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Éxtasis cearista en El Entrego. A la segunda fue la vencida y el equipo dirigido por Pablo Busto se resarció de la derrota sufrida siete días antes en La Cruz para culminar su extraordinaria temporada. Un curso de ensueño que cerró a lo grande en el Nuevo Nalón con el triunfo más importante (0-2) en sus más de siete décadas de vida.
Con el Llanera como acompañante, el cuadro 'teyero' logró una de las plazas para disputar la próxima temporada la Segunda RFEF y recibió el premio a su impresionante trayectoria, asentado en las alturas desde el amanecer del campeonato. La pizarra de Pablo Busto, el entrenador que catapultó al Racing de La Guía y ha hecho historia en su estreno en el banquillo de La Cruz, desencalló el choque pronto. Antes de que se consumiese el primer cuarto de hora de juego, un córner botado por Medori al segundo palo lo cabeceó a la red Aitor Cañedo.
Para el Ceares supone un premio a su impresionante trayectoria, asentado en las alturas desde el amanecer del campeonato. La pizarra de Pablo Busto, el entrenador que catapultó al Racing de La Guía y ha hecho historia en su estreno en el banquillo de La Cruz, desencalló el choque pronto. Antes de que se consumiese el primer cuarto de hora de juego, un córner botado por Medori al segundo palo lo cabeceó a la red Aitor Cañedo.
El central, de regreso a La Cruz el pasado verano tras un paréntesis en el fútbol gallego, permitía a su equipo acariciar la gloria. Otro de los supervivientes del 'play off' de ascenso en 2014, Kike, hizo suspirar de alivio a la afición gijonesa desplazada con una mano salvadora para después de que se revolviese bien en el corazón del área Javi Gutiérrez, antiguo ariete 'teyero'. El partido, un choque repleto de caminos cruzados con varios futbolistas con pasado en ambos equipos, fue un combate de altura bajo una tromba de agua, que le añadió épica a una cita cerrada con explosión de júbilo cearista.
Ruidosa como de costumbre para tratar de llevar en volandas a su equipo, la afición 'teyera' trató de hacerse notar en minoría, entonando sus cánticos intercalados con los de la hinchada de L'Entregu. Las 120 entradas remitidas a Gijón se agotaron. Nadie se lo quería perder. Juan Carlos tuvo primero en su cabeza la sentencia, pero cruzó demasiado el testarazo. Se resarció minutos después, con el encuentro ya adentrado en su último tercio al enviar con suavidad el balón al fondo de la portería local. Con su gol llegó el delirio. También los abrazos con el grupo de aficionados visitantes que animaban desde la portería y no pudieron contenerse para agradecer a su capitán la diana que completaba la hazaña.
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