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Anna Ceglia con el típico castillo suizo al fondo.
«El país perfecto no existe»
Asturianos en la diáspora

«El país perfecto no existe»

Anna Ceglia nació en Alemania, se crio en Teverga, emigró a Inglaterra y ahora trabaja en Suiza en Gavi, The Vaccine Alliance

M. F. Antuña

Gijón

Sábado, 22 de marzo 2025, 22:02

gijón. Menudo trajín vital que ha tenido y tiene Anna Ceglia González, tevergana de 53 años que, pese a ser asturiana de fabes y morcilla en la maleta, nació en Alemania. Allí se conocieron sus padres, un italiano y una asturiana que alumbrarían a esta mujer inquieta que de muy niña volvió a Asturias, que estudió Secretariado Internacional en Oviedo y que, al finalizar su formación, decidió tomar rumbo a Gran Bretaña. En Inglaterra se estrenó de camarera pero empezó al poco en lo suyo y sin darse cuenta se vio con una hipoteca, un hijo y diez años más en el cuerpo y el alma. En 2001 regresó a Asturias porque pensó que era el momento de hacerlo y cuando quiso meditar qué hacer después ya tenía un trabajo y así pasaron otros nueve años más en casa, trabajando en Rioglass.

Hasta que una relación la llevó a Suiza. Él, ya ex, tenía allí trabajo y como la distancia no es grata compañera en lo sentimental se fue al país helvético para trabajar durante tres años en una empresa americana en el sector privado y llegar después a su actual trabajo en Gavi, The Vaccine Alliance (Premio Princesa de Asturias 2020) como «executive assistant». Es una labor de cierta responsabilidad, en la que trabaja en el plano interno y externo, con donantes importantes como son la Fundación Bill y Melinda Gates, sus principales financiadores, junto a países como EE UU, Inglaterra y España y otras fundaciones como la Caixa, que buscan universalizar las vacunas. El trabajo con la Organización Mundial de la Salud o Unicef forman parte de su día a día. «Es un trabajo muy intenso, muy guapo, hay que tener mucha mano izquierda», señala esta mujer que derrocha buen humor y ganas de vivir.

«En España trabajamos muchísimas horas pero no somos nada productivos», dice a modo de conclusión tras su experiencia exterior, que le ha llevado a ver que en países como Suiza está más asentada en el ADN la conciliación y no se hacen jornadas interminables. En todo caso, las condiciones y las maneras de trabajar son diferentes en el sector privado o en las grandes corporaciones internacionales como Gavi: «Estamos aquí pero pertenecemos al mundo, no formamos parte del sistema suizo», revela. Su jubilación, cuando llegue, no será suiza, por decirlo de otra manera.

Elogia la puntualidad del país en el que vive y la aplaude. «El tiempo de los demás es precioso», concluye, y habla después de ese respeto en el trabajo que se vive en un país que alberga tantas culturas. «Donde yo trabajo hay personas de 75 nacionalidades y tienes que tener en cuenta que en un japonés no es lo mismo que un chino y la puntualidad y el inglés es lo que te uniformiza». Ese contacto con personas de lugares tan diferentes es un lujo que lleva a Anna a una conclusión inequívoca: «El mundo es maravilloso y habría que tener más tiempo y dinero para conocerlo». Ella en esas anda y no lo hace mal. Cuando tiene unos días libres, aeropuerto y planazo. «Me muevo mucho, llevo por ahora un total de 60 países y con un poco de suerte me quedan otros 60 por explorar».

Trabaja en Ginebra pero ha elegido vivir en el cantón de Vaud: «Vivo rodeada de viñedos donde dios dejó la alpargata, aunque Ginebra es una ciudad pequeña es una ciudad y hay más bullicio, más tráfico». Ella se mueve en coche; su hijo, en transporte público, que le deja en la ciudad en nada y con esa puntualidad que es marca de la casa.

Tiene todas esas ventajas la vida allí, pero siempre hay contras. «¿Son más aburridos? Es que el país perfecto no existe, lo que pasa es que coges lo mejor de cada uno, te haces una ensalada mixta y como decimos por aquí 'e voilà'». Cada lugar le ha dado lo suyo: «A mí Inglaterra me encanta, me gusta su sentido del humor; Suiza es el país donde vivimos ahora, nos ha tratado muy bien y es donde he podido darle a mi hijo una educación muy buena que es además totalmente gratuita», resume.

Pero el origen está en Asturias. El hogar es volver a casa, y lo hace con cierta frecuencia, porque además el teletrabajo le permite unir dos semanas de vacaciones y otras dos de trabajo un par de veces al año, con lo que suma dos meses en España con seguridad absoluta, en verano y Navidad.

Y con tanto viaje, pues de nada le falta en la despensa y en la nevera para rememorar los sabores asturianos. Su maleta merece capítulo aparte. «El día que me cojan acabo en Guantánamo», bromea. Y detalla: «Llevo fabes, chorizo de casa, quesos asturianos, jamón de bellota, miel casera...». En la última fabada que organizó eran doce los comensales. Vamos, que ella ni Suiza ni en Inglaterra se aburre ni muchísimo menos. «Te tienes que buscar la vida, se trata de sacarle partido a todo y Suiza es un país que se parece mucho a nivel de naturaleza a Asturias, aquí la gente va mucho a esquiar, yo no esquío, pero me apunto igual y quedo muy mona en la terraza tomando cava», relata. No sabe si volverá en el futuro a casa. El plan es seguir viviendo.

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