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FERNANDO DEL BUSTO
Viernes, 17 de mayo 2013, 16:24
No lo dude. Cuando entre en el Museo de la Historia Urbana de Avilés, que ayer se inauguró en la calle de La Ferrería, después de saludar en la recepción, camine hacia el ascensor para iniciar el recorrido de forma que pueda descubrir el sugerente viaje ofrecido sin haber visto previamente ninguno de los módulos en los que se ha organizado lo que se considera el primer museo de la ciudad, fruto del convenio urbanístico firmado en 2005 con el empresario avilesino Carlos Antuña y el grupo Proiecto. La alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, comentó ayer este hecho: «Es cierto que se ha producido un retraso, pero ha valido la pena esperar».
Para disfrutar lo más posible, lo aconsejable es evitar las escaleras para eludir la tentación de detenerse en cualquiera de los módulos. El ascensor es la vía directa para iniciar desde la planta bajocubierta el paseo por la historia local elaborado por los historiadores Vidal y Juan Carlos de la Madrid, que han destilado sus conocimientos sobre Avilés en el museo inaugurado ayer.
Un recorrido
La tercera planta o bajocubierta ofrece el resumen de los mil años de historia local, que comienzan con dos bifaces paleolíticos que el visitante se encuentra al poco de salir del ascensor. Son dos piezas cedidas por el Museo Arqueológico de Asturias y que invitan a iniciar un apasionante recorrido donde nuevas tecnologías y los usos más tradicionales de un museo van de la mano.
En el inicio, el visitante se encuentra con elementos esenciales que han marcado el devenir de la ciudad: la ría, la mar, la cerámica de Miranda, Ensidesa... Son tan sólo ocho módulos, pero que resume lo que vendrá a continuación. Las diferentes vitrinas se presentan con muchos guiños y detalles.
Uno de los puntos más interesantes de esta planta es la pantalla sobre la que se proyectan imágenes de Avilés. En realidad es una persiana metálica que, periódicamente, se retira ofreciendo entonces una vista de la Iglesia de los Padres Franciscanos, el edificio más antiguo de la ciudad, y el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, el más moderno y símbolo de futuro.
Tal vez porque el principal objetivo del Museo es invitar a conocer la propia ciudad, la visita se organiza de forma descendente. Así que, tras este resumen, llega el momento de conocer los detalles. Aunque se baje por la escalera, el recorrido por la planta respeta el mismo itinerario: desde el fondo, el espacio más próximo al ascensor, hacia la fachada principal.
La utilización de la tecnología permite superar las limitaciones del espacio. Así, en este espacio dedicado a la Villa Medieval, a través de una pantalla interactiva se puede acceder a la colección diplomática del Archivo Histórico Municipal y consultar parte de sus documentos.
No es la única posibilidad que ofrece la tecnología. Así, junto a la carta de vecindad de Alfonso Suárez (un documento oficial que permitía a los nacidos fuera de Avilés gozar de los derechos de los avilesinos), una pantalla táctil permite que cada visitante reciba una carta similar con su nombre en el correo electrónico que indique.
A escasos metros, se encuentra lo que podría ser la 'joya' del Museo: las dos copias del Fuero de Avilés. Nuevamente, las técnicas multimedia permiten descubrir su contenido y conocer las razones por las que ha sido un texto capital en la historia de la ciudad.
No es la única sorpresa que se encontrará. En cada época histórica se repetirá un elemento: «Avilés en la máquina del tiempo». Es una reconstrucción audiovisual que muestra la imagen del concejo en ese momento de la historia.
Otro de los elementos que se repetirán serán los códigos QR al lado de las reproducciones de diferentes elementos. Su leyenda es indicativa: «Usted está aquí; esto está allá». Capturando la imagen con el teléfono móvil, se tendrá la información perfecta para poder llegar a diferentes monumentos de la ciudad. La invitación a conocer a Avilés en directo es un hilo conductor durante la visita.
El video del traslado de los restos mortales de Pedro Menéndez en 1924 es otra de las piezas más singulares de Avilés. Los diferentes elementos audiovisuales tienen una duración breve (entre 1,30 y 1,40 minutos) con el objetivo de no resultar cansinos en una visita que, en todo momento, es amena sin perder el rigor.
Con él se abre un espacio dedicado a avilesinos ilustres como Juan Carreño Miranda y Bances Candamo, antes de alcanzar uno de los elementos que dan personalidad al edificio diseñado por los arquitectos Cosme Cuenca y Jorge Hevia. El mirador que permite contemplar la Iglesia de los Padres, la ría, la plaza de Carlos Lobo y el Centro Niemeyer. Como se observa desde el exterior del edificio, sobresale de la fachada con forma de triángulo. De esta manera, el visitante disfruta de una sensación única: la oportunidad de flotar sobre varios de los momentos más bellos de la ciudad.
Dejando atrás el mirador, se pasa al lado del Palacio de Camposagrado, con una reivindicación de Francisco Menéndez Camina, 'El Viejo', y su hijo, Francisco, 'El Mozo', los dos primeros arquitectos asturianos de los que se tiene constancia, se llega a la planta primera, reservada para los siglos XIX y XX.
Ahí se encontrarán procesos como la emigración a América. Pero también un homenaje a Antonio María Pruneda, primer editor de periódico en la ciudad. Un recuerdo donde se citan diferentes cabeceras locales, de la que tan sólo se conserva viva LA VOZ DE AVILÉS (1908), además del anuario de la Cofradía de El Bollo.
La llegada de Ensidesa muestra un Avilés conocido por la mayoría de los visitantes. Al lado de impresionantes imágenes de trabajadores entrando en las campanas, se encuentra una instalación dedicada a la calle de San Francisco, donde confluyen diferentes estilos arquitectónicos. Vale la pena dedicar un par de minutos a ver el juego de luces e imágenes. Y también para la aplicación multimedia que permite un recorrido de 360 grados por la Iglesia de Santa Bárbara en Llaranes.
En la planta baja termina el paseo. El visitante permanece una hora, tal vez más. Pero lo mejor se encuentra fuera. Para no perderse, a través de una pantalla se puede organizar un itinerario por Avilés donde figuran medio centenar de monumentos. Cada persona elegirá donde ir y recibirá la información de cómo llegar porque, ya se ha dicho, el verdadero Museo es Avilés.
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