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María Agra
Navelgas
Domingo, 2 de abril 2023, 04:22
«Da mucha pena ver esta destrucción. ¿Para qué? ¿Qué intereses hay detrás de esto?», se preguntaba ayer Mari Carmen Rodríguez, vecina de la aldea ... de Balsera desde hace 26 años, que todavía no daba crédito a lo sucedido. En esta parroquia de Trevías (Valdés), donde las casas colindan con el monte, la superficie quemada contrasta duramente con el verde de los prados, dejando a su paso un paisaje desolador que nada tiene que ver con «la Asturias tan guapa» que tenían hace tres días. El jueves tuvo que ser evacuada de su casa porque las llamas estaban a punto de alcanzar su vivienda. Sin siquiera poder calzarse, salió por la puerta tal cual estaba. No podía evitar recordar los momentos que había pasado allí junto a su hija, su yerno «y el nietín», con la angustiosa incertidumbre de que allí quedaba todo «a lo que Dios quiera».
Sabía que podía perderlo todo, y así hubiera sido de no ser por su hermano, que se infiltró con los bomberos y Protección Civil para regar su casa y salvar la panera -pegada a los árboles- de las llamas. «Los bomberos trabajaron a morir, pero hay que reconocer que no iban a librar sólo mi casa». Aunque está contenta porque todos los vecinos se salvaron y afortunadamente no se quemó ninguna casa, no puede eludir la pena y reconoce que le gustaría «pillar a los que prenden para meterlos a ellos ahí». Pese a que no lamentan pérdidas materiales, «ahora en Semana Santa viene mucho turista y ya hay muchos que lo han anulado».
Alrededor de las dos y media de la tarde, en plena calle central de Navelgas, el bar Casa Nieto era ayer un hervidero de opiniones y conversaciones cruzadas donde los vecinos ponían sobre la mesa sus hipótesis para intentar explicar esta catástrofe. Rodeado de seis amigos, Javier García explicaba lo mucho que echaron de menos estos días una aclaración de lo que pasaba. «Veíamos a los profesionales parados y echamos en falta una explicación de por qué no se activaban. Que nos digan si están parados por si hay una urgencia en otro lado, o porque si va más gente hay peligro de que el fuego cambie de dirección y mueran todos. Una explicación para que la gente no critique a los trabajadores», comentaba.
Sin embargo, ese silencio tan castigado estaba presente también en muchos vecinos. Ante la pregunta de cuál puede ser el motivo o la intencionalidad detrás de los incendios, el miedo a decir de más y verse de pronto en un problema es algo que muchos no pueden ni quieren permitirse. ¿Qué se esconde tras ese recelo a expresar lo que uno piensa? ¿Acaso saben los vecinos más de lo que les gustaría y por eso nadie quería ser el primero en mojarse? En el medio rural, donde todos se conocen y reman en favor de obra, cargar con el sambenito de lanzar una opinión al aire puede ser determinante.
Quien sí intentó ayudar a entender la situación fue el teniente alcalde de Tineo, Marcos da Rocha. «Hay momentos que, en base a las decisiones que se toman en el puesto de mando, tienes que pasar de situaciones de extinción a situaciones de prevención. Siempre se pueden hacer más cosas, pero todo depende de los medios que tengas disponibles. Ante esta circunstancia, en la que hay 7.000 hectáreas afectadas y un montón de focos y pueblos damnificados, siempre va a haber necesidades», apuntaba, tras despedirse de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que había pasado los dos últimos días en el puesto de mando avanzado ubicado en Navelgas.
Ante la situación de abandono de los montes y la falta de aprovechamiento ordenado del terreno, Da Rocha indicaba que «desde las administraciones tenemos que mirar la forma de contar con todas las partes afectadas y buscar un entendimiento entre todos para la gestión del terreno». La ruta a seguir a partir de ahora pasa por «buscar una solución para que no pasen estas cosas y legislar en ese sentido», aunque tampoco es fácil. Se legisla para una generalidad y siempre hay particularidades que no terminan de convencer a todos. «Tiene que haber una forma de poder tener cobertura de las necesidades de los determinados sectores, como son explotaciones ganaderas, forestales, urbanísticas y la utilización de parques eólicos», sentenciaba el teniente alcalde.
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