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La casa se construyó en el margen del camino real entre Gijón y Villaviciosa, por donde pasaban caballerías, xarrés, diligencias y –además– peregrinos a los que Santa María de la Lloraza y San Andrés de Bedriñana, románica una y prerrománica otra, acogían, alimentaban y curaban: la comarca mariñana también va hacia Compostela.
Choca el pomposo nombre de camino real, precedente de la carretera general. Hay bandas de asfalto rodeadas praos, con casas esparcidas presidiendo grandes fincas, árboles frondosos y ganado paciendo sobre rasas y colinas que colocan lejos el fondo de montañas. La paz rural no impide que la invisible e inaudible autovía pueda alcanzarse en pocos minutos.
Dirección: San Miguel de Arroes, 1. Villaviciosa
Teléfono: 985 89 48 09
Cocinera: María de las Nieves Cifuentes Villabona, ‘Mari’
Apertura: 1910 (aproximadamente)
Menú laborables: 9 euros
Finde: 12 (s.) y 14 (d.)
Descanso: martes
Sidra: Frutos
Tarjeta: sí
Al entrar nos encontramos un chigre de pueblo tal cual, con su terraza anterior, su zona de barra y culinos, su comedor lateral y su merendero trasero presidido por una enorme figar. Un chigre que a principios del pasado siglo (calculemos sobre 120 años) abrieron los abuelos de la actual propietaria, Dionisio y Entiqueta, al lado de su vivienda, aprovechando el mucho tránsito que por allí pasaba, del caminero humilde a los señorones en viaje, sin –por supuesto– olvidarse de los vecinos, que contaron con tienda de madreñas y conservas, bolera, baile, rana y llagar de sidra propio. Aquí nació la madre de Mari. Y la continuadora del negocio, su tía Inés, que cambió y mantiene el nombre: la fabada y el pitu de caleya que guisaba recibieron elogios de comensales próximos y lejanos.
Mari, por su parte, abrió negocios propios con la cocina que diariamente aprendió y ejerció al lado de sus consanguíneas, pero «al retirarse mi tía, y ante la tristeza del posible cierre, decidí hacerme cargo del ya viejo negocio familiar», recuerda. Decisión tomada hace unos veinte años para bien de Arroes, que su cachopo de setas, sus llámpares de mil y un maneras, su carne guisada, su pote de nabos, su chopa a la sidra o su pixín a la plancha llevan sabiduría de generaciones.
Y con el menú diario, un comienzo delicioso de cuchara que el sábado y el domingo unen presencias: arroz con pitu el lunes, pote asturiano el miércoles, patatines con pulpo el jueves y fabada el viernes. En pota grande y para repetir, que la glotonería de vez en cuando mejora la salud.
Y de aquí se sale con la salud mejorada y ánimos para pasear hasta el pedrero de El Pielgu y la punta La Escalera, donde me aseguran hay huellas de dinosaurios que no logro distinguir. Confío que, tras una nueva visita a Casa Inés, el pote de nabos me ensanche las puertas de la percepción.
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