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El de la Merced, en Sabugo, era uno de los tres conventos que había en Avilés a finales del siglo XVIII. / ARCHIVO NARDO VILLABOY
Avilés y el castillo de Gauzón en 1794, según Carlos González de Posada
AVILES

Avilés y el castillo de Gauzón en 1794, según Carlos González de Posada

RAMÓN BARAGAÑO

Lunes, 9 de noviembre 2009, 03:22

El canónigo Carlos González de Posada es una destacada figura de la Ilustración asturiana y un apasionado estudioso de la historia y la arqueología de nuestra región. Investigó y escribió mucho, pero publicó muy poco, cosa que ya le reprochaba cariñosamente su amigo Jovellanos. Lo que conocemos de su obra es serio y riguroso, por lo que cabe lamentar que se haya perdido la mayor parte de ella. Sobre la comarca avilesina escribió poco pero muy acertado, especialmente en lo que se refiere a la localización del controvertido castillo de Gauzón, que él sitúa sin ningún tipo de duda en el Peñón de Raíces, donde hoy afortunadamente se está por fin llevando a cabo una excavación arqueológica científica y a fondo.

Carlos Benito González de Posada Menéndez nació el 8 de agosto de 1745 en Candás (Carreño) y falleció el 13 de marzo de 1831 en Tarragona. Estudió Humanidades en el convento de Santo Domingo de Oviedo, en 1763 obtuvo el grado de Bachiller en Artes en la Universidad ovetense y el de Sagradas Escrituras cuatro años más tarde. Destacó pronto por su capacidad intelectual y su afición a la historia y la arqueología, a las que dedicó gran parte de su vida. A causa de un enrevesado pleito que su familia mantuvo contra el municipio de Carreño tuvo que trasladarse a Madrid y vivir allí durante un tiempo, que aprovechó para obtener una plaza de profesor de Latín en el Colegio de San Isidro. Durante su estancia en la capital de España se ganó la estima de Jovellanos y del conde de Campomanes, además de ejercer de corrector de las obras latinas que editaba la Real Compañía de Impresores y Libreros del Reino.

En 1776 se ordenó sacerdote y se encargó del curato de Masalavés (Valencia), aunque volvió pronto a Madrid con el propósito de lograr una canonjía en Oviedo y poder dedicarse al estudio de la historia asturiana, circunstancia que no se produjo, por lo que tuvo que trasladarse a las diócesis de Ibiza, Barcelona y Barbastro (Huesca) para desempeñar varios cargos, hasta que en 1792 consiguió una plaza de canónigo en la diócesis de Tarragona.

Prolífico autor de más de treinta obras de investigación histórica, algunas de ellas de tema asturiano, sólo llegó a ver publicada una pequeña parte, ya que durante la Guerra de la Independencia huyó de Tarragona a Baleares, abandonando en su casa, al cuidado de una vieja criada, sus manuscritos. La necesidad hizo que aquélla tuviera que ir quemando los folios para poder atender las necesidades diarias, perdiéndose así casi toda la obra de González de Posada. Únicamente se salvaron algunos manuscritos que se conservan en los archivos de la Real Academia de la Historia, a la que pertenecía como miembro correspondiente desde 1789. Al término de la guerra volvió a su canonjía de Tarragona.

La obra

En vida, Carlos González de Posada sólo publicó dos libros: 'Ensayo de buena versión en prosa y verso de latín a castellano' (Madrid, 1775), con el nombre de Alejandro Gómez, y 'Memorias históricas del Principado de Asturias y el Obispado de Oviedo' (Tarragona, 1794), tomo primero de una obra que iba a constar de veinte. Una vez fallecido, apareció su 'Biblioteca asturiana' en el tomo I de la obra 'Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos', de Bartolomé José Gallardo (Madrid, 1863), que durante tiempo fue atribuida erróneamente al conde de Campomanes y que formaba parte de una ambiciosa obra, en orden alfabético, de escritores asturianos.

Algunos de los escasos manuscritos que se conservaron de González de Posada han sido publicados, como las 'Noticias históricas del concejo de Carreño', y su obra 'Memorias históricas del Principado de Asturias...' han sido reeditadas, auque siempre en ediciones de tirada reducida, por lo que aún hoy es un personaje que goza de reconocido prestigio, pero muy poco conocido por el gran público, ya que su obra no ha tenido gran difusión. Hoy quiero divulgar su corta pero precisa descripción de Avilés y su acertada localización del durante tanto tiempo debatido castillo de Gauzón.

'Memorias históricas'

En sus 'Memorias históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo' (Tarragona, 1794), Carlos González de Posada recoge la siguiente descripción de Avilés (página 49): «Avilés, a dos leguas cortas de Bañugues y una del mar donde desemboca el río que baña sus murallas antiguas y bien conservadas, es cabeza de su jurisdición y residencia de un Ministro de marina. Tiene un convento de observantes Franciscanos, otro de Mercenarios calzados y un monasterio de monjas Cistercienses. Con los barrios de Miranda y Sabugo, consta de 900 vecinos en dos iglesias parroquiales. Mantiene fábricas del alfarería y loza ordinaria, de lienzos y de calzetas, de las que provehe a los 42 regimientos provinciales del reyno, y de útiles de cobre y fierro a todo Asturias y mucha parte de Galicia. También es puerto de mar de bastante pesca».

Refiriéndose al reinado de Alfonso III el Magno, dice: «En la guerra fue animoso y afortunado. En la paz poblador, rehedificador, religiosísimo. Fortificó la costa de Asturias y la capital, y entre muchos castillos, cuyos cimientos y ruinas se ven en muchas partes de la marina, es famoso el llamad de Gozón que estaba en Raíces allende del río de Avilés y cerca de esta villa, y no en el cabo de Peñasalbas, como quiso insinuar mal informado el M. Risco. El mismo autor dice que le edificó don Alonso III, otros que le rehedificó, y esto es más verosímil». Y en nota a pie de página añade: «Tengo bien averiguado que esta celebrada fortaleza estubo en el lugar de Raíces, parroquia de San Martín de los Pimientos, concejo de Castrillón, jurisdición de Avilés, a tres quartos de legua de esta villa, y uno del mar, en el arciprestazgo de Pravia de aquende. De esta verdad espero dar luego al público unas pruebas bien claras». González de Posada había escrito efectivamente una obra sobre el castillo de Gauzón cuyo manuscrito se perdió.

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