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El portaaeronaves 'Juan Carlos I' (L-61) es prácticamente una pequeña ciudad en la que todo funciona en perfecta sintonía. Hay diez cubiertas, de las que dos son especialmente llamativas, pues son huecas y se trata de los muelles para las lanchas de desembarco y la zona de reparación y garaje de aeronaves y vehículos rodados. La quinta es la de habitabilidad, es decir, donde están los camarotes, los comedores, las cámaras de descanso y el hospital. De ahí hacia arriba, otras cinco plantas para las diferentes oficinas, como la de control de vuelo, el puente de mando y demás.
El teniente de navío Rubén Tejedor es el oficial de comunicación del buque y explica que su dotación es de 260 personas, pero que están embarcadas más de un millar, al añadir los infantes de marina que forman la fuerza de desembarco.
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El hangar de carga pesada, el más bajo del buque, tiene dos diques para las lanchas de desembarco, que son capaces de llevar vehículos pesados. Su responsable es el capitán de corbeta Carlos Dupuy, comandante del Grupo Naval en Playa, quien asegura que el manejo de este tipo de lanchas es muy dificultoso y que pueden llevar hasta 170 infantes de marina con el equipo completo. Precisamente, Diana Antón González es capitán de Infantería de Marina y una de las encargadas de planificar las operaciones en tierra y, en su caso, de reorganizar toda esa planificación ante un escenario cambiante. Y es que la Infantería de Marina es una de las principales fuerzas con las que cuenta el 'Juan Carlos I'.
También es importante la seguridad y la salud de los tripulantes, por lo que la nave cuenta con un hospital con capacidad para 26 pacientes. La capitán Fabiola Fernández explica que cuenta con dos quirófanos, pero que incluso hay servicio de dentista que, aunque está pensado para los pilotos de caza, por los cambios de presión que han de sufrir, en realidad son los que menos lo utilizan. Este hospital d 600 metros cuadrados cuenta hasta con zona de aislamiento.
El buque está en plena misión 'Dédalo'. Viene de pasar unos meses en el Mediterráneo haciendo operaciones con buques de Turquía, Grecia, Croacia, Eslovenia, Italia y Francia, en el llamado ejercicio 'Neptune Strike'. De Gijón zarpará el domingo rumbo a Helsinki, donde hará maniobras con buques de Finlandia y Suecia. Este viaje servirá además de aprendizaje a trece alumnos guardamarinas de la escuela de oficiales que están «integrados en los distintos destinos de a bordo», cuenta el teniente de navío Juan Robles. El objetivo es que «cuando sean oficiales vean qué vías se les abren».
Como queda dicho, el 'Juan Carlos I' es el buque insignia de la Armada española, es decir, suele llevar a bordo al almirante de la Marina. De ahí que el buque albergue el Estado Mayor de la Armada. Uno de los capitanes de corbeta del Estado Mayor remarca que el buque forma parte del grupo de combate 'Dédalo'. El Estado Mayor tiene la función de llevar a cabo las operaciones establecidas por el almirante, así como desarrollar la coordinación con las armadas de otros países, generalmente en el marco de la Alianza Atlántica. Una de las claves es practicar la operatividad y la compatibilidad de sistemas con otras unidades, porque «disuadir es demostrar que eres capaz», apunta el capitán de corbeta.
La mañana de ayer fue intensa en el buque, ya que tras todos los preparativos necesarios encabezó la revista naval, seguido del 'Galicia', 'Blas de Lezo', 'Santa María', 'Tajo', 'Tambre', 'Intermares' y 'Río Luna'. Todos se cruzaron con el 'Atalaya', con Su Majestad el Rey Felipe VI a bordo. Poco después, una vez que todas las unidades están listas, llega el momento en que todo el mundo abandone la cubierta de vuelo, ya que se da orden de zafarrancho de vuelo. Las aeronaves comienzan a prepararse. Y es ahí donde se puede ver el poderío de este buque, pues a bordo del 'Juan Carlos I' hay siete cazas Harrier AV8B y tres helicópteros AB212. El despegue de los helicópteros es icónico, no en vano son los aparatos bipala que se pueden ver en películas tan conocidas como 'Apocalypse Now', con su sonido tan característico. Pero el verdadero espectáculo lo ofrecieron los cazas. Es necesario llevar colocados cascos de protección para estar en la cubierta, ya que el sonido que producen es atronador. Las aeronaves se colocan en fila sobre la cubierta y se lanzan a toda potencia sobre el 'ski-jump', una rampa de doce grados de inclinación que les facilita el despegue. Y eso que la eslora de este buque es nada más y nada menos que de 231 metros, por 32 de manga.
Pero si espectacular es el despegue, lo es aún más el aterrizaje de estos majestuosos cazas. El avión tiene que ir acercándose al buque por la popa y remontarlo por el costado de babor hasta alcanzar la misma velocidad. Es entonces cuando se desplaza en horizontal hacia estribor y, una vez sobre la cubierta de vuelo y con toda suavidad, el piloto posa la aeronave. De inmediato todo el personal de apoyo, desde mecánicos hasta los encargados del combustible, se hacen cargo de la operativa de apagado y recogida del avión, que si fuera necesario podría ser metido en un hangar gracias a los potentes ascensores con que cuenta esta impresionante embarcación. Y es todo un orgullo que sea el buque insignia de la Armada española.
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Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Cristina Cándido y Álex Sánchez
Lucía Palacios | Madrid
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