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Salvador Macías entra en contrato relevo con el cierre de baterías de cok después de 43 años de trayectoria profesional. MARIETA
«Lo que más me duele del cierre es que no se instale otra fábrica»

«Lo que más me duele del cierre es que no se instale otra fábrica»

Salvador Macías - Trabajador entre 1976 y 2019 ·

Salvador Macías trabaja en baterías de cok desde el año 1976 y es uno de los que entra en contrato relevo con el apagado de las instalaciones

YOLANDA DE LUIS

AVILÉS.

Martes, 1 de octubre 2019, 02:28

Salvador Macías es uno de los trabajadores de baterías de cok que entra en contrato relevo con el cierre de las instalaciones de Avilés. Comenzó a trabajar el 8 de julio de 1976 como oficial mecánico y ha pasado por diversos puestos, incluido el de jefe de turno. Vive el cierre de las instalaciones con tristeza. «Lo que más me duele es que se vaya a cerrar y no haya un proyecto para instalar otra fábrica que de trabajo», afirma. Y añade que «vamos a respirar mejor, pero los habitantes de Avilés, ¿dónde van a encontrar trabajo? Los africanos respiran muy bien en sus países, pero tienen que venir aquí para poder vivir». En estos días en los que se saca el último cok de unas instalaciones puestas en marcha en febrero de 1956, ha preferido no estar en la fábrica, «se me rompe el corazón». Como mucho hace fotos desde Bustiello, viendo como poco a poco el humo de las chimeneas deja de salir. «Me dieron de comer y todo lo que tengo ha sido gracias a baterías», señala.

Han sido 43 años en una fábrica en la que ha visto muchos cambios, y sobre todo en los últimos años en materia medioambiental. «La producción ha cambiado mucho, estaba todo controladísimo y si había algún episodio de contaminación era muy puntual, pero lo que sucede es que como ahora está todo tan limpio parece muy espectacular», cuenta Salvador Macías. Para establecer una comparativa y que se vea la diferencia entre la actualidad y la realidad de los años setenta recuerda cómo cuando él comenzó a trabajar en baterías de cok «estabas en el techo (zona por la que se cargan los hornos) de la primera batería y no veías prácticamente la otra, los gases que había en las instalaciones lo impedían, y entonces no había sistemas de protección, ni una máscara. Sin embargo ahora, te colocas en la primera batería y puedes ver la última».

Sobre la dureza del trabajo por los gases y las altas temperaturas que se alcanzaban en estas instalaciones que hoy a las seis de la tarde dejarán de producir, cuenta los litros y litros de agua que necesitan los trabajadores que introducen el carbón dentro de los hornos. «Antes había un aguador que les llevaba el agua en botijos constantemente». Los tiempos pasaron y ese puesto desapareció. El agua llega en botellas de plástico, pero el que no había desparecido hasta hoy era el puesto de la persona que introduce el carbón en el sistema, «es algo que tenía que ser manual».

«La demolición será complicada, esto está construido para que no lo tire un bombardero»

Desmantelamiento

El cese de actividad de baterías es un proceso complicado y lento porque requiere mucha seguridad, explica. Después vendrá un proceso para el desmantelamiento de las instalaciones construidas entre los cincuenta y sesenta. Macías, con 43 años de experiencia, ya augura que va a ser complicado, muy complicado. Recuerda como en un momento de su trayectoria profesional se demolió un edificio que se dedicaba a la mezcla. «Los martillos hidráulicos reventaban», dice. Más reciente ha sido el episodio del incendio de la cinta transportadora, «cayó, pegó sobre la torre y esta ni se movió». Siempre recuerda un compañero que decía «esto está construido para que no lo tire un bombardero».

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