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noelia A. erausquin
Lunes, 5 de julio 2021, 21:59
Se sabe la meta, pero aún no el camino. Arcelor presentará la próxima semana un plan integral para emprender el proceso de descarbonización en ... sus factorías asturianas, un proyecto para cuyo anuncio acudirán a Asturias el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Industria, Reyes Maroto, y para el que se contará con financiación pública. Sin embargo, más allá de adaptar las instalaciones de la región con una inversión millonaria, la multinacional se encontrará con el problema de rentabilizar esa transformación. La empresa calcula que el acero 'verde' sea entre un 30% y un 80% más caro que el producido con el método tradicional. La horquilla es amplia porque todo dependerá de la ambición en esa descarbonización. Pero, de una forma u otra, el precio supondrá un problema de competitividad.
Sin embargo, el coste disparado de los derechos de emisión –cada tonelada de CO2 ronda los 56 euros– también hace inviable seguir con el proceso actual. Además, la esperanza es que los transformadores cada vez demanden más acero con certificación verde que les permita acreditar una reducción de su huella de carbono, para lo que el grupo ha lanzado XCarb, que asegura un método de producción ecológico.También espera Arcelor que las administraciones impulsen compras públicas que tengan en cuenta los esfuerzos de las empresas en relación al medio ambiente.
No obstante, la multinacional es consciente de que el proceso que emprende no es fácil. De ahí que su presidente, Aditya Mittal, insista en que, aunque ha llegado la hora de abordar este reto, «no sucederá sin las políticas correctas». Su presencia en Asturias la próxima semana no está confirmada, pero se trabaja en que pueda acudir a la región para la presentación del plan industrial.
De momento, Arcelor tiene trazadas dos rutas para lograr ser neutra en carbono en 2050. Previamente, en 2030, se ha fijado el objetivo de reducir ya un 30% sus emisiones, aunque todo apunta a que ese porcentaje se incrementará, al igual que la Unión Europea ha elevado su meta hasta el 55%. La compañía está pendiente de actualizar su Informe de Acción por el Clima. Precisamente, es en este documento en el que la multinacional hace números sobre el encarecimiento que supondrá para el proceso productivo eliminar las emisiones.
Se da la circunstancia de que ambas rutas deberían utilizarse en Asturias si se quieren eliminar o, al menos, reducir drásticamente sus emisiones en el corto plazo, ya que ninguna de las dos puede, en este momento, lograr esa neutralidad climática que se busca.
Los dos caminos fijados con un mismo objetivo son 'SmartCarbon' –Carbono Inteligente, en castellano– y DRI, por las siglas en inglés de 'direct iron reduction' (reducción directa de mineral de hierro). Ambas transformaciones se beneficiarán de un cambio hacia el hidrógeno a largo plazo. La compañía sigue dos rutas, precisamente, debido a las incertidumbres que aún rodean a estas tecnologías, pero también a las derivadas de las variaciones políticas, conscientes también sus directivos de que, en el medio plazo, tendrá más resultados la primera que la segunda, aún menos madura.
'Smart Carbon' aprovecha todas las energías limpias en el entorno de reducción controlada a alta temperatura de producción de arrabio. El gas empleado puede ser procedente del carbono circular o del hidrógeno y ahí está la clave de los costes. En el primer caso aumentarían un 30%, pero si se habla de hidrógeno verde subirían un 60%. Por ello, inicialmente, Arcelor se centrará en aprovechar las fuentes del carbono circular de residuos y capturar y almacenar el CO2 de los combustibles fósiles restantes. Durante esta fase, el gas natural se utilizará como una energía menos contaminante que el carbón, aunque el objetivo es realizar la transición al hidrógeno, cuando este esté más desarrollado y bajen sus costes. Además, 'Smart Carbon' prevé utilizar envases de plástico al final de su vida útil, textiles y desechos para crear bioenergía y propiciar un ciclo neutral utilizando las emisiones del proceso para producir nuevos materiales 'de carbono reciclado'.
La otra ruta aún es más compleja y larga y encarece los costes entre un 50% si usa hidrógeno azul y carbono circular combinado con almacenamiento de CO2 y un 80% con hidrógeno verde. Denominada DRI, necesita que la tecnología madure para su aplicación e implica prescindir de los hornos altos –bastaría con eléctricos– y pasar de usar gas natural a hidrógeno como reductor clave. La idea es tener las primeras demostraciones a mediados de esta década, pero no se espera una producción significativa hasta la siguiente. El plan inicial es comenzar con hidrógeno azul –procedente del gas natural y captura y almacenamiento de CO2– y, a largo plazo, usar el verde, conseguido del agua mediante electrólisis, utilizando energía limpia y calor.
Si nada se tuerce, la alemana Saarstahl se hará con la planta francesa de Hayange, que produce carril que compite con el que sale de la factoría de Arcelor de Gijón. La instalación gala había sido puesta a la venta por Liberty Steel, grupo acuciado por la falta de liquidez. A última hora quedaban dos candidatos, Saarstahl y la propia Arcelor, pero el magnate angloindio Sanjeev Gupta, dueño de Liberty, ha elegido la opción germana. La noticia ha sido acogida con satisfacción por la plantilla, porque Arcelor ya cuenta con cuatro trenes de laminación de carril en Europa, entre ellos el gijonés, y se temía que la compra derivara en recortes.
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