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Pilar alonso
Sábado, 18 de julio 2020, 13:14
Por la similitud del clima y la abundancia de pasto verde, la oveja suffolk se encuentra en Asturias como en casa. Tanto es así que el Principado se ha convertido en «el epicentro» en la península de esta raza de carne, originaria Inglaterra. Así lo apunta Nacho Acebal, responsable en buena medida de la introducción de la suffolk en la región, donde cría desde hace ya más de una década ejemplares con pedigrí que vende a otras comunidades y que incluso exporta a otros países como Francia, Bélgica y Portugal.
Lo hace a dos tipos de cliente. El que adquiere ejemplares por afición, para concurso y busca por tanto una genética concreta. Y otro, más profesional, el ganadero que se hace con un determinado número de sementales para rebaños de cruce industrial. Es decir, «rebaños de por ejemplo 1.000 ovejas merinas a las que cruzan con cinco o seis sementales sementales suffolk para que el cruce sea más cárnico», explica Acebal.
Porque, a pesar de que la raza suffolk es una raza de aptitud cárnica, «nadie cría suffolk pensando en vender carne», señala. El motivo está en el peso de los corderos, que nacen con seis o siete kilos, incluso con diez, como el que recientemente alumbró una hembra en su ganadería de Llavandera. «Se ponen en pesos de matar demasiado rápido, en tres semanas, un mes». De ahí llegan a pesar hasta 150, en el caso de los machos sementales y entre 100 y 120 kilos las hembras, cuyo peso oscila más en función de la época del año por la maternidad, explica este criador, el primero en criar ejemplares con pedigrí en Asturias.
Aunque, según el mismo relata, a finales de la década de los 90 «un vecino de Siero ya trajo algún rebaño de suffolk a Asturias», Acebal fue el primero en introducir la raza pura. Algo de lo que ya hace 16 años. Aficionado a las ovejas desde que con 9 años su padre le regaló la primera, este criador descubrió la suffolk a través de fotografías. A partir de ahí comenzó a indagar, y «como en aquella época en España no existía ganado seleccionado, con el que no se podía pensar en comenzar a criar suffolk en serio», decidió viajar a Bélgica. De allí se trajo cuatro hembras y un semental que dieron origen a su actual cabaña. Formada ahora por 20 madres, tras una gran venta hace unos años, la idea es alcanzar de nuevo las 35, avanza Acebal este criador, que también es juez internacional.
El único en España, apunta. Una labor que le ha llevado a participar en concursos en la cuna de la suffolk y también en Escocia, Bélgica o México. Los certámenes son sin duda el mejor escaparate para esta raza. También en Asturias, donde hay mucha afición a los concursos, señala. En ellos, llama especialmente la atención el tono amarillento o anaranjado de la lana de estas ovejas, que al natural tienen el cuerpo blanco y la cabeza y patas negras. Es algo que solo se emplea en los concursos y cuyo origen no está muy claro. «Hay quien dice que es porque hace años usaban un desifectante para las concentraciones de animales que llevaba yodo, entonces quedaban un poco amarillos». Con el tiempo, el ojo se fue acostumbrando a esa tonalidad y ahora se pintan por estética, relata. No en vano, de lo que se trata en los concursos es de que luzcan lo mejor posible. Aunque es imprescindible que cumplan una serie de requisitos. Así, el estándar de esta raza contempla que los ejemplares tengan buenos aplomos, que estén bien estructurados y que pisen bien. Las suffolk también deben tener la columna plana, la cabeza alta y buena mordida. Las orejas largas, que lleguen a la comisura de los labios, los ojos lo más azabache posible y una buena condición cárnica completan el estándar de una oveja que tiene en Asturias su segunda casa.
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