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Es la cuarta de cinco hermanos. Se crió en un contexto familiar feminista que la educó en la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, que ha sido su bandera para comprometerse social y políticamente y es su gran pasión junto a la educación. Su madre regentó una pequeña tienda de ropa en un barrio de Oviedo cumplidos los cincuenta. Su padre era economista y tenía un despacho profesional. Con estos antecedentes parentales asegura que cree en las genealogías, pero no en la genética, y detesta las pseudociencias.
Acaba de cumplir 56 años y se escolarizó con apenas dos. Su vocación por la docencia se forjó siendo una niña, en Primaria. Afirma que tuvo excelentes profesores de lengua y literatura, como la 'seño' Julia Pereo, que despertaron en ella la fascinación por el potencial del dominio del lenguaje ligado a la comunicación. Quiso enseñar lo que le enseñaban. Siempre tuvo claro que no quería dar clase a niños pequeños, pero sí a alumnado de instituto y hacia ello enfocó su preparación académica.
Estudió en un sistema segregado de enseñanza hasta la Universidad y reconoce que, en ciertos aspectos, le marcó. De hecho se recuerda a sí misma con ocho años jugando y corriendo por un patio separado físicamente con una cuerda solo porque coincidía con compañeros del sexo opuesto en unas clases particulares voluntarias al acabar la jornada lectiva. A ella aquella división le parecía «una barbaridad».
Siendo alumna ya empezó a apuntar maneras de líder a pesar de su timidez natural. Siempre fue la delegada de curso, pero afirma que no era empollona. «Nunca me dieron ningún premio extraordinario», admite. Sacaba buenas notas en Lengua y Literatura y a las asignaturas de ciencias le dedicaba menos tiempo, explica, porque «me divertían menos».
El rasgo más acusado de su personalidad, aparte del carácter, es su gran tenacidad personal para conseguir los objetivos que se propone en la vida. Esto es algo que reconocen sus rivales. Tanto los de fuera como los de dentro del partido, que ahora cierran filas con ella para que el PSOE recuperela Alcaldía.
Militante tardía del PSOE, considera que otro de sus puntos fuertes es el trabajo en equipo, dar confianza y delegar pero bajo la premisa de que si es alcaldesa la responsabilidad última será suya: «Soy una persona consciente de que no lo sabe todo y lo que sé es escuchar y creo que tengo una cierta capacidad de interpretación que me permite luego la toma de decisiones». También asume que traslada su estilo de treinta años como profesora de instituto al campo de la política: «Me gusta hacer pedagogía, explicar las cosas».
Su referente para la tarea encomendada por su partido es el activismo de Paz Fernández Felgueroso. Asegura que analiza y reflexiona sobre cada crítica que recibe, como aquella en público siendo consejera de Educación, durante los Premios Príncipe, cuando alguien le recriminó ir vestida en vaqueros, camisa y americana en una actividad en un patio escolar con Quino, el padre de Mafalda: «Pasado el shock, me reafirmé en que iba correctamente vestida y muy parecido al galardonado».
Muy celosa de su intimidad familiar y círculo de amistades, tiene un hijo de 24 años y una hija de 20, que se encuentran cursando estudios fuera de España.
Sus principales aficiones son nadar y andar junto con la lectura y el teatro. Viajera empedernida, tiene pendiente dar la vuelta al mundo y antes que eso conocer el continente asiático. Un destino que estaba pensado para este verano pero que tendrá que aguardar si se hace, como espera y quiere, con el bastón de mando de la ciudad.
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