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G. POMARADA
fíos (parres).
Viernes, 21 de febrero 2020, 00:18
La entrega desinteresada a toda iniciativa que se presentase en su camino y el cariño que depositó en las personas que se cruzaron en él se transformaron ayer en una multitudinaria despedida en la iglesia de la localidad parraguesa de Fíos, pueblo del que Dulce María Prida era natural y donde residió hasta que este mismo martes una larga enfermedad pusiese fin a su vida a los 67 años. La pérdida de la escritora e impulsora cultural deja en la comarca oriental un «vacío irremplazable», coinciden quienes tuvieron la fortuna de conocerla y trabajar a su lado, ya fuese en los Encuentros del Parador cangués que ella misma potenció o cuidando cada detalle de la vida en Fíos. «Su carácter cautivaba, se implicó en todas las actividades culturales, artísticas e históricas», resumió Ángel Lueje. Gran devota de la Santina, Dulce Prida demostró hasta el último momento su «entereza y ganas de vivir, afrontó de manera ejemplar la enfermedad», afirmó Lueje.
Tanto es así que en diciembre, durante una salida del hospital, no dudó en acudir a los conciertos del Parador. Actuaba la Escolanía de Covadonga, otra de sus pasiones. El cariño era además mutuo y ayer un grupo de escolanos, con su director Jorge de la Vega al frente, cantaron su funeral acompañados por la soprano Vanessa del Riego.
«Era la dulzura personificada, una mujer emprendedora, cariñosa y volcada con los críos», ensalzó De la Vega. Durante las exequias, el párroco Cristóbal Samaniego incidió en ese mismo aspecto: «Era una de esas personas que contribuyen con su amor y entrega a crear un mundo nuevo».
Prueba de ello se encuentra en Fíos, recordó su vecino Francisco García, encargado de recordar su legado con unas palabras durante la ceremonia. De ella destacó su «valentía y bondad», así como su implicación en todo lo relacionado con el pueblo, ya fuese montar el belén en Navidad, preparar el templo hasta altas horas de la noche para las fiestas patronales o ser la primera en «empujar» para conseguir la rehabilitación de las escuelas. Por ello, García pidió que, una vez adecuado, el inmueble cuente con un recuerdo a su figura. El espacio que llevará su nombre por el momento es la biblioteca del monasterio de San Pedro de Villanueva, en el actual Parador, una noticia que pudo conocer en vida, destacó Ángel Lueje.
También desde los consistorios de Cangas y Parres guardan grata memoria de su trabajo. «En cualquier actividad del Ayuntamiento era la primera en ofrecer su ayuda desinteresada, personas como ella hay pocas y le estamos muy agradecidos», afirmó el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro (PP). Su homólogo en Parres, Emilio García Longo (PSOE), alabó por su parte su «compromiso, capacidad de trabajo y de transmitir ilusión». «Es una persona que deja huella y vacío, la vamos a echar mucho en falta», agregó.
Para tratar de suplir su ausencia, unos y otros coincidieron en la necesidad de continuar con su legado cultural, siempre con su entrega e ilusión como guía. «Esto no es una despedida, es una acción de gracias», zanjó el párroco antes de que un largo aplauso resonase como muestra de ese agradecimiento en la abarrotada iglesia de Fíos.
A continuación, sus restos mortales recibieron sepultura en el cementerio parroquial del núcleo parragués.
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