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RAMÓN AVELLO
Martes, 5 de febrero 2013, 01:36
El pasado sábado, con la cuarta representación de 'Don Carlo', se cerró en el Teatro Campoamor la 65 Temporada de Ópera de Oviedo. Desde un punto de vista musical, podemos calificar la temporada como equilibrada, tanto en la calidad general de las voces como en las sonoridades orquestales y corales. Respecto a la escena, como suele ser habitual en ópera, las valoraciones están más encontradas. A priori, una escena, por muy buena que sea desde un punto de vista formal o decorativo, es mala si desvía la acción, y pésima si incomoda a la música y a las voces. Aunque hubo alguna que otra breve desmesura escénica -final de 'Don Carlo', arias da Capo en 'Agrippina', Bros cantando a la naturaleza en un espacio vacío en 'Werther'- , no se dio una oposición entre música y escena.
A pesar de la calidad alta de esta 65 temporada, fueron pocos esos momentos de chispa que provocan una sensación estética inolvidable, rotunda, como se dio, por ejemplo en algunas escenas de 'Norma' o 'Peter Grimes', de la 64. Indudablemente, hubo escenas grandiosas, bien construidas e interpretadas en las que música, voces y escena marchaban en perfecta consonancia, pero rara vez se llegó a lo que los flamencos llaman 'la apoteosis', esa especie de arrebato mágico que hechiza al espectador.
'Werther'
En Oviedo, 'Werther', de Massenet es una ópera que está unida al recuerdo de Alfredo Kraus. El tenor canario fue, hace veinte años, el penúltimo Werther, y eso imprime carácter. ¿Flotaba el recuerdo de Kraus en el Werther que abrió la 65 temporada? Quizás para algunos aficionados, sí. De todas maneras, José Bros defendió su papel con elegancia, lirismo y emotividad dramática. De Nancy Fabiola Herrera, como Carlota, recordamos un tercer acto lleno de fuerza, y entre lo más elevado de 'Werther' hay que mencionar la dirección de Ybes Abel al frente de la OSPA. Lo mas anodino de la representación, algunos aspectos de la escena de Guy Joosten, inspirada en los troquelados de un libro pero con un fuerte contraste entre lo que sería el interior de la casa, frente a un espacio vacío, como un descampado.
'Lucia di Lammermoor'
Para abaratar costes, la Temporada repuso la 'Lucia' victoriana, producida hace cinco años por la Ópera de Oviedo bajo la dirección escénica de Emilio Sagi. Por obra y gracia del elenco, fue mejor esta Lucia que la del quinquenio pasado; se percibió, sorprendentemente, más nueva y fresca. Los motivos, hay que buscarlos en la interpretación, desde Oviedo Filarmonía bajo la dirección de Marzio Conti, al coro de la Ópera de Oviedo, con unos concertantes prodigiosos. Entre las voces, Simón Orfila hizo una recreación excelente Raimondo; Dalibor Jenis estuvo especialmente afortunado en los tensos dúos con Lucia y con Edgardo. Arturo Chacón-Cruz, esforzado y emotivo, y Mariola Cantarero fue una Lucia de virtuosismo canoro y tintes dramáticos.
'Turandot'
Al igual que el pasado año sucedió con 'Norma', 'Turandot' demuestra que es factible crear un espectáculo grandioso con medios reducidos. La directora de escena Susana Gómez utilizó otras producciones para crear un drama que combina trazos masivos y pinceladas gruesas con sutilezas intimistas. La mejor escena de este 'Turandot' fue la de la muerte de Liú, última página compuesta por Puccini. Entre los cantantes de la función de abono, Kurt Rydt, fue un Timur con una voz bien timbrada y una actuación escénica convincente. Stuart Neill, un Calaf con mayor encanto que fuerza dramática, la soprano Eri Nakamura una Liu de hondo patetismo y dulcura, especialmente desde un punto de vista escénico y Elizabet Matos una Turandot, de una gran fuerza y tensión vocal.
'Agrippina'
La ópera barroca estuvo representada por 'Agrippina', de Handel, una historia de intriga poder y sexo trasladada por la directora Mariame Clément de la Roma Imperial a la Dallas de JR. Lo mejor de la escena, cierta agilidad conveniente para una ópera tan larga; lo peor, la sobreactuación escénica de los cantantes especialmente en las arias da capo, escritas para que retomasen el canto y no para que se pinten las uñas, hagan el amor o abran y cierren puertas. 'Agrippina' tuvo una factura musical excepcional bajo la dirección de Benjamin Bayl, la mejor dirección de la temporada, por la fidelidad interpretativa al barroco. De los personajes, los mejores fueron Serena Malfi, una 'Nerone' frágil e ideal, y Anna Bonitatibus como Agrippina, con una linea de canto segura, variada y sutil.
'Don Carlo'
Pese a dos defectos de la dirección escénica de Del Monaco -el atrabiliario vestido del Gran Inquisidor y el final poco coherente con el misticismo sereno y extraño proclamado por Verdi-, el balance de Don Carlo es altamente positivo. Entre las voces, destacamos el duelo de bajos protagonizados por Felipe Bou (Felipe II) y Luiz O. Faria (el Gran Inquisidor) y broche de oro para Arteta, con un cuarto acto bellísimo y Juan Jesús Rodríguez, el barítono verdiano por excelencia.
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