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JESÚS GONZÁLEZ
Martes, 12 de marzo 2013, 10:19
Recién superada la transición, Avilés comenzaba a despertar de un sueño tóxico. Por primera vez se empezaba a poner en evidencia la alta contaminación que había venido soportando la comarca desde la llegada de Ensidesa, y que afectaba especialmente a barrios que se vieron inmersos en el complejo siderúrgico, como Valliniello, Trasona o Llaranes. Se hablaba de placentas 'negras' en los partos en el Hospital San Agustín y del incremento de cánceres y enfermedades respiratorias de forma exponencial.
Empezó entonces a generarse una cierta conciencia ecológica en la comarca y se emprendieron iniciativas para corregir la situación: 'Cinturón Verde' en Valliniello, medidas de control de emisiones y comenzó a hablarse de la recuperación ambiental del cauce de una ría que se había convertido en una gran cloaca al aire libre.
En este tiempo, ha habido mejoras, pero la comarca sigue teniendo sus particulares 'tumores' fruto en buena medida de un pasado y un presente industriales que siguen influyendo en la buena salud de Avilés y su entorno.A finales de la década de 1970 un estudio encargado por las autoridades sanitarias de la época, en el que participaron 500 familias a las que se estudió su estado de salud desde el embarazo hasta el posterior desarrollo de los niños, disparó la alarma. Se analizaron los tóxicos en sangre, la relación de la capacidad respiratoria con el peso y la altura de los niños, el estado de salud en general... El resultado fue demoledor, pero no sirvió para demostrar una relación 'causa-efecto' entre la alta contaminación y esa 'mala salud'.
«Nunca más se volvió a hacer un estudio de ese tipo», lamentaba estos días Fructuoso Pontigo, el portavoz del Colectivo Ecologista de Avilés, entidad que en las últimas décadas ha sido la más pertinaz conciencia ambiental de la comarca.
A su entender, y pese a las mejoras que ha habido en estos años, Avilés y su entorno siguen acumulando una serie de 'puntos negros' importantes, que penden cual 'espada de Damocles' sobre la salud ambiental del territorio y cuyas consecuencias futuras son «imprevisibles», más que nada, «porque no hay estudios profundos y claros que las determinen». Y esos 'puntos negros' se encuentran en la comarca por tierra, mar -y agua dulce- y aire.
Suelos tóxicos Vertederos
3,4 millones de toneladas de residuos industriales
El explosivo desarrollo industrial de la comarca de Avilés en el último siglo, fundamentalmente basado en actividades primarias, ha convertido la contaminación del suelo en un «problema histórico», entiende Pontigo. Los vertidos -primero indiscriminados, luego más controlados- de las industrias han contaminado decenas de miles de metros cuadrados de terreno en toda la comarca durante décadas y solo una parte ha sido sometida a procesos de descontaminación. «La contaminación en la zona de Cabo Negro» -en las inmediaciones del núcleo de Montoril, en Podes-, «está para verla, pese a que hace años que no se realizan vertidos», indica Postigo acerca del punto de la costa gozoniega en el que, desde 1962, Ensidesa lanzó al mar todo tipo de escorias y residuos de su actividad, trasladándolos en 'teleférico' desde la factoría.
En la actualidad, el control de los vertidos industriales permite afirmar que se depositan 3,4 millones de toneladas de este tipo de residuos en distintos vertederos distribuidos por la comarca. Algunos son muy tóxicos, otros inertes. La cifra contrasta con las algo más de 420.000 toneladas de residuos sólidos urbanos que el Consorcio para la Gestión de Residuos Sólidos Urbanos de Asturias (Cogersa) recoge cada año en toda la comunidad autónoma.
Semejante cantidad de vertidos industriales se entierra en las canteras de El Estrellín. Allí, la empresa Asturiana de Zinc (AZSA) deposita «unas 563.000 toneladas al año de jarofix, residuo supuestamente inerte pero que, por si acaso, rechazan en otros municipios», señala Fructuoso Pontigo. En las inmediaciones, otro relleno alberga los lodos tóxicos retirados durante la limpieza de la ría «y todo tipo de otros residuos industriales» que rellenan las canteras.
A ello se suman las 409.000 toneladas de residuos 'no peligrosos' de la compañía siderúrgica ArcelorMittal que se depositan en Tabiella, en Valliniello, o las 100.000 toneladas anuales que se almacenan en la zona corverana del «macrovertedero» de Cogersa, en la parroquia de Solís, de «residuos industriales peligrosos». A poca distancia, junto al núcleo de Campañones, se ubica parte del vertedero de residuos urbanos orgánicos, fuente «de malos olores y molestias» pero, en principio, menos susceptible de resultar peligroso.
A todos esos recintos distribuidos por la comarca, el Colectivo Ecologista suma «la hipoteca» de viejos vertederos como las balsas de Asturiana de Zinc en San Juan de Nieva, espacios elevados en las dunas que ya no reciben vertidos, pero que «son susceptibles de sufrir filtraciones al terreno». Y no son los únicos casos. «Hay antiguos vertederos en la zona de Miranda, La Plata o en el límite de Carreño con Corvera, en Logrezana. Todos ellos no fueron restaurados de forma adecuada», apunta Fructuoso Pontigo. «Se taparon, pero siguen filtrando residuos al subsuelo, y eso es algo que no se controla, de lo que no hay dato alguno», añade el portavoz del colectivo.
Agua contaminada Lodos
El río Alvarés y el fango sin tratar
La ría ha sido durante décadas la cloaca de la comarca, donde iban a parar todo tipo de residuos urbanos e industriales. El desarrollo de la red de saneamiento y la mejora de los sistemas de depuración ha permitido aminorar la gravedad de su situación, pero sigue lejos de estar completamente saneada. «Sigue habiendo vertidos industriales. El fluido lechoso del emisario de DuPont, a la altura de La Marzaniella, es bien visible», apunta Pontigo. A ello se suman los periódicos vertidos de hidrocarburos -a la altura de las baterías de cok de ArcelorMittal-, y todos los colectores que siguen llegando al río Raíces o a la ría a la espera de que se complete la conexión del emisario submarino.
En principio, se trata en todos los casos de vertidos ya depurados, «pero la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) carece de medios para realizar las pruebas necesarias, y se fía de los resultados de los análisis que les ofrecen las propias empresas, que es algo así como si la Dirección General de Tráfico esperara que yo le informara de las veces que me salto el límite de velocidad», critica el portavoz de los ecologistas.
Ese problema, no obstante, se agrava aguas arriba del río Alvarés, que entra en la ría tras pasar por el embalse de Trasona. El pantano, opina Pontigo, actuaría como sumidero de los residuos industriales y urbanos no depurados de las zonas de Los Campos y Cancienes, motivo que llevó a cancelar el proyecto diseñado por la Mancomunidad Turística Comarca Avilés para crear una zona de recreo acuático. No es, ni de lejos, agua en la que uno se pueda bañar con tranquilidad.
Pero no se quedan ahí los problemas de contaminación ambiental de las aguas de la comarca. Fruto de un pasado industrial 'salvaje', los lodos de la ría siguen contando con niveles elevados de tóxicos y contaminación por metales pesados. Así lo recogía semanas atrás el Ministerio de Medio Ambiente a la hora de tramitar un expediente de la Autoridad Portuaria para realizar un nuevo dragado.
Se trataría de remover 325.000 metros cúbicos de lodo tóxico para depositarlo frente a la playa de Xagó. «Se lleva haciendo eso muchos años. Se sacan los fangos y, sin tratarlos, se tiran delante de la playa sin valorar las consecuencias que eso tiene en el medio marino ni las que pueda haber a largo plazo», añade.
Atmósfera pesada Malos humos
Información escasa y poco halagüeña
Recientemente, el Colectivo Ecologista de Avilés daba a conocer los datos relativos a 2012 de las estaciones de medición de la contaminación atmosférica responsabilidad del Principado. En Las Arobias, Llaranes, Llano Ponte o la plaza de la Guitarra se llegó a duplicar y hasta triplicar el nivel máximo de 20 microgramos por metro cúbico aconsejados por la Organización Mundial de la Salud para partículas en suspensión de menos de 10 micras de diámetro (PM10), vinculadas a la actividad industrial y el tráfico. También se detectaban niveles superiores a lo recomendable en dióxido de azufre y benceno.
El problema fundamental para Pontigo es que esos datos son insuficientes. «Hay estaciones de medición de las propias empresas, pero no se nos facilitan porque dicen que creamos alarma social, ¿nosotros, o sus datos?», se pregunta Pontigo acerca de los niveles de polución ambiental que se podría estar soportando en zona pobladas próximas a ArcelorMittal, Fertiberia, Chemastur, Asturiana de Zinc, Alcoa o Aleastur, entre otras.
Así, zonas como San Juan de Nieva, Trasona, Zeluán, Llaranes o Valliniello -en las que además se suma un notable tráfico pesado-, se encontrarían entre las que presentan una atmósfera más contaminada y, por ello, menos saludable para sus vecinos.
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