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PABLO A. MARÍN ESTRADA
NAVIA.
Martes, 23 de octubre 2018, 00:19
Elisa Delibes preside desde su creación en 2011 la Fundación Miguel Delibes, una institución desde la que trabaja por mantener el legado intelectual de su padre y su difusión, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Ayer estuvo en el IES Galileo Galilei de Navia de la mano del Foro Comunicación y Escuela cumpliendo ese cometido para que la obra de un escritor clave de la literatura española de nuestro tiempo «siga ahí, un poquito más» -son sus palabras- iluminando a los nuevos lectores.
-Es una institución modesta y austera, como lo era mi padre. Nuestros objetivos son preservar el legado de Miguel Delibes y difundir los valores en los que él creyó: el humanismo, la justicia social, la conservación de la naturaleza. Nos gustaría que las futuras generaciones, si conocen su figura, la relacionen con esos valores que defendió.
-Sí. He sido profesora de instituto y sé que cuando a un escritor se le estudia es que es un clásico. Delibes ya estaba. Lo hemos leído los de mi generación y los de generaciones posteriores. Queremos que siga ahí un poquito más.
-Se dice que de su figura va a quedar sobre todo esa defensa del medio rural, que fue el último que lo conoció y dejó escrito ese mundo. En mi opinión, pienso que no es lo único importante de sus libros, pero ahí está: en sus palabras, sus personajes.
-Claro, está tomado directamente de los pueblos de Castilla. Él en el campo se encontraba realmente a gusto, en su medio. Creo que nunca se perdonó no haber sido un niño de pueblo. Él era urbano, como lo fueron sus padres y abuelos. Tal vez por eso le atraía ese medio y escribir de ello.
-Amaba la naturaleza. Y gracias a ella, él, que era un hombre depresivo, salió adelante. Solo tenía que irse al campo, respirar el aire, hablar con los campesinos, tirar la caña y volver a casa transformado. La naturaleza le daba la paz interior y las fuerzas para seguir escribiendo.
-Pudo irse allí y no lo hizo. Viajó mucho, pero donde se sentía cómodo era en casa. Quedarse en Valladolid, no haber salido tanto en la tele o no haber sido 'amigo de' y 'enemigo de', se volvió a su favor. ¿Que podía haber sido más leído e incluso recibir el Nobel? Hay quien lo dice. Mi opinión es que salió ganando.
-Sí, pero él mismo consideraba que ya sus expectativas estaban colmadas. Si le anunciaban un premio les respondía: «Se lo agradezco muchísimo, pero no voy a ir. Lo siento». Le daba completamente igual.
-Nunca lo hice. No quería que pudiesen acusarme de prevaricación o cohecho por mandar a mis alumnos leer su obra. Además, había muchos más escritores que explicar y lo cierto es que nunca llegábamos al siglo XX. Me habría costado, porque es difícil sintetizar en cuatro palabras una obra que conocí viviendo 58 años con él. Sería insincera si pretendiese decir algo que no sé si iba a venirle bien a su figura.
-No lo sé, pero lo que está claro es que, si alguien quiere estudiar la España de esos años, todo está en la obra de mi padre. Ahí hay algo de ella que sin duda va a perdurar a lo largo del tiempo.
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