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Nicanor Piñole pintando 'La modelos' en noviembre de 1963. CONSTANTINO SUÁREZ / FOTOTECA DEL MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS
Piñole, 145 años del nacimiento del pintor de Asturias

Piñole, 145 años del nacimiento del pintor de Asturias

Legado. ·

La obra del gran creador gijonés sigue desvelándonos la mágica visión del paisaje y los retratos con los que renovó el arte en nuestra tierra

Martes, 10 de enero 2023, 21:34

Un seis de enero de 1878 nacía en Gijón Nicanor Piñole, uno de los artistas claves del arte asturiano del siglo XX. Versátil y prolífico, su obra, junto a la de Evaristo Valle, renovaría la pintura regional introduciendo en ella las corrientes europeas de la modernidad desde el impresionismo y forjando un estilo personal en el que nada de la realidad que lo rodeaba le era ajeno: el entorno familiar y social, los paisajes campesinos o urbanos, la vida cotidiana y especialmente la figura humana, en la que destacó como un magistral retratista.

El legado ingente que dejó sigue asombrándonos en las colecciones que atesoran museos como el Bellas Artes de Asturias, la Casa Natal de Jovellanos o el que lleva su nombre en la ciudad natal donde residiría la mayor parte de su longeva vida.

Con su pincel trazó los perfiles y colores de una Asturias que hoy seguimos viendo a través de su mirada singular.

Nacido en el seno de una familia acomodada, su padre, Nicanor Piñole Ovies, era capitán de la marina mercante y perecería a los pocos meses del alumbramiento del pintor en el naufragio del vapor 'Asturias' frente a las costas de Tarragona. Su madre, Brígida Rodríguez Puente, tras enviudar, se mudaría con el pequeño Nicanor a la residencia de su hermana Manuela, casada con Manuel Prendes. Ese fue el hogar en el que se crió aquel niño despierto y hábil en el dibujo que, tiempo después, ya formado como artista, convertiría ese clan familiar en modelo inspirador de sus lienzos.

Cursó las primeras letras en el colegio Santo Ángel y luego en el Instituto Jovellanos. Su vocación no parecía inclinarse por los estudios y en 1891 comenzaría a recibir las clases de dibujo y pintura que impartían en Gijón Ulpiano Alonso y Nemesio Martínez. Un año más tarde, se trasladaría a Madrid para formarse en la Escuela Superior de Bellas Artes, donde tuvo como profesores, entre otros, a Teófilo Puebla, Luis Madrazo o Antonio Muñoz Degrain.

El paso por la academia de San Fernando dotaría a Piñole de las herramientas necesarias para desarrollar su talento pictórico y sus creaciones pronto irían cosechando diversos reconocimientos. Otro punto de inflexión en sus años de formación lo marcaría su estancia en Roma -tras visitar París- entre 1900 y 1902, representada en algunos de los cuadros que pintó allí.

En su regreso a España viviría durante un tiempo alternando periodos entre Gijón y Madrid, ciudad en la que estrecharía lazos de amistad y complicidad artística con José Ramón Zaragoza, su paisano Ventura Álvarez Sala o Ricardo Baroja. De nuevo en su ciudad natal, la familia Prendes y el paisaje de Carreño, donde estos tenían su residencia de verano en la Quinta de Chor, así como las estampas cotidianas del Gijón marinero, serían parte esencial de su inspiración.

Más de 300 autorretratos

Las décadas de los 20 y 30 serían especialmente fructíferas en la obra creativa de Nicanor Piñole. En la villa natal conoce al pintor y escritor José Moreno Villa, además de al poeta Gerardo Diego. Y desde ella viaja por Inglaterra, Francia e Italia. En su pintura aparecen reflejados los conflictos sociales y políticos que marcaron esos años en cuadros como 'La pesadilla del burgués', los pintados sobre la revolución del 34 o durante la guerra civil: 'El refugio', 'La retirada' o los encargos que le hizo el Consejo Soberano de Asturias y León: 'El grumete' o 'Vaca mugiendo entre ruinas'.

Tras la guerra civil, Nicanor Piñole, en el esplendor de su madurez, desarrollará una laboriosa etapa de creación que se extenderá hasta el final de sus días y en la que se nutre principalmente de la visión del paisaje asturiano, fruto de sus innumerables excursiones por la región, para ir recogiéndose, a medida que se adentraba en la vejez, en su propio entorno doméstico o en su propia imagen. Más de trescientos autorretratos, realizados en diferentes momentos de su vida, forman uno de sus conjuntos más singulares como artista.

El genial retratista y paisajista fallecería el 18 de enero de 1978 en su piso de la plaza de Europa, frente al lugar que ahora alberga el Museo Piñole. Poco antes, en la festividad de Reyes, había cumplido cien años. Su obra sigue desvelándonos el secreto imperecedero de la pintura, un arte del que Nicanor Piñole hizo la razón de ser de sus trabajos y sus días.

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