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Eran cada uno de su padre y de su madre, pero crecieron como grupos de música (a pesar de que muchos reconocen que no sabían ... tocar) al calor de un caldo de cultivo postindustrial y postmovida de los ochenta aderazado con un poco de desencanto y un halo de intelectualidad que mucho tuvo que ver con el Campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo. Todo ello estuvo bien agitado por varios personajes clave, con Carlos Redondo y Paco Loco a la cabeza. Y entonces surgieron como setas bandas de garaje, de rock, de noise, de pop, de punk, de folk... y un grupo, Australian Blonde, que tocaría el éxito con las yemas de los dedos. Eran independientes, 'indies' antes de que el 'indie' fuese mainstream, cantaban en inglés y a muchos de ellos no les gustaba aparecer en los medios, no querían tener éxito, solo divertirse.
Y vaya si lo hicieron. Eran jóvenes, les gustaba la música y eran muchos. Se juntaban en La Plaza o la Foli, y el que no tocaba un instrumento dibujaba los carteles o llevaba la furgoneta a los conciertos. También había ideólogos como Roberto Nicieza o Felix Explosion, que veían que aquello podía tener más recorrido. Hasta que Ordovás y otros periodistas de Madrid parieron aquello de Xixón Sound, y el movimiento tuvo nombre y lo pusieron en portada de 'El País de las tentaciones', de Rock de Lux. Y llegó el 'Chup-chup', y Manta Ray tocó en Benicassim, y llegó el Ayuntamiento y vio que aquello era bueno, y lo apoyó.
Y llegó el FICX y los fichó para las noches, y grabaron discos, y Subterfuge puso de su parte y su nombre sonaba en el ambiente musical de todo el país con admiración, aunque a sus conciertos iban, por lo general, cuatro gatos. ¿Era lo que querían? Más de 30 años después, todos hablan sobre aquellos años 90 en Gijón: músicos, productores, gestores culturales, periodistas... Tres décadas después, reconocen que hubo un movimiento, aunque entonces renegaban de etiquetas, porque eran 'indies'. Aure Roces lo cuenta todo con maestría, sabiendo poner orden -a través de más de 60 entrevistas y alrededor de 30 canciones- a aquello que no lo tenía. Recuperando imágenes inéditas tras rebuscar en viejas cintas de vídeo, reuniendo grupos que hacía décadas que no se reunían y reivindicando el papel de la mujer en todo aquel movimiento.
Nostalgia con visión de futuro, rematada con un final muy bien pensado. Retrato de una contradicción. Los que no querían tener éxito, disfrutan ahora del éxito de no haberlo tenido. Su estela mítica sigue viéndose en el cielo de la ciudad de Gijón.
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