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Estaba abarrotado el Paraninfo de la Universidad de Oviedo, tanto que el propio Luis García Montero animó al público a ocupar todo el espacio de ... la sala: las sillas del escenario, las escaleras o incluso el pasillo. Era una conferencia presidida por Ignacio Villaverde, rector de la Universidad, y presentada por Araceli Iravedra, directora de la Cátedra Ángel González, que servía para dar comienzo a los actos que conmemoran el centenario del poeta ovetense en Asturias. «Será una lección de poesía y no una lectura», comenzaba Iravedra mientras presentaba a García Montero, pues «no es fácil encontrar a un poeta con más 'Ángel' que Luis».
El escritor comenzó trazando los vínculos de su historia con Ángel González remontándose a 1985, fecha en que se conocieron mientras organizaban una exposición que pretendía reivindicar, ya entonces, la poesía de contenido cívico. A partir de ahí, una misma visión de la poética y el compromiso hacia la misma les mantuvo siempre conectados, dedicándose mutuamente textos y poemas y compartiendo vivencias como la visita a la tumba de Antonio Machado en Collioure, un lugar sobre el que ambos escribirían dos poemas que ayer pudo escuchar el público ovetense. El de González, según el director del Instituto Cervantes, «condensa la experiencia de lo que significó la guerra civil en Asturias y un mundo donde uno, a veces, se pregunta si es mejor morir o seguir vivo».
Para García Montero la poesía de Ángel González es una representación de lo que puede aportar la literatura al mundo en que vivimos y, por ello, quiso compartir una de las herencias que conserva del poeta: «Por muy mal que vayan las cosas, hay que saber distinguir entre futuro y porvenir». Es ese vitalismo una de las claves de la producción literaria del ovetense, que a pesar de las dificultades mantuvo intacta la capacidad de soñar con un futuro mejor. «Una de sus características es que apuesta por la lucidez de quien comprende la dificultad en la que habita», continuaba explicando.
Quiso destacar también la ironía de su lenguaje citando, por ejemplo, el famoso poema que comienza diciendo 'Ayer fue miércoles casi toda la mañana'. Un tipo de poesía que es a todas luces «capaz de reírse de ella misma para seguir manteniendo la vitalidad». Y continuaba: «Este paciente vitalismo es otra de sus características: las cosas pueden estar mal, pero no significa que pueda renunciar a mis convicciones».
Terminó la velada recitando 'Recuerdo y homenaje en un aniversario', un poema tardío de González, para concluir afirmando que «mientras haya tardes que nos permiten recordar a Antonio Machado y Ángel González, yo estoy dispuesto a seguir viviendo».
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