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M. F. ANTUÑA
Martes, 29 de julio 2014, 00:15
Tal día como hoy un siglo atrás decía adiós a la vida el que está considerado como el primer folclorista asturiano. Braulio Vigón, nacido en Mieres a mediados el siglo XIX, en 1849, falleció en Colunga, la villa donde se asentó e hizo su vida como comerciante, un 29 de julio de 1914.
Miembro destacado de la generación de la Quintana, Braulio Vigón fue siempre un amante de la cultura de su tierra, a la que quiso acercarse desde el rigor científico. Ese interés le llevó a seguir el método diseñado por el antropólogo y folclorista Antonio Machado Álvarez para el estudio del denominado «saber popular» o «folk-lore» y por esa razón mantuvo frecuentes contactos con otros focloristas europeos de su tiempo, como el francés Paul Sebillot, el siciliano Giuseppe Pitré y el portugués José Leite de Vasconcellos.
Fruto de ese empeño, publicó tres trabajos imprescindibles en el estudio de la cultura asturiana. El primero vio la luz 1889 nada menos que en la revista siciliana 'Archivio per lo estudio delle tradicizioni popolari' y llevaba por título 'Contribución al Folk-Lore de Asturias. Folk-Lore del mar'. Luego llegarían 'Juegos y rimas infantiles recogidos en los concejos de Villaviciosa, Colunga y Caravia', publicado en 1895, y al año siguiente, 'Romances y cantares populares asturianos'. Todos ellos se reeditaron en 1980 de forma conjunta por la Biblioteca Popular Asturiana.
Hubo otra obra que él solo vio publicada en vida por entregas. El periódico 'La opinión de Villaviciosa' fue el encargado de poner negro sobre sepia allá por 1896 un vocabulario de palabras asturianas que fue durante años el más extenso con el que contó la llingua. El propio Braulio Vigón se afanó antes de su muerte en recopilar aquel trabajo que tanto llamó la atención entre quienes se encargaban en el España del estudio de cuestiones filológicas. Quería correguirlo y ampliarlo y en ello estaba cuando hace hoy cien años le llegó la muerte. Su deseo de verlo publicado en su conjunto se hizo realidad muchos años después, cuando su nieta Ana María Vigón reunió en 1955 aquellas entregas y los apuntes anotados por su abuelo en un solo volumen que fue editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas bajo el título 'Vocabulario dialectológico del concejo de Colunga'.
Su rigor y mimo en la recopilación de un material tan sensible como el de la tradición le hizo célebre entre los estudiosos de entonces y los que llegarían después. En aquel XIX que daba afrontaba su tramo final, sus amigos del grupo de la Quintana, que en 1881 reunió a los estudiosos más ilustres de la historia, la literatura, la lengua, el arte, la arqueología y el folclore de Asturias, ya le dedicaban elogios. Fermín Canella, Bernardo Acevedo Huelves, Máximo Fuertes Acevedo y Julio Somoza eran algunos de sus destacados miembros. Y fue el último, el historiador gijonés, quien le definió de la siguiente manera: «Ardiente y fervoroso jovellanista, e incansable propagador de la enseñanza».
Y ciertamente era incansable porque tuvo tiempo para tocar muy diferentes palos. También era un apasionado de la historia antigua y llegó a ser miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Asturias. De hecho, donó al Museo Arqueológico un buen número de objetos como monedas, lápidas o hachas pulimentadas.
Su compromiso con el progreso y con la tierra le hizo ocupar diferentes cargos públicos en el Ayuntamiento de Colunga y, de hecho, fue Vigón quien promovió la construcción de numerosas escuelas en pueblos del concejo como Carrandi, La Riera, Llué, Llibardón, Pernús y Lluces. Tal y como recuerdan desde el Museo del Pueblo de Asturias, que le rinde tributo exponiendo desde el viernes pasado una muestra de sus publicaciones, algunos de esos colegios fueron sufragados por emigrantes que hicieron fortuna en América. Entre sus méritos está también de haber fundado, precisamente con dineros llegados desde Buenos Aires, la Escuela de Comercio de Colunga.
Es precisamente en la villa en la que vivió donde Braulio Vigón da nombre hoy a un colegio y donde se le recuerda con un hombre honrado y generoso que quiso poner en su lugar el folclore asturiano. Pero su legado va mucho más allá del concejo oriental que alberga sus restos y donde hoy, por la tarde, se realizará una visita a su tumba en el cementerio, puesto que ha calado hondo en la historia del folclorismo asturiano. Él fue el pionero y como tal se le reconoce en el centenario de su muerte.
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