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MARCO MENÉNDEZ
Viernes, 23 de agosto 2013, 03:06
Cielos completamente despejados y una temperatura que alcanzó los 26,1 grados fueron las condiciones perfectas que ayer invitaban a disfrutar de la playa y de un buen baño. Pero quienes acudieron al arenal de San Lorenzo durante la tarde se encontraron con una desagradable sorpresa. A las cinco y media de la tarde, durante la pleamar, sólo quedaba una pequeña franja de arena seca entre el puente del Piles y la escalera 14, llegando incluso en este punto a romper las olas que levantaba una desagradable mar de viento y que obligó a que la bandera roja ondeara en las tres zonas de la playa. La mar llegaba también a la caseta de salvamento de la escalera 12, donde el embate de las olas hizo, además, que se generara un pronunciado escalón de arena. En este punto hay instaladas dos casetas de hamacas que estuvieron a punto de ser derribadas por la fuerza de la mar. Sus responsables decidieron a última hora de ayer 'defenderlas' colocando sacos de arena, en previsión de que las pleamares de hoy -a las 5.58 y a las 18.16 horas- puedan causar algunos desperfectos. Y todo ello en vistas de que la fuerza de las olas hizo volcar otra caseta de hamacas instalada en la escalera 11.
Ayer se conjugaron dos circunstancias, amén de la consabida pérdida de arena en San Lorenzo, que hicieron que la mar subiera aún más si cabe. Se trata de que la pleamar fue muy alta, de 4,62 metros -la de esta tarde será de 4,65 metros-, al tiempo que hubo vientos que llegaron a soplar sobre Gijón a 35 kilómetros por hora. Eso hizo que se levantaran fuertes olas muy cerca de la orilla, llegando con más fuerza contra el propio Muro. La mar se llevó arena que había sido acumulada semanas atrás especialmente en la zona de la caseta de salvamento, que ayer quedó frente a un escalón de arena de más de medio metro. Eso sí, esta estructura tiene firmes pilares, pues es permanente, al contrario que ocurre con las casetas donde se guardan las hamacas.
El batir de las olas provocó otro desagradable efecto, como fue la aparición de espuma en toda la desembocadura del río Piles, aunque no es producto de la suciedad sino de un fenómeno natural y bastante habitual en la concha gijonesa como producto de la rompiente de las olas y de un exceso de oxigenación del agua, sin que se deshaga, quedando acumulada.
Los gijoneses están disgustados con la situación que presenta la playa. En el Muro, ayer atestado de gente ante la imposibilidad de bajar al arenal, no se hablaba de otra cosa. «¿A qué es debido que haya tan poca arena? ¿A las mareas?, ¿al nuevo espigón de El Musel?», se preguntaba Jorge Joglar, quien apuntaba: «Ya estuvimos en la playa, pero nos tuvimos que marchar. Se tiene que hacer un estudio serio para ver cómo se puede solucionar. No recuerdo haberla visto así».
«Buscar soluciones»
Mercedes Piquero se lamentaba porque «en Asturias ya no tenemos ni industria ni nada. Queremos que venga el turismo y tenemos así la playa. Hay que buscar soluciones, porque vienen turistas de todos los sitios y se encuentran con esto». José Manuel González también mostraba su preocupación y apuntaba: «La gente quiere playa, pero la peor parada va a ser la hostelería. Esta situación supone pérdidas para la ciudad, porque San Lorenzo es el pilar de Gijón. ¿A qué se debe? ¿Al cambio climático? ¿Al aumento del nivel del mar? ¿A la obra del dique? No lo sé, pero lo tendrán que averiguar los técnicos».
María Cruz Blanco también estaba enfadada: «Sólo quedan 15 metros de playa. No pudimos ni bajar», explicaba. Julio García se manifestó en la misma línea. «No vemos la arena, la gente parece una lata de sardinas. Esto no es normal. La culpa la tiene el dique, porque con las mareonas el Tostaderu siempre tuvo algo de arena». María Antonia Fernández añadía: «Los de aquí ya sabemos cómo son las mareas de San Agustín, pero los turistas alucinan». Ante esta situación, muchas fueron las personas que decidieron cambiar y dirigirse a Poniente, que a media tarde de ayer presentaba un aspecto prácticamente repleto. «El dique estropeó la playa. Con las mareonas, se mantenían las casetas y sólo había que subir la tela de tres de las filas. Ahora, el agua llega a la escalera 14. Soy pesimista», afirmó tajante María José del Campo.
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