventresca.
Ingredientes genéricos: Lomos de bacalao, cebolla, ajo, pimiento, caldo de nécoras, vino de uva Albariña, patatas y aceite de oliva virgen.
1. Desalamos el bacalao unas 36 horas con cambios cada 12;que no quede sin sal, sino con la suficiente para dar sabor y gracia. 2. Para este desalado cubrimos los lomos con agua fría y los mantenemos en lugar fresco o –mejor aún– en la nevera. 3. En una sartén de aluminio echamos AOVE y pochamos cebolla lentamente hasta que salgan los azúcares y nos quede melosa o confitada. 4. A continuación, añadimos a la cebolla ajo muy picado. 5. También un poco de pimiento que previamente habremos asado en el horno y limpiado de pieles y semillas. 6. Cortado el bacalao en tacos o rectángulos similares, ponemos éstos a guisar lentamente con un poquito de vino blanco (Rías Baixas)y unas cucharadas de crema de nécoras previamente elaborada (o, en su defecto, caldo de pescado y marisco). 7. Para entonces ya tendremos fritas unas patatas panadera, que añadiremos al guiso justo cerca de su final, que cojan sabor sin deshacerse. Emplatado:primero cubrimos con las patatas panadera;encima colocamos los tacos que bañamos con la cebollina pochada y el pimiento rojo del guiso;adornamos con algas wakame y los jugos dejados en la sartén.
No están estas gustosas Malvinas para ser conquistadas; están para conquistarnos.
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