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RAMÓN BARAGAÑO
Sábado, 16 de enero 2010, 04:13
Aunque hay otros menos conocidos, Celestino Graíño Caubet podría ser el prototipo de científico avilesino del siglo XX. Es probablemente el farmacéutico más popular de Asturias durante las dos primeras décadas de ese siglo, y también el creador de una saga de farmacéuticos que continúa aún hoy con un establecimiento, de más de cien años, abierto en la calle de la Muralla de Avilés. Nació en Oviedo el 25 de julio de 1873, aunque se trasladó con su familia en plena infancia a la villa avilesina, donde residió toda su vida, excepto los años de estudiante universitario. Realizó los estudios primarios en su villa adoptiva y cursó el bachillerato en el Colegio de La Merced, obteniendo el grado de bachiller el 25 de junio de 1889. A continuación estudió Farmacia en la Universidad Central de Madrid, hasta que se licenció y volvió a Avilés, donde solicitó al Ayuntamiento licencia de apertura de una farmacia en diciembre de 1895. Ya establecido como farmacéutico, contrajo matrimonio con Pilar Cors y continuó sus estudios hasta que se doctoró el 5 de mayo de 1898.
Desde muy joven Graíño Caubet demostró una capacidad enorme para llevar a cabo una intensa actividad como farmacéutico, científico, escritor y conferenciante. Una de sus primeras tareas fue la creación de un museo de la fauna y la flora asturianas, convirtiéndose él mismo en un experto conservador y taxidermista. Logró una asombrosa colección que dio lugar al Museo Graíño de Ciencias Naturales, que su hijo Celestino inauguró, como homenaje póstumo a su padre, en 1944 en una casa de la entonces llamada Carreterina Nueva (avenida de Fernández Balsera). Con esta especialidad de naturalista consiguió dos premios en exposiciones celebradas en Gijón (1899) y Murcia (1900), así como ser elegido miembro de la Sociedad Española de Historia Natural, en julio de 1899.
Otra de sus aficiones favoritas fue la de escritor. Ya en 1897 se puso de manifiesto con la fundación del periódico 'El Avilesino', de efímera vida. Fue un fecundo activista de la divulgación científica y colaboró asiduamente en numerosas publicaciones especializadas, como el 'Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural' (1902-1905), 'La Farmacia Española' (1907-1916), 'La Farmacia Moderna' (1907-1914), 'Monitor Sanitario' (1910-1912) y 'Unión Farmacéutica' (1914-1915), de Madrid; 'Gaceta Farmacéutica Española' (1907-1914), de Barcelona; 'El Problema Farmacéutico' (1914), de Santiago de Compostela; y 'España Farmacéutica' (1915), de Oviedo. Escribió sobre asuntos políticos en el semanario republicano avilesino 'El Pueblo', con el seudónimo de 'El Capitán Rayos', en el 'Diario de Avilés' y el 'Diario Universal', de Madrid. Más esporádicamente colaboró también en 'El Comercio' y 'El Noroeste", de Gijón; 'LA VOZ DE AVILÉS' y 'El Progreso de Asturias', de Avilés; 'El Correo de Asturias', el 'Boletín del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Asturias' y el 'Boletín Médico Asturiano', de Oviedo.
Simultaneó toda esta labor de publicista con la de conferenciante sobre temas de divulgación científica, desde los años de 1904 a 1914, especialmente como colaborador de la Extensión Universitaria de Oviedo, con charlas de gran interés impartidas en centros y sociedades obreras de Avilés y Gijón. Y mientras mantenía tan intensa actividad intelectual, atendía su establecimiento farmacéutico y logró gran renombre con algunos de los productos salidos del laboratorio creado por él en 1910. Entre ellos destacaban emulsiones de aceite de hígado de bacalao, elixir de guayacol, vinos de quina y peptona simples y compuestos, jarabe pectoral, licor de brea y callicidas, todos ellos bien aceptados, aunque los que mayor fama alcanzaron fueron el Hepatobrón, el Hepatorradil y, sobre todo, el Histol Graíño, de los que era proveedor único y visitador personal de los médicos y farmacéuticos de la región asturiana, aunque luego amplió su actividad a las provincias vecinas.
Todo este éxito profesional le fue reconocido con numerosos e importantes galardones, entre los que destaca la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso XII. Pero estuvo a punto de irse todo al traste por un inesperado acontecimiento que alteró radicalmente la vida de Graíño Caubet. Para poder seguir atendiendo más eficazmente la venta de sus productos, un cuñado le recomendó la adquisición de una motocicleta, vehículo que por entonces empezaba a popularizarse. Dicho y hecho: compró una y, tal fue la fiebre motera que le entró, que se dedicó con enorme entusiasmo a viajar, abandonando por completo su actividad de visitador a médicos y farmacéuticos, así como sus otras facetas de naturalista, escritor y conferenciante, hasta el punto de amenazar seriamente la marcha de su negocio. Afortunadamente rectificó, aunque sustituyó la moto por el automóvil, con el que continuó viajando como vendedor de los productos de su laboratorio, el cual se afianzó y creció con nuevas sedes en Madrid, Lisboa y La Habana.
Colaboró siempre de forma muy eficaz con la benemérita Asociación Avilesina de Caridad y fue autor de varios libros. Celestino Graíño Caubet falleció en Avilés el 15 de febrero de 1943. El Ayuntamiento avilesino le nombró Hijo Adoptivo y Predilecto de la villa y dio su nombre (Doctor Graíño) a una céntrica calle.
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