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Miguel Induráin, junto a varios de los escolares de Oscos-Eo que participaron en la ruta por el concejo de Vegadeo. :: I. GÓMEZ
Induráin se reconcilia con Asturias
Ciclismo

Induráin se reconcilia con Asturias

El navarro, que puso punto final a su carrera camino de Covadonga hace 17 años, se subió ayer a la bicicleta en la clausura del Foro Comunicación y Escuela

ISABEL GÓMEZ

Jueves, 31 de octubre 2013, 01:18

Casi dos décadas después de que Covadonga lo despidiera en aquella Vuelta a España que él nunca quiso correr y cercano a los 50 años de edad, ayer, con algún que otro kilo de más, se volvió a subir a la bicicleta en Asturias. Pero no hubo ni escapadas ni ataques. Ni ritmo infernal, ni fina y fría estrategia. Solo quedaba disfrutar, pues los rivales, en esta ocasión, solo fueron una grata compañía.

No hay duda de que Miguel Induráin (Villava, 1964) tiene un lugar en el podio de los grandes. Pero también entre los eternos. Su porte, su fortaleza, su respeto y sus hazañas de los años 90 le han convertido en un icono del deporte español. Lo que ayer ocurrió en Vegadeo fue una clara muestra de ello. El ciclista navarro fue la estrella invitada de la clausura del V Foro Comunicación y Escuela del Instituto Elisa y Luis Villamil, que coordina Luis Felipe Fernández, cuya actividad central fue una ruta de 10 kilómetros que compartió con escolares y miembros de agrupaciones ciclistas.

En total, unos 170, una cifra que desbordó cualquier previsión. Ordenar la salida se convirtió en una tarea nada sencilla. Las decenas de fotos y autógrafos que le requerían grandes y pequeños, y a los que este hijo de agricultores y exciclista atípico (1,88 metros de altura y 80 kilos) parecía no poder decir que no, retrasaron unos minutos el arranque de grupo y lo obligaron a detenerse en diversos puntos de la villa a lo largo de todo el día.

El pelotón, finalmente, pudo ponerse en marcha y la ruta transcurrió sin incidentes. «Fue suavecita. Al principio, todo subida, pero con los chavales, con que no se caigan, ya hemos pasado bien el día», comentó el navarro al término de una actividad, que combinó los atractivos de «sacar a los jóvenes un poco de la rutina del estudio y de promocionar el deporte».

Tras una nueva sesión de fotografías y autógrafos, el pentacampeón del Tour compartió un coloquio con alumnos del instituto veigueño. No se les pasó ningún tema. Le preguntaron por sus inicios y sus logros, pero también por el momento que atraviesa una práctica deportiva que él describió como «dura, de riesgo». Sin embargo, advirtió el navarro, «si te gusta y pones ilusión, harás algo que no hace la mayoría de la gente». Y, añadió con cierta ironía, «ahora pagan y te puedes ganar la vida, aunque no se manejan las cifras del fútbol».

Induráin no fue ajeno en su intervención a la crisis que envuelve una disciplina «en horas bajas» y lastrada por la ausencia de patrocinios y por «problemas de imagen que lo han dañado bastante». Una alusión directa al dopaje. «¿Quién es el responsable ante este tipo de casos?», se escuchó. Induráin fue tajante: «El deportista es el único responsable». «¿Y Armstrong?». «Ha sido un follón en nuestro deporte», contestó, al tiempo que lamentó lo que calificó como «un caso raro».

Fiel a su carácter, no eludió ningún tema, aunque tampoco apuró el pedal. Habló de los cambios en la disciplina desde su época en activo, que, a su juicio, han venido empujados por las televisiones, que han llevado a diseñar «etapas más cortas, pero más intensas». También por la internacionalización de un deporte antes casi limitado a Europa. «Nos cuesta adaptarnos porque somos un deporte tradicional, con normas estrictas. Incluso tuvimos problemas para cambiar el color de las zapatillas», comentó el excorredor.

«Lo descubrí en las fiestas»

A través de las preguntas de los jóvenes, 'el extraterrestre' tiró de la memoria para contar sus primeros años sobre la bicicleta -«que descubrí en unas fiestas de mi pueblo»- y los momentos que marcaron su trayectoria deportiva, como aquellos en los que 'regalaba' a otros compañeros triunfos de etapa. «Los medios y la afición presionaban, pero era mi forma de correr, de entender la competición, y tienes que estar centrado en el objetivo», que no era otro que el maillot amarillo frente a compañeros como Gianni Bugno, Claudio Chiapucci o Tony Rominger, a los que mencionó como a los rivales «más duros». «Todo el mundo dice que fueron pocas, pero participé en siete ediciones la Vuelta», recalcó. «Tenía problemas asmáticos y en primavera, con el polen, me bajaba el rendimiento sobre un 20%, por lo que me centraba en final de la temporada», explicó.

Aquel gigantón brilló en la montaña, pero, por sus características físicas, sobre todo en la contrarreloj. «Es la capacidad mental de sobreponerte lo que marca las diferencias», dijo sobre una carrera deportiva histórica que, según reconoció, no se arrepiente de haber dejado y que le aportó una gran enseñanza: «Un líder no gana si no está apoyado por un buen equipo».

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