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Cristina Valdés Ramos. E. C.
«Emigrar te da amplitud de miras»
Asturianos en la diáspora

«Emigrar te da amplitud de miras»

Cristina Valdés llegó a Lisboa en 2017 sin hablar una palabra de portugués y allí sigue: «Me sentí bienvenida desde el primer día»

M. F. Antuña

Gijón

Domingo, 16 de octubre 2022, 02:52

Cristina Valdés Ramos (Gijón, 1994) hizo muy pronto el petate. Con 18 años se fue a Salamanca a estudiar Traducción e Interpretación y tiene la suerte de trabajar en lo suyo, pero lejos de casa, en Portugal, el país al que llegó a finales de 2017, al año siguiente de graduarse y después de unas prácticas en Alemania. «Me mudé sin saber ni una sola palabra de portugués», narra. La razón, el amor: «Mi pareja estaba viviendo en Lisboa y, como después de acabar las prácticas no tenía ningún plan a la vista, hice las maletas y me vine directamente aquí. No tenía nada que perder».

No le ha ido mal, sino todo lo contrario. «Me resultó sorprendentemente fácil encontrar trabajo al llegar a Portugal. A principios de 2018 ya estaba firmando mi primer contrato», relata. Y ya va a por el cuarto. «Todo ha ido fluyendo de forma bastante orgánica. Creo que en Portugal se me han ido presentando oportunidades laborales que en España me habría costado mucho más conseguir», resume. Pero siempre hay contras: «Por lo general, los salarios siguen sin reflejar el coste de vida, que cada vez es mayor», anota. Tampoco se acostumbra a las grandes distancias para ir de casa al trabajo.

Pero no hay queja en otros planos más personales. «Me atrevería a decir que Portugal es el gran desconocido de Europa del sur, si bien cada vez está más de moda. Es un país con un clima excelente, buena gastronomía y gente encantadora. Me sentí bienvenida desde el primer día y lo sigo sintiendo cinco años después», afirma. Piensa incluso que los españoles tenemos un cierto favor por parte de los portugueses. «Ellos conocen mucho mejor nuestro país que nosotros el suyo», revela Cristina. Ya tiene un nivel C2 y se defiende sin problemas en portugués, «pero siempre que entro a un taxi o que voy a un sitio con alguien español y me oyen hablar, ellos también intentan hablarlo. Hay un claro interés por la cultura española que, desgraciadamente, no siempre se ve correspondido».

Le falta el verde más que el azul. Añora el monte: «Me parece un verdadero lujo poder echar a andar y acabar en un bosque o en un acantilado con vistas al mar». De modo que, a cada vuelta a casa, quiere ir a Deva o La Providencia, aunque solo sea. «Estar en contacto con la naturaleza es esencial para la salud, tanto física como mental. En una gran ciudad a menudo te ves arrastrada por las horas interminables en el transporte y por la sensación de estar siempre con prisa».

Dicho lo dicho, volver siempre es una opción, aunque no a corto plazo. «Tanto mi pareja como yo tenemos trabajo aquí y, después de cinco años, tenemos toda nuestra vida montada en Portugal», afirma, y añade que Lisboa es una ciudad en crecimiento que ofrece un sinfín de oportunidades.

Y eso que la distancia ha cambiado su perspectiva de la tierra en la que nació y la ha cambiado a ella. «Emigrar te da amplitud de miras y te hace crecer como persona. Te vuelve más humilde, incluso. Pero creo que te condena a llevar una cierta nostalgia contigo allá donde vas. Sin embargo, puedo decir con firmeza que no me arrepiento de haber venido a Portugal. Ahora tengo la suerte de tener dos casas en lugar de una».

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