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RAMÓN AVELLO
OVIEDO.
Viernes, 11 de diciembre 2020, 04:31
La Ópera de Oviedo está demostrando que tiene cintura para adaptarse a la adversidad y resolver los problemas. Así se explica que, 24 horas ... después de que el Principado de Asturias haya suavizado la norma por la que se cerraron los teatros el 3 de noviembre, el Campoamor levantase el telón con 'Fidelio', la ópera de Beethoven con la que la Fundación Ópera de Oviedo conmemora el 250 Aniversario del nacimiento del gran compositor. Es la primera vez que se representa esta ópera en la temporada ovetense, aunque hace treinta y ocho años una compañía eslovaca la interpretó en el Campoamor, dentro de los Festivales de Música de la Universidad.
Antes de empezar la representación, Celestino Varela, en nombre de la Fundación, tuvo un recuerdo para las víctimas que se ha cobrado la covid y lanzó un mensaje de optimismo, defendiendo que «la cultura es segura». Agradeció además al Gobierno del Principado y al Ayuntamiento de Oviedo, así como a socios, mecenas y público, que compartiesen «en estos momentos difíciles» un nuevo estreno.
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'Fidelio' es una ópera que, como diría Eugenio d'Ors, eleva la anécdota a categoría. Beethoven hace que una obra a caballo entre el 'singpield' alemán y la 'ópera de rescate' francesa se transforme en un alegato apasionado sobre el amor conyugal, la libertad y la fraternidad.
La producción que ayer se representó en Oviedo no es la que se había programado en principio para la 73 temporada. La necesaria 'cohabitación' de Beethoven con Puccini en el escenario del Campoamor hizo que la propuesta escénica inicial de José Carlos Plaza se cambie por esta nueva producción de la Ópera de Oviedo, con Joan Antón Rechi como director de escena, quien intentó hacer de la necesidad virtud, trasladando la ópera de una cárcel sevillana del siglo XVII a una especie de hangar-prisión que podemos situar en los años 60 del siglo pasado, tras el telón de acero. En realidad, fue una puesta en escena que ha dependido de las circunstancias, pero se logró que no se actuase en un descampado. Unas estructuras metálicas parecían dar forma a las personalidades de los personajes y se observa según avanza la trama un paso progresivo de una tétrica oscuridad hacia la luz.
A 'Fidelio' se la ha calificado de 'ópera sinfónica' por la importancia de la orquesta en el desarrollo del drama. No solamente en la obertura, página sinfónica por antonomasia, sino en arias, concertantes y corales, la orquesta es parte esencial y complemento necesario. Marc Piollet, al frente de Oviedo Filarmonía, con las limitaciones del foso, realiza una labor bastante discreta. Le salió muy bien la obertura, subrayando los contrastes en bloque de vientos frente a cuerdas, pero fue la suya una dirección un poco confusa a base de brochazos que no acabaron por lograr un empaste de los instrumentos. Beethoven concibe las partes corales de Fidelio como un símbolo de la humanidad que lucha por liberarse de sus cadenas y aspira a un nuevo mundo fraternal y libre. Esta cualidad otorga al coro un papel relevante, tanto en aspectos concertantes como en los grandes números en el que el coro se erige en protagonista absoluto. El Coro de la Ópera de Oviedo no alcanzó el relieve en el famoso coro de los prisioneros al final del primer actoen el que los presos salen a la luz sin poder contener sus ansias de libertad, en una de las grandes páginas corales de Beethoven. Estuvo correctamente afinado, pero un poco plano en matices. Mejor en el coral triunfante final, un claro anticipo de la novena sinfonía.
'Fidelio' es la cuarta ópera que Stuart Skelton protagoniza en Oviedo. Le hemos visto y oído en 'Peter Grimes', de Britten; le hemos visto, pero aquejado de una tremenda faringitis, no oído, en 'Sansón y Dalila'; y canto como los héroes el papel de Sigmund, de 'La Valkiria'. Ayer, el tenor australiano volvió por sus mejores fueros con una sólida interpretación de Florestán. La primera nota que da al principio del segundo acto, un sol sobreagudo, llenó de sonoridad todo el teatro. Cantó con expresividad, con sentido heróico, con una gran solvencia en la tesitura vocal y potencia de emisión. Sin duda, un gran Florestán.
La cantante alemana Christiane Libor, es una Leonora/Fidelio de escuela wagneriana. Su voz de soprano dramática estuvo, especialmente en el primer acto, correcta, pero no emocionalmente convincente. No parecía especialmente cómoda como Fidelio.
El barítono Martín Winkler, paradigma del malvado con su papel de Pizarro, hace una interpretación teatralmente impecable -recuerda al jefe de la Stasi alemana- y vocalmente, encomiable. Con fuerza, potencia y cierta sonoridad expresiva muy apropiada al papel.
La soprano Vanessa Goikoetxea interpreta el rol de Marcellina, la hija del carcelero y enamorada de Fidelio, con naturalidad. Su voz tiene la densidad de una soprano lírica y, con habilidad, se adaptó a la soprano ligera que requiere el papel, con buena emisión y mejor presencia escénica.
Andrea Mastroni, en el papel de Rocco, Moisés Marín como Jacquino y el bajo Francisco Crespo, en el rol de Don Fernando, el ministro salvador estuvieron correctos.
'Fidelio' es una ópera difícil y haberla presentado en Oviedo en estas circunstancias constituye de por sí todo un éxito. El público aplaudió sobre todo a Skelton y a Winkler.
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