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Anna Bonitatibus, antes del ensayo de ayer. :: JESÚS DÍAZ
«Handel te enseña a ser músico»
Cultura

«Handel te enseña a ser músico»

Al cumplir los 20 años de carrera debuta el rol de Agrippina en la ópera homónima de Handel, que se estrena este domingoAnna Bonitatibus Mezzosoprano, Agrippina en la Ópera de Oviedo

ALEJANDRO CARANTOÑA

Jueves, 13 de diciembre 2012, 11:03

Aún no ha empezado el ensayo, pero Anna Bonitatibus ya está agotada. Faltan pocos días para que debute el rol de Agrippina en la ópera homónima de Handel, un mastodonte de cuatro horas que, sin embargo, no puede con su entusiasmo ni su sonrisa.

Además de rossiniana empedernida, ya a libreta cerrada se declara cruzada por la causa: la de contar «la historia» detrás de la música, de sus compositores y su subtexto, para transmitirla y acercarla. Esta 'Agrippina' «televisiva» de Mariame Clément que se estrena este domingo (habrá otras tres funciones) se ha convertido, para ella, en un nuevo vehículo, en un nuevo reto. Y -por eso se mete al ensayo como un vendaval- en una oportunidad.

-Hay similitudes palpables entre su carrera y la aún incipiente de la mezzo Serena Malfi, que en esta ópera hace el rol de su hijo, Nerón. ¿Ha habido algo de 'feeling' maternal en ese sentido?

-Y encima, las dos somos del sur de Italia: reconozco en ella cierto carácter y determinación compartidas, y veo lo que yo era al comienzo. Le auguro y le deseo un gran éxito.

-El papel de Agrippina es el centro de toda esta ópera, pero, ¿diría que es auténticamente protagonista, en el sentido tradicional del término?

-Este papel me ha hecho tomar conciencia de lo que significa «papel titular». Lo cierto es que todos los personajes actúan en función de lo que hace Agrippina, y en ese camino que ella recorre llega un punto en el que tiene miedo de haber franqueado un límite. De que los demás dejen de orbitar a su alrededor, situación que sin embargo gestiona con determinación, sin duda. Solo hay un momento de debilidad, en el segundo acto, pero que nadie ve porque está sola. Es su lado frágil... Y es extremadamente complejo.

-Esta es una producción llena de debuts. ¿Cómo ha sido descubrir la ópera todos juntos?

-Es una ópera enorme en muchos aspectos. Primero los papeles, que nos han costado mucho trabajo por la cantidad de matices que tienen y lo largos que son. Luego dotarlos de teatro... Y todo sin prácticamente ningún corte, tal y como fue concebida por Handel. Esto es todo un acto de valor por parte de la Ópera de Oviedo, que espero que se vea recompensado por que cuando la gente salga del teatro no piense en la extensión, sino en la ejecución, en la técnica, en la manera de interpretar, en la cantidad de cosas que han visto y en el mimo que Handel pone en cada personaje. Espero que haya ganas de saber más -no de nosotros, que somos muy accesibles-, sino de la historia, del compositor y de la música.

-Su repertorio abarca el siglo XVIII y bastante bel canto. Hábleme de la manera de sentir y de expresar que nota desde Handel hasta el romanticismo bien entrado. ¿Esto es más primitivo?

-La voz no es más que un instrumento. Puede que sea el más especial, el más mágico porque no se puede tocar ni ver, pero no deja de ser un instrumento. Y por tanto, al igual que la música, se puede adaptar a cualquier cosa. Una tiene sus límites, claro -no cantaré a los rusos, o a Wagner-, pero en cuanto a expresividad puedes hacer lo que quieras con la voz. El barroco puede parecer más sencillo, más desnudo; y la música posterior más expresiva. Pero eso también implica que al construir un papel barroco tengas que dotarlo tú de expresividad, mientras que en un Massenet, por ejemplo, basta con ser fiel a lo que quedó escrito. Hay que rellenar mucho más: Handel, Monteverdi, Cavalli te obligan a despertar tu expresividad musical y tu pasión. Te enseñan a ser músico e incluso a ser persona. Yo he descubierto cosas de mí que no sabía: ¿Habría pensado esto Agrippina? ¿Lo habría pensado Anna?

- Por último, se cumplen 20 años de su debut. Y fue... ¡Con una grabación de 'La Griselda' de Vivaldi! Curiosa manera de empezar a cantar ópera.

-Sí, puro azar... Es lo que nos ocurre al principio de una carrera: aceptas cualquier cosa, y solo te preocupas no pasarte de tus limitaciones. Esperas trabajo, coges experiencia, y quizás te caiga tu gran oportunidad. Las mías fueron la Cenerentola de Rossini y el Cherubino de 'Las bodas de Figaro', de Mozart. Y solo ahora, 20 años después, empiezas a decidir... Un privilegio, porque la ópera, lejos de estar muerta, está más viva que nunca gracias a gente como Mariame (Clément, directora de escena de 'Agrippina') y Benjamin (Bayl, director musical) que se esfuerza por mantenerla viva. Yo solo puedo ponerme a su servicio... y divertirme.

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