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MARCOS MORO
Miércoles, 22 de enero 2014, 01:51
La piqueta se ha llevado por delante la Casa de Ejercicios Espirituales de El Bibio. El Ayuntamiento ha autorizado el derribo del viejo edificio a su actual propietario, el empresario Luis Masaveu, quien lo había solicitado meses atrás por razones de seguridad. Masaveu había alertado al Consistorio gijonés sobre el grave deterioro de la estructura del inmueble, que amenazaba derrumbe. Un peligro que aconsejaba una actuación urgente por la cercanía del colegio de la Asunción y por el conocimiento por parte de la propiedad de la presencia habitual durante los últimos meses de 'okupas' y de niños que se colaban en la finca para jugar.
En julio de 2013 la concejalía de Urbanismo informó favorablemente sobre el permiso de demolición a Apartamentos El Bibio SLU, la empresa con la que Masaveu promovía desde 2008 un proyecto hotelero en el caserón, pero imponiéndole una condicional previa. Se le notificó al propietario la obligación de depositar un aval, por importe de 250.000 euros, que garantice la reconstrucción futura de las fachadas conservadas del edificio original. La imposición del aval, que Luis Masaveu depositó en diciembre de 2013, viene motivada por el hecho de que la Casa de Ejercicios gozaba de protección ambiental dentro del catálogo urbanístico vigente. El derribo y posterior demolición están amparados en la ficha que el viejo edificio tiene en dicho catálogo (ESTE BIBI A 001) y en el artículo 47 de su normativa.
Según explicó ayer la concejalía de Urbanismo, este expediente de derribo es la consecuencia de un expediente de orden de ejecución abierto en octubre de 2012 en el departamento de disciplina urbanística, cuyos técnicos certificaron el mal estado del edificio y del jardín circundante. En su informe dejaron constancia de que la antigua Casa de Ejercicios «estaba deshabitada y abandonada, con parte de los faldones de la cubierta demolidos, aleros rotos y carpintería en situación precaria, tanto por la falta de mantenimiento como por un incendio que se produjo en su interior». Esta situación, unida a la catalogación de la edificación existente, hizo necesaria trasladar a la propiedad la necesidad de adoptar las medidas de mantenimiento tanto del inmueble como de la finca en que se encuentra.
En la ficha del catálogo urbanístico vigente la Casa de Ejercicios Espirituales Santa Eulalia venía definida como una vivienda unifamiliar de estilo ecléctico construida hacia 1910, que posteriormente fue transformada en un edificio de carácter público con la adición de un volumen trasero. El catálogo también pone de relieve que en la última década los añadidos fueron demolidos, dejando en pie las partes conservadas del edificio original y que las obras para la construcción de la estación del metrotrén junto a la plaza de toros afectaron negativamente a la parcela original, que perdió gran parte de su arbolado histórico. En los últimos tiempos el edificio se encontraba muy deteriorado y modificado, conservando únicamente de forma parcial la configuración volumétrica.
Estuvo alojado Juan XXIII
La Casa de Ejercicios ayer demolida, en la Carretera de Villaviciosa número 9, tenía una larga historia en la ciudad. En su treintena de habitaciones se alojaron, durante casi 50 años, creyentes de todas partes que realizaron en los talleres que tenía el edificio todo tipo de actividades. Entre sus muros pernoctó en 1958 hasta un pontífice, Juan XXIII, cuando era el cardenal Angelo-Giuseppe Roncalli. A partir de 1970 tuvo su momento de explosión como punto de encuentro de numerosos curas que llegaban a Gijón para atender a sus parroquias. Entre ellos curas obreros como los recordados José María Díaz Bardales y José Luis Martínez.
El Arzobispado de Oviedo vendió el inmueble en el año 2000 a Ceyd y Teinsa por 905 millones de pesetas. En 2008 la propiedad del caserón pasó a manos de Luis Masaveu, quien se convirtió en dueño a título personal para desarrollar un proyecto hotelero de 36 habitaciones que, a día de hoy, se encuentra paralizado. La tramitación urbanística de dicho proyecto no pasó del estudio de detalle de la finca firmado por los arquitectos Alejandro Miranda y José Luis Rodríguez.
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