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Una clientela fiel, a pesar de la expansión imparable de internet

La formación es el pilar sobre el que se sustentan los telecentros, que abren sus instalaciones al resto del público cuando no hay cursillos

C. R.

Martes, 7 de febrero 2017, 05:07

Nacieron para recortar la brecha digital y diecisiete años después su razón de ser sigue intacta y con un número de usuarios estable que avala su mantenimiento. Al menos así lo considera la concejalía de Educación, de la que depende este servicio, que asume la financiación de los dos telecentros y sus cuatro trabajadores.

El primer telecentro en España se abrió en 1997 en Gordexola (Vizcaya) y seguía el ejemplo europeo de Vemdalen (Suecia) y Csákberény (Hungría) que pretendían una reactivación económica de la zona. Fue el primero de España y el organizador del el I Congreso de Promotores de Telecentros y Teletrabajo.

Los satisfactorios resultados de aquella experiencia pionera animaron la apertura de otros hasta los 52 que contó la Universidad Carlos III de Madrid en 2001. Aquel fue el año en el que el Principado firmó con el Ayuntamiento de Avilés, entre otros, un convenio para la financiación de este recurso.

La red de telecentros de Asturias fue la primera en constituirse formalmente en el año 2000, según refiere en un estudio Paco Prieto, exdirector de la Sociedad de la Información del CTIC. Inicialmente, fueron veinte centros distribuidos en entornos rurales.

Carlos de la Fuente, exdirector de Tecnología de la Fundación CTIC, entidad coordinadora de la red, rememora en ese trabajo que en su día el principal inconveniente fue convencer a responsables políticos de la utilidad de los telecentros.

Llama la atención, asimismo, sobre su «compleja financiación», articulada conforme a subvenciones, de tal forma que cada ayuntamiento tenía cierta autonomía para la compra del material y el personal. «Hubo que escribir una guía de recomendaciones», recuerda.

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