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Viernes, 6 de noviembre 2020, 01:29
La casa que daba de comer a las élites políticas y económicas de la Transición, las mismas que emborronaron papeles hasta alumbrar la Constitución de 1978 y sentaron las bases de fusiones bancarias, cierra sus puertas. La covid ha sido implacable con la hostelería, y el Zalacaín, que debe su nombre a un personaje de una célebre novela de Pío Baroja, no ha resistido la embestida vírica. Aparte de congregar en sus reservados a potentados, aristócratas y deportistas, fue el primer restaurante de España en conseguir, en 1987, las tres estrellas Michelin. Después le siguieron otros buques insignias de la gastronomía nacional, como Arzak en 1989, El Racó de Can Fabes en 1994 y el Bulli en 1997. Aparte de unos precios exorbitantes, en su menú figuraban obras de arte como sus patatas suflé (seña de identidad de la casa), un 'steak tartar' revolucionario en aquellos tiempos y unas tejas de almendra excelentes.
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