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PACHÉ MERAYO
Domingo, 10 de noviembre 2013, 14:24
La historia de don Pasquale, Ernesto y Norina, que musicó Donizetti cuando la primera mitad del siglo XIX estaba por terminar, no será el próximo domingo, sobre las tablas del Teatro Campoamor (19 horas), una ópera bufa de aquella época. Curro Carreres, el director de escena que lleva días ensayando la pieza, el tercer título de la temporada ovetense, la ha subido a un enorme barco sobre el que la escena viaja cerca de cien años, hasta llegar a los treinta de la pasada centuria. En su enorme popa, diseñada por Esmeralda Díaz, autora de la escenografía, navega el trío amoroso hilado por el doctor Malatesta y convertido en leyenda por el compositor de Bérgamo (1797-1848). Y en lugar de recorrer millas va ganando tiempo. En su travesía Carreres les lleva también por otros mares. De hecho, la escenografía, subida a las tablas gracias a un premio logrado en Gran Canaria, se emparenta con las recordadas películas de amor y lujo del Hollywood de las grandes producciones. El que firmaban, apunta el director de escena murciano, maestros como Ernst Lubitsch y Howard Hughes.
Cabe recordar que también Susana Gómez, la directora de escena del anterior título de Oviedo, 'La traviata', de Verdi, viajó por el tiempo con Violeta y Alfredo, abrazando su historia asimismo con el cine de la primera mitad del siglo XX. Aunque si en su caso la alusión más que evidente era hacia la 'Gilda', de Charles Vidor, en éste 'Don Pasquale' de Carreres la principal referencia directa está, como él mismo reconoce, en el glamour de la película 'Alta sociedad', remake de 'Historias de Philadelphia' dirigido por Charles Walters y protagonizado por Bing Crosby, Grace Kelly y Frank Sinatra.
Sin ir más lejos la princesa de Mónaco, empujando el famoso velero del amor sobre la piscina de su mansión, es la imagen que al director de escena le cruza la mente cuando piensa en su propio crucero musical. «La alusión pretende poner la mirada en aquellas comedias de enredo, que llamaban de teléfono blanco y que mantienen los mismos códigos morales y sociales de la historia que cuenta Donizetti».
En realidad Donizetty y Giovanni Ruffini, aunque se cuenta que éste último no quiso que su nombre figurara en el libreto, basado en el que Angelo Anelli escribió para la ópera de Pavesi, 'Ser Marcantonio', porque fueron tales los cambios que los cantantes exigieron en la puesta en escena que no reconocía su propio trabajo. Hoy, siglo y medio después (el 'Don Pasquale' fue estrenado en el Teatro Italiano de París el 3 de enero de 1843) la pieza ha dado la vuelta al mundo uniendo el nombre de ambos, de Donizetti y Ruffini. Como recuerda Carreres, es ya parte del repertorio de todos los teatros internacionales. Quizá por eso, por ser una ópera tan conocida, es por lo que su responsable en esta nueva producción quiere ir más allá. «Estoy convencido de que es mucho más enriquecedor descubrir que reconocer y eso es lo que yo quiero hacer, descubrir un nuevo mundo a quienes ya conocen esta pieza. También a los que nunca antes se asomaron al bel canto, mostrarles el verdadero espíritu Donizetti, que es absolutamente divertido y entretenido, como todos podrán comprobar con esta especie de comedia musical que nos ha legado».
El libreto original, dividido en tres actos, escenifica los acontecimientos en el salón de don Pasquale, su jardín y la casa de Norina, la joven con la que quiere casarse y a la que ama su joven sobrino, Ernesto. Sin embargo, en la cabeza de Curro Carreres todos esos escenarios se trasladan a una enorme embarcación. «La casa de don Pasquale es su camarote del barco, la de Norina, lo mismo. Y la escena del jardín tiene aquí lugar en la popa del barco», explica, añadiendo al poco que, bajo ese cambio aparentemente inocente de tarima, lo que hay es un objetivo intelectual: «He querido sacar la historia del contexto puramente doméstico en el que se desarrolla para permitir una interactuación con el mundo, con la historia y entre los personajes».
Y con esas intenciones el director de escena murciano lleva sumando aplausos para su interpretación de esta ópera, ahora asumida por la Oviedo, desde el año 2006. «Ha sido un barco muy viajero que ha logrado muchos éxitos», añade poco después de asistir a una de las últimas pruebas de vestuario, creado por Silvia García sobre las premisas espacio temporales pautadas por él, que insiste en haber llevado la acción a los años 30 «porque me interesaba trabajar en la historia original y darles a los personajes esa clave de comedia musical que llevan en su interior. Pero habiendo modificado el espacio y el tiempo, está claro que los personajes son los mismos. Quien conozca esta obra se encontrará con lo que Donizetti realmente compuso. No habrá sorpresas en ese sentido», tranquiliza.
La modernidad la pone el propio compositor. «No hay que añadirla, aunque hablar de modernidad frente a un decorado de los años 30, en pleno siglo XXI...». Está convencido Carreres que Donizetti «fue el más adelantado de su tiempo creando una comedia bufa como ésta que (insiste) tiene todos los trazos de una comedia musical». Una comedia, que no es tan social, como algunos críticos aseguran. Para Carreres es «difícil darle la percepción de crítica que conlleva ese término». No lo es reconocer que «la música le da ese punto de altura que sitúa, finalmente la historia, más allá de cualquier comedia».
Según él, quienes el domingo que viene, en horario de siete de la tarde, y los días 19, 21, 22 (con el segundo reparto de cantantes) y 23, a las ocho de la noche acudan al Campoamor lo que se van a encontrar es una guerra de sexos soterrada, «muy divertida». La historia de un engaño a un viejo avaro, en manos de una joven interesada, «que no hará reír a carcajadas, sino sonreír. Eso sí sonreír continuamente».
Colaborará en ese objetivo la dirección musical de Marzio Conti, con el que lleva trabajando estas últimas semanas el director de escena, que ha contado con el diseño de iluminación de Eduardo Bravo y la coreografía de Antonio Perea.
En el foso, la Orquesta Oviedo Filarmonía y sobre las tablas, las voces del Coro de la Ópera de Oviedo arropando a los cantantes Carlos Chausson que da vida a don Pasquale (Ricardo Seguel lo hará en el segundo reparto, que llegará al Teatro Jovellanos en junio), Bruno Taddia, que será el doctor Malatesta (Isaac Galán, para el segundo reparto), Antonio Gandía, que regalará su voz a Ernesto, el sobrino de don Pasquale (Jesús Álvarez, segundo reparto), y Beatriz Díaz (Elena Sancho-Pereg en el segundo 'cast'), como Norina.
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