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MIRIAM SUÁREZ
GIJÓN.
Domingo, 23 de octubre 2022, 01:49
Comenta un trabajador que lleva tantos años en la empresa «que casi nací aquí» que la historia de Duro Felguera está plagada de altibajos. ... Que «no es casualidad» que una compañía tan emblemática, la más antigua de cuantas cotizan en Bolsa, «haya quedado en poco más de una pyme» y, a día de hoy, se encuentre en una situación financiera tan delicada como para plantear el despido de 208 trabajadores en Asturias y otros 40 en el extranjero. «No se han hecho bien las cosas», concluye con pesar, en una letanía que la plantilla repite desde hace años.
La empresa, no obstante, es optimista. Como ya lo fue en capítulos anteriores de esa historia de vicisitudes que viene a demostrar que Duro Felguera tiene más vidas que un gato. En los informes enviados a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), órgano regulador de la Bolsa, se habla de intensificar la contratación, de diversificar la actividad y de ampliar capital para dar entrada a nuevos socios inversores con solvencia financiera y proyectos de futuro. Compromisos que ya se escucharon tiempo atrás, sin que los sucesivos equipos directivos llegasen a dar con la fórmula magistral de la recuperación económica.
La primera situación crítica a la que tuvo que sobreponerse Duro Felguera se remonta a 1976. Se iniciaba entonces un proceso de desmantelamiento de las grandes compañías minero-siderúrgicas del que no pudo librarse este 'emblema' de la industria asturiana. En cuestión de un par de años, los tres ejecutivos que habían liderado la transformación de la vieja Duro dejaron la empresa, que, entre 1981 y 1983, pudo mantener la actividad de bienes de equipo gracias a las obras del Plan Energético Nacional. La crisis del Banco Urquijo, que llegaría a ser su principal accionista, complicó la situación.
Pero Duro Felguera salió del paso. Hasta que, en 1993, volvió a verse en serias dificultades, con pérdidas millonarias y la presentación de un expediente de regulación de empleo que afectaba a 232 trabajadores de Felguera Melt y el Taller de Barros. La medida dio lugar a un conflicto laboral de tal envergadura que incluso llegaron a convocarse huelgas de hambre, barricadas y un encierro de 318 días en la Catedral de Oviedo. «Duro estuvo al borde de la quiebra», echan la vista atrás técnicos de la 'casa' que vivieron la tensión social de aquel momento y el pasado martes, casi 30 años después, se manifestaban en la plaza Mayor de Gijón contra un nuevo despido colectivo.
En 1993, la compañía tuvo que afrontar desde la salida del BCH del accionariado a la entrada del conglomerado alemán Metallgesellschaft, que dejó el grupo empresarial prácticamente como lo encontró. Se buscó entonces la estabilidad financiera en el capital asturiano y, gracias al apoyo de la patronal, se consiguió que Melca, Imasa y TSK blindasen a Duro Felguera de posibles ofertas hostiles de compra y le dieran oxígeno para seguir.
1993 - Una de sus grandes crisis: Con pérdidas millonarias y un expediente de regulación de empleo con 232 despidos. Se organizaron huelgas de hambre y un encierro en la Catedral de Oviedo que duró casi un año.
2017 - El peor resultado de la historia: En ese ejercicio la empresa arrojó unas pérdidas de 254 millones. Dicen los trabajadores que ahí empezó «el verdadero declive» de Duro.
2021 - Rescate público: La SEPI desembarca en la empresa tras concederle una ayuda de 120 millones. El Principado colaboró con otros 6 millones.
Y en la actualidad: Duro ha presentado un ERE que afecta en Asturias a 208 trabajadores.
El corazón de Duro siguió latirendo y la compañía recuperó musculatura industrial, aunque los síntomas de su fragilidad financiera volvieron a aflorar en 2016. Que ese ejercicio se cerrase con unas pérdidas de 18 millones de euros hizo saltar las alarmas. Aun así, el presidente de la empresa en aquel momento, Ángel Antonio del Valle, aseguró ante la junta de accionistas que Duro remontaría al año siguiente. Pero las cuentas de 2017 pasaron de ser malas a catastróficas y, en lugar de despegar, la compañía cayó en barrena, tras acumular unas pérdidas de 254 millones, el peor resultado de su historia.
Con todo, Duro volvió a sobrevivir. Eso sí, con Del Valle fuera de la empresa, que llegó incluso a presentar una querella contra él por administración desleal. Su gestión, en cualquier caso, dejó a Duro Felguera al borde del precipicio. «Quedó herida de muerte», describen los trabajadores, que, desde ese momento, tuvieron que convivir sin descanso con la incertidumbre. «Ahí comenzó el declive de verdad», consideran quienes han sufrido esta crisis casi permanente de 5 años sin perder la esperanza en que, una vez más, Duro saldría a flote.
En 2018, con un consejo de administración que se debatía entre luchar por la salvación de la empresa o presentar un concurso de acreedores, Duro negociaba por tercera vez un acuerdo de espera con sus acreedores bancarios. Negociar su refinanciación con las ocho entidades que le habían prestado dinero llevó consigo un compromiso escrito de ajuste de plantilla, de contratación de proyectos y de ampliación de capital, con movimientos para alcanzar acuerdos con posibles socios inversores.
Son los mismos compromisos, o muy similares, a los que se recogen en el plan de viabilidad presentado en marzo de 2021 para que la Sociedad de Participaciones Industriales (SEPI) inyectase en Duro Felguera 120 millones de euros con cargo al fondo de apoyo a la solvencia de empresas estratégicas, creado a raíz de la pandemia por coronavirus. El Principado colaboró con otros 6 millones para tratar de salvar a una industria asturiana con más de 160 años de historia.
El pasado mes de septiembre, un año y medio después de esa ayuda, Duro presentaba el expediente de regulación de empleo que actualmente se está negociando con los representantes sindicales. Ese ajuste de plantilla, asegura, es la única forma de garantizar su viabilidad, condicionada ahora por las consecuencia económicas de la invasión rusa de Ucrania. En esta ocasión, una vez más, el consejo de administración -que dice tener muy avanzada la incorporación de inversores estratégicos- vuelve a mostrarse optimista de cara al futuro.
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