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Son la futura élite matemática del país. Mentes excepcionales capaces de ver en los planteamientos de los problemas cosas que cualquier otro no podría. Son 77 jóvenes españoles, que se han dado cita en Gijón estos días en el marco de la LXI Olimpiada Matemática Española, que se desarrolla por primer vez en Asturias. Entre esos 77 hay solo nueve chicas.
La mayoría son estudiantes de Bachillerato, aunque el benjamín de la competición cursa tercero de la ESO (y es el tercer año que participa; su primera vez, con solo 12 años, ya se llevó una medalla de bronce), nadie sabe dónde podrá llegar. Él y sus compañeros han superado las fases autonómicas de la Olimpiada, es decir, ya han sido seleccionados entre los mejores. Tengan la edad que tengan, todos de enfrentan a los mismos problemas, así que los más jóvenes deben llegar a las fases autonómicas avalados por un profesor. «Queremos que se animen, no que se frustren».
¿Qué hacen en Gijón estos tres días? Para empezar, resolver seis complejos problemas matemáticos. Esta mañana han tenido tres horas y media para los tres primeros y mañana realizarán la segunda parte. Concentración máxima desde las 9.30 de la mañana en la Universidad Laboral. Reglas y compases sobre la mesa, junto con tres carpetas: una azul, una verde y otra naranja. Uno por problema. Los móviles están apagados y guardados en bolsas de plástico transparente. Al final del aula, bebidas, refrescos, chocolatinas, fruta... El desgaste, dicen, es tremendo.
También conocerse y convivir. Hablar con 'iguales', aunque digan los profesores que va desapareciendo aquella vieja imagen del «pitagorín de la clase». Eso sí: cuando vuelven a sus aulas, con sus premios, «tampoco es que haya aplausos como si fueran Yamal».
Lo cuenta María Gaspar, una referencia matemática en España, y presidenta de la Comisión de Olimpiadas de la Real Sociedad Matemática Española, que organiza esta cita desde 1964. No puede ocultar su felicidad. Por haber logrado que la cita sea en Gijón, por la «ilusión» que traen los chicos, por la presencia femenina que, aunque escasa, es algo mayor que el año pasado. Y eso que «cuando yo estudié Matemáticas éramos prácticamente mitad y mitad».
Nuevamente, sobre la mesa, la brecha que las Ciencias suponen para las chicas, a quienes «les gustan y se les da bien», pero luego ni participan en eventos como estos ni escogen estudios universitarios relacionados.
La cita ha sido organizada por miembros de los departamentos de Estadística e Investigación Operativa y Didáctica de la Matemática, Informática y Matemáticas de la Universidad de Oviedo, bajo la coordinación del profesor Enrique Miranda, que a primera hora supervisaba que todo saliera bien. Sabe de la importancia de ser olímpico. Él mismo lo fue, en 1995, en Castellón y admite que aquella cita fue uno de los motivos que le animó a estudiar Matemáticas.
Por eso y por muchas otras cosas Miranda celebra que, por fin, la Olimpiada haya llegado a Asturias tras haber pasado ya por todas las comunidades autónomas. Agradece el apoyo del Ayuntamiento de Gijón para lograr que estos jóvenes puedan, hacer de demostrar su habilidad matemática, conocer entre hoy y mañana un poco la ciudad y su Jardín Botánico.
Entre las 77 mentes brillantes que superan complejos problemas estos días estarán sin, duda, futuros matemáticas. Aunque tanto Enrique Miranda como María Gaspar lamentan que algunos, pese a ser excepcionales, puedan quedarse fuera del grado (sobre todo de los dobles grados) debido a la altísima nota de corte que han alcanzado los estudios.
Entre los participantes, el grupo más numeroso es el andaluz, con 12 estudiantes, ya que los equipos se conforman según el tamaño de la comunidad autónoma; nueve de Madrid y otros nueve de Cataluña, seis valencianos, tres del resto de comunidades (incluida Asturias) y uno de cada ciudad autónoma. Todos están «a otro nivel», de ese que «te deja con la boca abierta», admite Miranda, «capaces de hacer cosas muy rápidas», creativas... Mentes únicas que necesitan esta estimulación porque en el currículum del aula «este tipo de talentos se atrofian un poco« y es necesario que tengan retos a los que enfrentarse y encontrar »gente parecida a ellos, que se sientan acompañados«.
Solo hay que escuchar a Violeta Jaikin. ¿Han sido muy difíciles los problemas? «Sí, claro, son muy complejos. Ese es el reto y el desafío». Es madrileña, 16 años, estudiante de primero de Bachillerato, una de las únicas nueve chicas participantes en la cita, apasionada de «las matemáticas puras», no tanto de sus aplicaciones. Lleva desde el curso pasando preparando la cita. La Comunidad de Madrid les ofrece clases preparatorias: tres horas los lunes y otras tres los sábados. Además de la preparación del Centro de Investigación Matemática de Madrid, dos horas y media los viernes. Lleva desde el mes de octubre superando rondas locales y autonómicas hasta llegar a la nacional. Ahí, dice, «se relajó». Por eso, anuncia ya que el próximo año se empleará aún más a fondo, si es que eso es posible.
Violeta aprovecha para hacer un llamamiento a las chicas. «Me parece muy triste que solo seamos nueve. No sé cuál es el problema, porque diferencias no hay».
Pero es que además del propio reto hay una cuestión en juego que, sin duda, motiva y mucho: los seis mejores participantes formarán el equipo olímpico español, que participará en verano en la Olimpiada que tendrá lugar en Australia. En los últimos años han ido mejorando los resultados«, dice Enrique Miranda, »aunque España no ha logrado aún ninguna medalla de oro en esa cita. De hecho, se ofrece el premio de un Bitcoin al primer español que lo logre«, explica el profesor.
Al margen de eso, 36 participantes de esta «familia olímpica» resultarán premiados: habrá seis medallas de oro, 12 de plata y 18 de bronce. Y la seguridad, dice María Gaspar, de que estos chicos devolverán a la sociedad, en el futuro, «todo lo que están recibiendo».
Mateo Pereiras, Mateo Domenech y Yoel García conforman el equipo asturiano en estas olimpiadas. Ellos fueron los ganadores, en enero, de la fase regional de la olimpiada y hoy se han enfrentado, como el esto, a los tres complejos problemas que, dice Pereiras, «he disfrutado mucho». Ha podido dar solución a dos de los tres y está encantado. Por el reto y por estar conociendo a gente «con los mismos intereses». Quien quedó primero de la fase asturiana es alumno del IES Isla de la Deva y cursa primero de Bachillerato. Apasionado de las matemáticas por su «creatividad, porque te dejan espacio para pensar y crear», aún no tiene claro si optará por el grado de Matemáticas o el de Informática. «Sea lo que sea será una buena opción», dice, mientras trata de convencer de que lo que han hecho hoy es «parecido a resolver unos pasatiempos, un sudoku, por ejemplo».
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