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La herencia del mar entre costuras

La herencia del mar entre costuras

Artesanía. La nave de rederos de la rula atesora en Avilés la historia de los tres últimos nombres que mantienen viva la profesión en Asturias

Amanda Granda

Domingo, 4 de junio 2023, 00:54

Solo quedan tres rederos en Asturias. Luis Oscar, Juan José Gútiez y Pwurito. Avilesinos los primeros e indonesio el último, son los últimos artesasos capaces de entrelazar con sus propias manos las ásperas cuerdas entre la humedad y el salitre.

Desde su nave, conocida ya por todos como la 'nave de rederos', atravesada de extremo a extremo por una buena cantidad de metros de red, al fondo de la rula, explicaban estos tres artesanos que «es difícil que vaya a haber más por varias razones».

Luis Oscar, que lleva el Cantábrico en los ojos desde que supo que su padre era marinero, recuerda que apenas cumplía trece años cuando lo acompañó por primera vez al muelle para descargar la mercancía que traía en un barco de bajura. «Con quince empecé a embarcar por la zona con dos amigos» y, antes de la mayoría de edad, «pude embarcar definitivamente como redero de arrastre», que fue el saber al que dieron fruto todos esos años de empeño que habían empezado siendo solo curiosidad.

«Entonces, el puerto de Avilés contaba con veinticinco embarcaciones dedicadas exclusivamente a este tipo de captura», recuerda Luis «y había por lo menos un redero trabajando para cada uno de los barcos», con lo que hace algo más de treinta años armadores y dueños entraban en la lonja con la máxima cantidad de ejemplares de pixín, gallo, bacalada o abadejo en el bolsillo.

«Ahora las condiciones son distintas», añadía Gútiez, el segundo redero más veterano y tercera generación de una familia que tejió su vida con el trabajo de las redes. «Cada vez es menos rentable la pesca de arrastre», cuenta, «son barcos que consumen mucho combustible y que están muy controlados por la normativa y las inspecciones», lo que deviene de su impacto medioambiental.

Aunque no tienen un horario fijo, los rederos son los encargados de esperar a las ocho de la mañana en la nave para «coser el rotero» e hilvanar las mallas con el arte que exponen las grietas de sus manos.

«Esta que estamos reparando ahora está hecha con cruces de hilos de plástico», que son los más gruesos, explica Oscar, «pero también podemos trabajarlas en nailon o en lo que llamamos algodón», en función de si aquello que requiere la captura es una optimización de la velocidad, de los metros cúbicos de filtraje o incluso de la cantidad de ellos que se procesan en la jornada para hacerse con la mercancía.

Algo que «antes no funcionaba así», sino a golpe de hacer, deshacer y repetir, pero que se ha ido adaptando a nuevas circunstancias en el tiempo.

«Tampoco hay relevo generacional», confiesan, «porque estos trabajos no están bien pagados y antes por aprender nos daban algo, cosa que ahora no ocurre».

Con ellos trabaja Pwurito, que llegó de Indonesia hace casi veinte años. «Yo era carpintero en la montaña y también fui albañil, pero llegué a España en busca de trabajo y desde entonces, aunque estoy lejos de mis hijos, el mar es buen sitio para mí». Mientras trabajan, recuerdan además un cuarto nombre en la faena, el de Cecilia Fernández, de las pocas mujeres que quedan.

Rederas en extinción

«Yo solo trabajo ocasionalmente», cuenta ella, «me dedico a las redes de la pesca de cerco, que es la que trae el chicharro, la parrocha...», más común en el trabajo que defiendes las mujeres con sus redes, de trabajo más minucioso. El problema, traslada la redera, «es que solo quedan dos barcos de ese tipo en Avilés y no pueden asegurar el trabajo». Por eso, lamentablemente, son ya muy pocas las rederas de la mar.

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