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ALBERTO SANTOS
Sábado, 15 de febrero 2014, 03:08
El fuerte temporal de las últimas semanas en el Cantábrico no sólo está provocando daños materiales en la costa de la comarca avilesina. Mar adentro, sin más testigos que el oleaje y los vientos que lo azuzan, se libra estos días otra batalla: la de la lucha por la supervivencia de miles de aves que no encuentran alimento y pierden así su especial escudo de protección contra el agua y las inclemencias. Los más fuertes logran alcanzar las playas exhaustos, aunque con un porcentaje de supervivencia que en el mejor de los casos será del 10%. Los menos afortunados llegarán flotando a merced de la marea sin más aspiración que engrosar un censo de mortalidad a causa de un temporal que los expertos ornitólogos aseguran que no tiene precedentes.
Fran Baena es miembro del Grupo de Ornitología Mavea -es su tesorero- y colabora, con la ayuda del resto de socios de la organización, en el proyecto FAME, auspiciado por la Unión Europea, para proteger el medio marino de la costa atlántica, desde Noruega hasta Portugal. Su cometido es hacer un censo mensual de aves desde Cadavedo hasta Xagó, y asegura que nunca ha visto nada igual al panorama que se está encontrando en las playas a causa del último temporal. «Es algo sin precedentes, en casi un mes llevo censadas más de un centenar de aves muertas, pero es que en alta mar puede haber decenas de miles, como ya se ha visto en el Golfo de Vizcaya y en la costa de Francia», aseguró ayer a LA VOZ DE AVILÉS. En la costa francesa han aparecido en las últimas semanas más de cinco mil aves muertas, la mayoría de ellas frailecillos. En el caso de la costa avilesina, Mavea ha llegado a registrar «más de treinta» aves muertas en una sola jornada de censo.
Las especies más afectadas son los álcidos, familia de aves muy adaptadas a la vida marina. En concreto, el mayor avistamiento de pájaros muertos en las playas de la costa avilesina corresponde a araos, alcas y frailecillos, especies protegidas. «Viven siempre en alta mar; con marejada el pescado se sumerge mucho, y no pueden alimentarse. Así, no producen la grasa necesaria con la que impregnan su plumaje, lo que les produce hipotermia», explica Fran Baena.
Las aves que logran sobrevivir en esas condiciones llegan a la costa «sin grasa, empapadas». El índice de supervivencia es «bajísimo, alrededor del 90% mueren en menos de 24 horas», asegura Baena. Su misión es entonces censar la mortalidad y enterrarlas, «entre otras cosas para evitar contarlas dos veces».
Asturias no tiene centros de recuperación de especies protegidas, por lo que, en el caso de encontrar algún ave moribunda, Mavea avisa al Seprona de la Guardia Civil o al Cepesma, que acuden a recogerlas. Algunas de ellas son trasladadas por los propios miembros de Mavea a la Ensenada de Llodero y Zeluán, donde las sueltan en espera de que la protección de la ría les permita volver a levantar el vuelo, algo que en muy pocas ocasiones sucede debido a la gravedad de su estado.
Fran Baena considera muy importante la colaboración ciudadana y pide «que la gente que encuentre ejemplares vivos llame al 112 ó al Seprona, indicando el lugar donde están, y que los que vayan con perros los respeten y no azucen a los canes para atacarlos, pues no es la primera vez que tengo algún problema con algunos dueños impresentables que se dedican a incitar a los perros a que ataquen, molesten o muerdan a las aves. Los pájaros están tan débiles que mueren por estrés, o por las dentelladas de los perros».
Cinco países involucrados
En el proyecto FAME participan socios de cinco países (Reino Unido, Irlanda, Francia, España y Portugal), que tienen interés en la conservación del medio marino y sus aves, y una amplia experiencia en su monitorización mediante seguimiento remoto y censos en el mar, análisis y cartografía de la información e interacción con los sectores de riesgo como la pesca y las energías renovables.
Cada país se encuentra en un estadio distinto en el proceso de designar áreas marinas protegidas (AMP), lo que es una oportunidad para intercambiar experiencias. Los participantes realizarán diversas tareas de seguimiento de aves, y la información resultante combinada con datos oceanográficos, permitirá identificar las distintas AMP, según se explica en los objetivos del proyecto FAME.
Una parte significativa del proyecto va dirigida a la comunicación con las partes interesadas en el medio marino, «para minimizar el impacto de las actividades marinas en áreas importantes para la biodiversidad. Esto se hará a través de webs, conferencias, talleres y publicaciones».
El proyecto impulsado por la Unión Europea tiene una duración de dos años y el Grupo de Ornitología Mavea es el encargado de realizar el censo en Asturias. Los registros se realizan una vez al mes, tal y como explicó ayer a este periódico el principal responsable de la organización ecologista Fran Baena. Cada ave avistada es objeto de una ficha que se envía al coordinador del proyecto a Irlanda.
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