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Félix Montero
Martes, 1 de abril 2025, 09:54
Si algo ha quedado claro en los tres meses que Donald Trump lleva en la Casa Blanca es que, como anunció en campaña, arancel es su palabra favorita ... . El presidente estadounidense presume –con razón– de la capacidad de esta barrera arancelaria para forzar a terceros países a tomar decisiones con las que no están de acuerdo, como ha ocurrido en el caso de Canadá y México. Sin embargo, no está tan claro si estas medidas relanzarán una economía estadounidense que ya muestra síntomas de ralentización, mientras crece el riesgo de una espiral inflacionista.
En cualquier caso, y por mucho que todos los indicadores muestren un desgaste de la economía estadounidense como consecuencia de esta guerra comercial, el plan de Trump sigue adelante. El líder republicano lleva semanas anunciando que el próximo miércoles, 2 de abril, presentará una batería de medidas arancelarias que amenazan con poner en jaque los mercados internacionales. Todos los países del mundo contienen la respiración ante una jornada, bautizada como 'el Día de la Liberación', en la que nadie sabe aún con exactitud qué medidas se pondrán sobre la mesa. Tal vez ni siquiera el propio Trump lo tenga claro.
La cuestión es que el presidente estadounidense ha rectificado en un sinfín de ocasiones en los últimos meses sus decisiones sobre a qué países y qué productos imponer los aranceles. Por ahora, esta barrera comercial afecta a las importaciones chinas, el acero y el aluminio, aunque se espera que este miércoles se sumen más bienes a la lista y se anuncien nuevos gravámenes.
Las exportaciones de las empresas chinas son, por lo tanto, las únicas que sufren aranceles en todos sus productos. El presidente estadounidense impuso un recargo del 10% a todos los bienes del gigante asiático, como represalia por no colaborar «en la lucha contra el fentanilo».
China, en respuesta, aplicó un recargo del 15% al carbón y al gas licuado, y del 10% al petróleo estadounidense. En respuesta, EE UU elevó al 20% la tasa a todos los productos chinos.
A diferencia del gigante asiático, México y Canadá han logrado, por ahora, esquivar los aranceles del 25% que Trump pretendía imponer a todos sus productos. A cambio, han reforzado la presencia policial en la frontera «para combatir el narcotráfico». Sin embargo, los planes del presidente estadounidense pasan por reactivar esta barrera comercial a partir del 2 de abril.
- Importaciones de acero y aluminio: La nueva Administración estadounidense también ha sancionado con aranceles del 25% todas las importaciones de acero y aluminio.
- Exportación de coches y componentes: El sector de la automoción europeo vive con una preocupación similar la amenaza del líder republicano de imponer aranceles del 25% a la exportación de coches y componentes. Esta barrera comercial, que busca fomentar que el sector automotriz instale plantas en EE.UU., comenzará a aplicarse el 2 de abril y afectará a todos los países del mundo. Sin embargo, las piezas y los coches fabricados en México o Canadá tendrán un gravamen más reducido, como consecuencia del tratado de libre comercio que opera entre los tres países.
- Petróleo y Venezuela: Los países que compran petróleo a Venezuela también sufrirán, si se cumplen los planes del presidente, unos aranceles adicionales del 25%. Sin embargo, aún no está claro desde cuándo se aplicarán estos aranceles al crudo ni qué pasará con los envíos en curso.
Y hasta aquí las medidas que, por ahora, están sobre la mesa, pero es seguro que habrá más. Trump ha expresado en varias ocasiones su intención de imponer determinados gravámenes a algunos sectores, aunque no ha llegado a explicar cómo.
El presidente planea imponer una 'tasa agrícola' del 25% –aunque no se sabe qué alimentos se verán afectados– y otra del mismo porcentaje a la industria farmacéutica y los semiconductores. En el caso del vino y el champán, en cambio, el recargo que ha anunciado –pero en ningún momento ha firmado– es del 200%.
- ¿Aranceles recíprocos? La gran incógnita, sin embargo, es qué ocurrirá con los anunciados «aranceles recíprocos». En un principio, la intención de Trump es imponer un recargo, cuyo porcentaje por el momento se desconoce, a todos aquellos países que tengan un superávit comercial con Estados Unidos. Es decir, que vendan a EE.UU. más productos de los que compran. Ahora bien, todavía no está claro cómo se concretará esta recarga.
Medios estadounidenses explican que la Administración estadounidense trabaja a contrarreloj para determinar los detalles de esta nueva agenda arancelaria. El debate, según señala 'Wall Street Journal', es si las tarifas deben ser individualizadas, como ha prometido el presidente en las últimas semanas, o si regresa a su promesa de campaña de imponer un recargo general.
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