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Pasaban las diez de la mañana cuando en el Taller de Estructuras que CAF tiene en Beasáin, en medio de un incesante ruido de maquinaria ... y operarios, un grupo de trabajadores comenzó el mecanizado de una chapa. La máquina que dirigían aplicó los cortes y agujeros precisos para que esa pieza, una platabanda superior de bastidor de 'boggie', más adelante pueda ensamblarse en la carrocería de un nuevo tren de ancho métrico. La caja se crea por la parte de los 'boggies', esto es, el conjunto de ruedas. Después se forma toda la estructura y más tarde se abordan los acabados. El proceso se estima que lleve cerca de dos años.
El fabricante vasco produce 300 coches ferroviarios al año aquí, y cerca de 1.000 en el resto de plantas de España, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Brasil y México. Pocos de esos trenes que la centenaria compañía oriunda de este enclave montañoso y fabril, a orillas del río Oria, contaron con la expectación del que empezaba a nacer ayer.
El parto llega tres años y nueve meses después de que Renfe lo encargara. Siguiendo el mecanizado estaban el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano; el presidente del Principado, Adrián Barbón, y la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruoga. El lehendakari Íñigo Urkullu había sido invitado, pero declinó acudir, y el ministro, Óscar Puente, contaba con liderar la comitiva, pero la Ejecutiva socialista convocada para dar un ultimátum a su antecesor, José Luis Ábalos, le retuvo en Madrid.
De esta forma, oficial aunque algo descafeinada, se trató de poner punto y aparte al 'fiasco ferroviario', el escándalo destapado por EL COMERCIO hace ahora un año. Este periódico acreditó que el contrato de 200 millones adjudicado por Renfe para renovar la flota de ancho métrico (la asociada a Feve) llevaba años bloqueado por una discusión sobre el tamaño de las unidades. El pedido se hizo dando unas medidas que producían unidades demasiado grandes para los angostos túneles perforados entre el siglo XIX y la primera mitad del XX. La polvareda que se desató acabó costándole el puesto a la 'número 2' de Transportes, Isabel Pardo de Vera, y al presidente de Renfe, Isaías Táboas. La entonces ministra, Raquel Sánchez, se avino a firmar con los presidentes cántabro y asturiano un compromiso de compensaciones, los 'Acuerdos de la Castellana', que prometen inversiones, gratuidad de las cercanías y la compra de nuevos trenes.
Esa es la historia que ha arrastrado el caso hasta ayer. Con el mecanizado de esa chapa Transportes intenta iniciar una nueva etapa, más optimista, y para la que contó con el aval del Principado, no así del Gobierno cántabro, que mantuvo elevado el tono de las reivindicaciones.
Dijo el secretario de Estado que el contrato con CAF ha sido «perfeccionado», lo que llevó «unos meses más de lo previsto». Había que incluir el «método comparativo» como solución al embrollo de los tamaños y aplicarlo «por primera vez en España». El modificado incluye la ampliación del pedido en siete unidades, haciendo un total de 38, de las que 17 recalarán en Asturias y 21 en Cantabria. El coste total se ha disparado a los 300 millones, 100 más que en la adjudicación, se supone que por la inflación, el nuevo método constructivo y las unidades adicionales. Se supone, porque ayer la intervención de Santano fue sin preguntas.
«Según las previsiones de CAF y Renfe, en el primer semestre de 2026 comenzaremos con el proceso de pruebas de estos trenes en la red», dijo. El plazo apunta a la entrega de las primeras unidades, toda vez que hasta ahora la previsión era que la puesta a disposición se hiciera de forma gradual entre 2026 y 2027.
El proceso de autorización «nos permitirá su puesta en servicio y empezar a retirar los que circulan ahora por la red de Asturias o Cantabria, que como saben ustedes son algunos de ellos piezas casi de museo, con cerca de 50 años de antigüedad». En efecto, las primeras unidades de la serie 2600, aún operativas en León, datan de 1966, con lo que, si resisten hasta su relevo, cumplirán 60 años de servicio. En Asturias los 3600 datan de la misma época, si bien fueron luego dos veces remodelados.
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Repitió Santano que las nuevas unidades tendrán capacidad para «más de 200 pasajeros», wifi, y en todos los asientos enchufe y USB. «Serán los mejores trenes posibles para circular por la infraestructura que tenemos», expresó. Aseguró que el Plan de Cercanías incluye mejoras en la red de ancho métrico por importe de 630 millones, de los que el 84% «ya están movilizados». Ese término, «movilizado» lo usa el ministerio para agrupar lo que está terminado, en obras y en proyecto, pero también en estudio, sin desagregar las cifras, lo que dificulta su evaluación.
Barbón se presentó como «el último superviviente» de los 'Acuerdos de la Castellana' que firmó con la entonces ministra y su «hermano» y hoy expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. El contrato de compensaciones fue el producto de «una durísima negociación; lo decía Miguel Ángel, que creía que nunca había alcanzado una conquista como la que creía que logramos. Malo no sería, cuando al día siguiente salieron otras comunidades a pedir lo mismo».
«Cuando yo llegué en los contratos había una descompensación preocupante, suponía renovar 21 trenes en Cantabria y solo diez en Asturias, hemos conseguido que sean 17 en el contrato en vigor y se han comprometido a renovar otros 18, que tienen que licitar, el ministerio ya está trabajando en los pliegos», detalló. «Una vez se pone en marcha eso me preocupa menos, la gente está harta de oír hablar de trenes que no se plasman en realidades», a diferencia del que ayer empezó a cobrar forma.
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