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RAMÓN AVELLO
Viernes, 11 de octubre 2013, 04:18
Oficialmente, la temporada anual de abono de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), se inauguró ayer, en el Teatro Jovellanos de Gijón. Extraoficialmente y aunque no sea de abono, se abrió el pasado 28 de Septiembre, en Covadonga, con un 'Réquiem' de Verdi tan extraordinario en cuanto a su calidad artística como único, en cuanto a que sólo se interpretó una vez. ¿Por qué un concierto excepcional ha sido 'flor de un día'? ¿Por qué no se repite en Oviedo y Gijón, como aperitivo a la temporada? La ocasión, bien lo merecía.
La OSPA tiene querencia por los rusos. Se puede decir que muchos de ellos, lo llevan en su sangre. El programa, dirigido por Rossen Milanov, miraba a dos momentos de la verdaderamente turbulenta historia rusa del siglo XX, encarnados por Rachmaninov, que simboliza el crepúsculo romántico de la vieja Rusia y Shostakovich, que representa el temor del artista bajo el poder soviético. Previamente al programa 'rusista!', la OSPA interpretó 'Resonancias para orquesta', obra de Marcos Fernández galardonada con el primer premio del Concurso de Composición OSPA 2013. Sobre ella planea una sonoridad intimista, individualizada a la manera de un grupo de cámara, en la que la densidad orquestal se adelgaza y estrecha, en aras de una sutileza tímbrica. Pequeños motivos, en los que hilvanan una composición sutil y delicada.
Al violonchelista Adolfo Gutiérrez le hemos escuchado en los últimos tiempos tanto con la OSPA como en la Filarmónica de Gijón. La solvencia del joven intérprete de raíces asturianas se proyecto en el complejo 'Concierto N.º 1 para violonchelo y orquesta' de Shostakovich. Una obra de un virtuosismo espectacular, de un carácter concertante continuo que hace que otros instrumentos, como la trompa en el primer movimiento, comparta protagonismo, y de una gran homogeneidad estilística. Una interpretación excelente. Como propina ofreció la elegía de la 'Suite para violonchelo solo', de Britten.
En la segunda parte, Milanov dirigió una densa versión de la Sinfonía N.º 2, de Prokofiev. Turgeniev decía que el alma rusa es tan indefinido como su estepa, extensa pero nunca uniforme. La Segunda de Rachmaninov, con su carácter patético, su sentido cíclico, su expansión sonora y sus bellas melodías son como el símbolo musical del alma rusa. Todo un novelón sinfónico. Muchísimos aplausos.
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