
Paloma Medina y Guillermo González, segunda generación al frente del restaurante El Parador del Rey
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Paloma Medina y Guillermo González, segunda generación al frente del restaurante El Parador del Rey
Pepín y Victorina abrieron el restaurante Santa Cristina en Lena en 1964. Hoy, 60 años después, su hijo Guillermo mantiene la esencia en el rebautizado El Parador del Rey. «Ofrecemos producto asturiano, pero no siempre cocina asturiana», explica quien se encarga del comedor mientras la otra mitad del proyecto, Paloma, está en la cocina.
–Felicidades, que 60 años no se cumplen todos los días. Hablemos del origen, de 1964.
–Lo abrieron mis padres, gente humilde. Se casaron jóvenes y ese mismo año dejaron sus respectivas aldeas, bajaron a esta, a Vega del Rey, y compraron una casa que transformaron en restaurante con mucha ayuda y préstamos. Antes, esto era una especie de bodega y mi padre trabajaba aquí. Los camiones traían uva o vino y aquí lo mezclaban y sacaban vino peleón. Hasta que abrieron un gran restaurante, y digo gran porque tenía una ubicación buenísima, pues la Ruta de la Plata, la Nacional 630 que unía Gijón y Sevilla, pasaba justo por delante. El primer día vendieron 100 raciones de pollo al ajillo... Había un tránsito de vehículos constante, y por eso en la época de mis padres se abría todos los días, las 24 horas, porque además de servir comidas, recetas muy básicas como callos o carne guisada, se podía quedar a dormir.
–Por eso cambiaron el nombre de Santa Cristina por El Parador, ¿no?
–Sí. Primero lo llamaron Santa Cristina porque lo inauguraron en julio, coincidiendo con la celebración de la patrona local. Pero al año y medio abrieron un pequeño bar en el pueblo que nombraron igual, y para evitar confusiones y porque la gente llamaba al restaurante 'parador', decidieron rebautizarlo. Paloma y yo cogemos el testigo en 2015 y decidimos añadir 'del Rey' para mantener la tradición familiar, pero reseñar el inicio de otra etapa.
–Ni Paloma ni usted estaban en hostelería... ¿qué pasó?
–Lo decidimos así. Ella es abogada y yo, informático; vivíamos en Madrid y en cierto momento dejamos lo que teníamos ahí y regresamos. Yo no viví la época dorada de mis padres en el restaurante porque a mí me tuvieron tarde, ya cumplidos los 40. Mis hermanas mayores incluso llegaron a trabajar aquí. Cuando yo soy consciente del negocio, este ya se había convertido en un chigre de pueblo, una casa de comidas pequeña. Porque en el año 70 y algo cambió la circulación y, con ella, el trasiego.
–Lena es un concejo de entrada y el turismo, además, aumenta. Se nota movimiento hostelero en la zona.
–Sí, y desde hace cinco o seis años notamos un hecho curioso, y es que antes los coches llegaban a Asturias, venían hasta aquí, comían y luego se iban; ahora pasan los mismos que antes o más, incluso, pero aun parando, sacan el teléfono para mirar en internet si entrar o no. Es curioso cómo la gente confía y selecciona ahora dónde ir... Antes bastaba con llegar a la puerta, ver el sitio y lo que ofertaba para pasar a comer.
–En general, ¿ayudan las nuevas tecnologías o no?
–Para nosotros hay dos tipos de comensal. El de Asturias, que viene porque nos conoce o porque alguien le habló de ti y quiere que le conquistes, que si lo logras, volverá. Y luego está el turista, que tiene otra dinámica, que va con prisa aun estando de vacaciones, que viene porque en Asturias se come muy bien, pero quiere un cachopo congelado y rápido...
–Celebran el 60 cumpleaños con un menú sorpresa. ¿Cómo es?
–Se compone de dos aperitivos, cinco platos entre los que siempre hay un pescado del Cantábrico y una carne –que es lo único que se puede elegir entre gochu asturcelta, ternera o cordero de cría local–, y un postre casero. Cuando propuse esta idea en enero, Paloma decía que estaba loco. Yo quería que las ventas de este menú fueran el 40% del total, pero está yendo muy bien y estamos en torno al 90%. El comensal quiere que le soluciones la vida. Y también por eso hemos actualizado la carta de vinos. Tenemos de productores muy pequeños, y vinos que sin quererlo son tiradas muy pequeñas porque no hay 'stock'. Por eso es una carta dinámica.
–¿Y para los próximos 60 años?
–El objetivo es diversificar la oferta para adaptarnos al mercado actual. Debido a la complicada situación gastronómica y más aún en los pueblos, donde no hay comidas de empresa durante la semana laboral, nos vemos obligados a reducir nuestro horario y a obtener nuestra facturación el fin de semana. Y no siempre, bien por volumen, capacidad o temporalidad, esa venta es suficiente. Por eso hemos iniciado un servicio de catering a diferentes niveles, desde una pequeña fiesta particular a una boda, y también organizamos eventos temáticos, cursos de cocina, catas, además de llevar a la calle nuestra oferta en formato 'food truck'.
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