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ALBERTO PIQUERO
Domingo, 7 de abril 2013, 11:30
Gala solemne, pero sobre todo festiva, la que ayer se vivió al calor de la séptima edición de los galardones que otorga la Fundación de los Premios Líricos del Teatro Campoamor.
Velada escenificada por el genio de Calixto Bieito, el siempre sorprendente director artístico y Premio de la Cultura Europeo. Volvió a producir asombro, en esta ocasión por la sencillez, agilidad e ironía, aunque el protagonismo fue para otros, muy especialmente para Alberto Zedda, al que el público de Oviedo premió con un cariñoso y desbordado aplauso y para Sondra Rodvanovsky, que dejó al auditorio al borde del delirio con su interpretación.
Sobre las tablas, la actriz Rossy de Palma y el contratenor Xabier Sabata, que aparecieron en escena caminando por el pasillo central del teatro mientras sonaba Wagner inmenso con Marzio Conti dirigiendo a Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo acompañando a la orquestación desde el segundo piso. Entonces, para rematar, apareció Celso Albelo con el aria 'Favorito del Re', de 'La favorita' de Donizetti. Huelga decir que en ese instante sonaron los primeros bravos de una gala con detalles de humor. De Palma y Sábata no escatimaron en gastos para hacer reír. Para empezar, porque ambos aparecieron vestidos de novia y luchando a brazo partido por convertirse en el presentador único de la gala.
Claro que más que suyo el protagonismo fue para la música y para los premiados, que recibieron la estatuilla de bronce 'La gitana de París', de Sebastián Miranda, y diez mil euros, en reconocimiento de sus indudables talentos. Comenzando precisamente por el final, por el premio gordo de la noche, la Mejor Nueva Producción, de la que ha participado la Ópera de Oviedo, junto a la English National Opera, la Vlaamse Opera y Deutsche Oper Berlin, fue para 'Peter Grimes', de Benjamin Britten. Fue Jaime Martínez, presidente de la Ópera de Oviedo, quien tuvo el honor de recoger en casa su galardón.
Su correspondiente en ópera española o zarzuela se entregó a 'El gato montés', de Manuel Penella, y fue recogido por Paolo Pinamonti, director del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Y ahí cabría citar la opinión de su director artístico, José Manuel Plaza, quien ha indicado que su «música y letra corren a la par con una perfección que es difícil de encontrar aun en las óperas más reputadas».
El mejor director musical se rubricó con Maurizio Benini, el cual desde que debutó en 1992, en la Scala, con 'La donna del lago' y 'Don Carlo', ha visto abiertas todas las puertas de los teatros del mundo. Un fragmento de 'Rinaldo' de Haendel sonó, en la voz de Sabata, de modo soberbio tras este premio.
El mejor cantante elegido fue Celso Albelo, de quien se resalta «una voz de gran cuerpo y homogeneidad, un timbre brillante y atractivo, una línea de canto depurada y un fraseo cargado de sentido». Ayer lo demostró sobre las tablas del Campoamor ante el entusiasmo del público, al igual que su colega norteamericana Sondra Rodvanovsky, galardón paralelo, una soprano verdiana de gran presencia, «rico vibrato y extraordinaria versatilidad». Ella también cantó. Lució su voz con el aria Leonora 'Pace, Pace, mio dio' de 'La fuerza del destino' de Verdi. Decir que estuvo imponente se queda corto. El teatro se caía y fue ella misma quien tuvo que interrupir el delirio de la interminable ovación.
Como revelación, José Ferrero, que ha sido solista de maestros como Ros Marbá, Max Valdés, Víctor Pablo Pérez o Alberto Zedda, al que reservamos para el final. En el apartado de ópera española o zarzuela, Ángel Ódena, que ya había conocido los aplausos en Oviedo con 'Tanhäusser' o 'Un Ballo in Maschera', ayer se llevó los suyos junto a su premio tras interpretar la romanza 'Lucha la fe con el triunfo' de 'Luisa Fernanda', de Moreno Torroba.
La dirección de escena quedó en las cuatro manos de Álex Ollé y la bonaerense Verónica Carrasco (La Fura dels Baus), arquitectos de algunas de las óperas más espectaculares de los últimos años. Y como no hay arte sin pasión que lo respalde, igual de merecido el palmarés de Ópera XXI, la asociación impulsora de Teatros, Festivales y Temporadas estables.
Claro que, quien con permiso de todos los demás, ayer se llevó el aplauso mayúsculo de un Campoamor siempre melómano, entusiasta y agradecido fue el maestro Alberto Zedda, ganador del premio a toda su carrera. Hizo en escena lo que mejor sabe: dirigir un fragamento de 'El barbero de Sevilla' de Rossini, un compositor en el que es máxima autoridad. Más que aplausos, cosechó auténticos truenos ante un auditorio feliz: «No quiero decirles más que lo que puedo expresar con mi música», afirmó. No hacían falta palabras, porque como bien dijo Xabier Sabata, «la música no es para comprenderla, sino para sentirla».
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