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JOSÉ LUIS RUIZ
PALMA DE MALLORCA.
Miércoles, 22 de mayo 2019, 03:17
Con los nervios a flor de piel llegaron al aeropuerto de Asturias. En silencio, alguna risa nerviosa y mirándose unos a otros. «Me da un poco de miedo, pero poco. Estoy intentando publicarlo pero no me va el Instagram», reconocía Paula Martínez, del CEIP La Paloma, de Castropol. Mientras tanto Aitana González se agarraba fuerte a la mano de su profesora, María Meitín. Una vez que se alcanzaba los 10.300 metros de altitud y los 850 kilómetros por hora, el avión recobró su horizontalidad y todos respiraron aliviados. «Ha dicho el comandante que hay menos 50 grados fuera, ¡Qué fuerte!», gritó alguien desde la parte trasera del avión.
Andrea Seivana del colegio Jovellanos de Vegadeo había imaginado otra cosa: «No es tanto como esperaba, creí que iba a hacer más ruido», explicaba nada más despegar. Aitana González, del CRA Ría del Eo, levantaba el puño en señal de triunfo: «Ya estamos en el aire», exclamaba casi aliviada. «A partir de ahora voy a viajar siempre en avión, me encanta», decía poco después mientras se movía por el pasillo del Boeing 717 buscando a sus compañeros como si lo hubiera hecho toda la vida.
Un total de 15 alumnos de la comarca de Los Oscos-Eo de quinto, sexto de Primaria y primero de la ESO volaron ayer a Mallorca gracias al programa 'Conoce un monumento de España volando'. La actividad organizada por el Foro Comunicación y Escuela y busca mostrar a alumnos que nunca han volado cómo es un viaje en avión. Patrocinado por Volotea, los chavales visitaron la catedral de Palma y el casco histórico. Los centros participantes fueron los CRAs Oscos, de Santa Eulalia de Oscos; Occidente, de Taramundi y Ría del Eo de Vegadeo. También los colegios Jovellanos, de Vegadeo; La Paloma, de Castropol y el IES Elisa y Luis Villamil de Vegadeo.
Tras un breve almuerzo, los alumnos visitaron la catedral, móvil en mano para no dejar escapar ningún detalle. «Pon el hashtag 'haciéndolefotosatodo'», exclamaba Paula Martínez. La guía, Eulalia Serra, «mayorquina de toda la vida», les explicó que el 2 de febrero y el 11 de noviembre, al salir el sol, se refleja el rosetón principal en la pared contraria formando un ocho perfecto con su rosetón hermano. «Es algo espectacular».
Pero una de las obras que más llamó la atención fue La capilla del Santísimo, de Miquel Barceló. «¿Qué os parece que es?», preguntó Eulalia. «Es el fondo del mar», afirmó convencido Samuel Reigada, del colegio Jovellanos. Y acertó. «Es la eucaristía, el milagro del pan y los peces y el agua y el vino, pero visto por un ateo reconocido como Barceló, que imagina todo lo religioso como en el fondo del mar, oscuro y tenebroso», relató la guía.
Los estudiantes tuvieron oportunidad de conocer los palacetes «demasiado juntos» del casco histórico y la plaza Mayor, donde algunos se quedaron con las ganas de comer un helado. Ya de vuelta al aeropuerto de Palma no quedaba ni rastro de miedo en sus rostros. «Ha sido muy poco tiempo», coincidió la mayoría. «De mayor quiero ser azafata de vuelo o piloto de avión», sorprendió a todos Aitana. Quedó claro que se le quitó el miedo a volar. «Tenemos que volver el 11 de noviembre o el 2 de febrero a ver el ocho de rosetones, hay que organizarlo», exclamó Joel Alexei Monasterio. Las profesoras María Meitín y Ana Longarela se miraron: «Se aprendió bien la lección, ¡eh!».
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