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NACHO PRIETO
Lunes, 29 de octubre 2012, 08:26
La autopista del mar Gijón-Nantes es la única oficialmente reconocida como tal por la Unión Europea que tiene España, pero hay otros puertos con líneas de características similares (básicamente conexiones desde Barcelona y Valencia con las Baleares o Italia, además de la migración masiva que anualmente supone el paso del Estrecho en periodo vacacional).
De hecho, los puertos españoles de interés general del Estado movieron en los ocho primeros meses del año casi 18 millones de pasajeros y sólo en El Musel consta que se hayan producido problemas para utilizar el transporte marítimo por dificultades de acceso a causa de desplazarse los clientes a pie.
El hecho de que la autopista del mar de Gijón haya dejado de comercializar pasajes para quienes viajan sin vehículo propio, como publicó el pasado jueves EL COMERCIO, propició el típico rifirrafe político entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria, pero no ha conseguido que nadie ponga manos a la obra para resolver el problema, es decir, para conseguir que si un millar y medio de personas quieren llegar a Gijón o salir de la ciudad como peatones, a través de El Musel, puedan hacerlo. El negocio es insignificante para la Autoridad Portuaria (la tasa al pasaje fue la que menos subió este año), pero a juicio del concejal Fernando Couto ayudaría a apuntalar al sector turístico, que parece obligado a no desperdiciar ninguna oportunidad.
Para otros puertos no ha resultado insalvable el argumento de que «el acceso a pie a la terminal de la autopista del mar situada en los muelles de La Osa está prohibido por razones de seguridad al tratarse de una zona de mucha actividad y con continuo movimiento de maquinaria, de la misma manera que está prohibido este acceso a pie a cualquier otra terminal portuaria», esgrimido el pasado jueves por los responsables de El Musel.
Incluso el propio puerto gijonés ha tomado en algunas ocasiones medidas para reducir el peligro inherente al tránsito por una instalación industrial, como ocurrió con el acceso a los pantalanes de Marina Yates, en los mismos muelles de La Osa, a través de un vial específico. También se utiliza un protocolo menos riguroso con los trabajadores que no usan coche, o con los marineros que llegan a bordo de los barcos que operan en las terminales y que no siempre salen de El Musel en taxi.
Los puertos de Valencia o Barcelona, por otra parte, no tienen menor actividad ni movimiento de maquinaria que El Musel (el primero cuadruplica el tráfico anual de mercancía de Gijón y el segundo lo triplica) sin renunciar por ello al movimiento de pasajeros, tal vez por menor mentalidad granelera.
Fuentes de la Autoridad Portuaria de Valencia indicaron a EL COMERCIO que la citada entidad trabaja en un plan de movilidad para mejorar ese aspecto y confía en integrar al transporte urbano de viajeros. Mientras tanto, indicaron las mismas fuentes, el acceso a pie a una de las terminales de embarque y desembarque de personas es posible gracias a una esmerada señalización de pasos de peatones, además de utilizar autobuses lanzadera para otra terminal, más frecuentada por barcos de crucero, que se encuentra alejada de los límites del puerto.
Por lo que a la principal dársena catalana se refiere, la solución la proporcionan también autobuses lanzadera, que conectan las oficinas donde los pasajeros presentan la documentación que les acredita como tales con los muelles de embarque.
En Gijón, de momento, ese sistema se utiliza sólo en el caso de cruceros. Otro tipo de transporte público, como los taxis, muestra también mayor interés en dicho tipo de escalas que en la autopista del mar, obviamente porque la cantidad de pasajeros peatones no era todavía importante cuando se interrumpió. El caso es que ese perfil de usuario no tendrá posibilidad de crecer, por la sencilla razón de que fue eliminado.
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