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ANA SALAS
Domingo, 11 de agosto 2013, 03:45
Probablemente en esta ciudad no haya nadie que no sepa responder quién es Santiago Calatrava. El nombre se le da al centro comercial o al palacio de encima y es el de un arquitecto con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes que sonó por primera vez en un despacho en la ciudad hace 13 años. Desde entonces , Calatrava ha pasado a formar parte de la vida de los ovetenses.
En los últimos tiempos, su vínculo es intenso por motivos económicos, en algunos casos ajenos al arquitecto que ha protagonizado, en el juzgado, una de sus pocas visitas a la ciudad. Las otras se produjeron mucho antes y por motivos menos incómodos. En una de ellas dibujó a mano alzada en una pizarra tres torres que sugerían cómo quedaría la parcela de El Vasco. Esto fue a finales de 2007, pero la historia de la parcela tiene mucho más recorrido: de una estación de tren a pisos pasando por siete proyectos más. El octavo escribe el último episodio de El Vasco y esta semana ha sufrido un nuevo revés. La empresa que construye la urbanización, que ya no firma Calatrava, ha parado las obras para redefinir el proyecto. Concluirá lo iniciado, tres torres, pero replanteará lo que queda: otras tres, aparcamientos y una galería comercial.
El Vasco XXI es la responsable de los trasformar la parcela de la antigua estación de tren. Jovellanos XXI creó esta empresa para que no sufriera los inconvenientes financieros derivados de la construcción del complejo de Buenavista: una obra cuyo presupuesto se multiplicó hasta los 350 millones de euros. Una urbanización con una polémica obra, con su palacio como elemento singular, con una visera móvil que está fija, con pleitos, deudas y ahora con una empresa en concurso de acreedores que ha solicitado la liquidación de la sociedad.
A pesar de este intento porque una operación no lastre a la otra, no hay duda de que ambas parcelas están unidas desde el Ayuntamiento convocara en junio de 2000 un concurso para construir un Palacio de las Artes en El Vasco y otro de congresos en Buenavista. Este, con problemas, salió adelante y está abierto con el sello de Santiago Calatrava. Lo de El Vasco (donde inicialmente se iba a construir un aparcamiento) fue, y sigue siendo, más complicado.
Desierto en 2000
Después de que el concurso del año 2000 quedara desierto, la entonces desconocida Jovellanos XXI hizo público que tenía dos diseños del valenciano y que le hubiera gustado presentarlos. No lo hizo, sin embargo, porque no le salían las cuentas, argumentó. El museo para la colección Masaveu que había pensado César Fernández Cuevas quedó en un cajón para abrir el que contenía los dibujos de Calatrava con la solución a la parcela de la demolida estación de tren. Era el de un edificio que pronto pasaría a ser Facultad de Bellas Artes y después a Palacio Municipal. Este último tampoco convenció y fue cuando Calatrava diseñó las tres torres de más de 130 metros a las que la Unesco (además de los ciudadanos) puso reparos por limitar la visibilidad de la Catedral. Y el conocido arquitecto quedó apartado del solar.
Jovellanos XXI continuó vinculada con el Palacio de Justicia para el Gobierno regional. Precisamente el motivo, adjudicarle una obra de 190 millones de euros sin concurso público, acabó desdibujando la solución para las dispersas sedes judiciales. Pero el suelo ya pertenecía a Jovellanos XXI y decidió tirar del proyecto por sí misma con viviendas, un aparcamiento y un centro comercial que ahora no puede abrir porque la ley regional lo impide y que va a provocar nuevos cambios en El Vasco. La empresa asegura que retomará las obras, con los nuevos planos, en septiembre.
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