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Pardela cenicienta. :: FOTOS MAVEA/JORGE VALELLA
Día de pardelas
AVILES

Día de pardelas

PPLL

Viernes, 12 de octubre 2012, 05:34

En estas fechas de octubre el paso migratorio de aves marinas por delante de nuestra costa alcanza su momento álgido; son las fechas en las que pueden observarse mayor número de aves. Si sabemos escoger el mejor momento para acercarnos a ver el espectáculo, podemos llegar a contar más de 2.000 aves por hora.

Los avistamientos recientes desde las costas de todo el litoral cantábrico y en las salidas en barco, indican claramente que en alta mar hay miles de aves, aves que en cuanto las condiciones sean idóneas se moverán hacia el oeste más cerca de la costa. Días con fuertes vientos de Oeste y Noroeste, y con marejada, son el preludio de un intenso paso migratorio muy cercano (y por tanto visible) desde la costa. Tal como estuvo la tarde de ayer, seguramente hoy mismo sea un buen día para acercarse con los prismáticos al Cabo Peñas, a la Punta La Vaca o al cabo Vidio y disfrutar del espectáculo del paso de muchas pardelas, alcatraces, págalos, charranes y otras aves marinas, así como observar delfines y, con suerte, alguna ballena.

El día 6, desde el cabo Vidio pudieron observarse durante la mañana alrededor de 8.000 pardelas en tres horas (4.400 en sólo media hora); el día 7, desde un barco se vieron a placer más de 1.300 pardelas y cientos de alcatraces, charranes. Y es que es en estos momentos cuando el grueso del pelotón de unas 300.000 pardelas abandona el Golfo de Vizcaya en dirección al hemisferio Sur. Algunas han estado criando en el Atlántico Norte (la pichoneta, la sombría y la cenicienta); sin embargo, otras se darán un poco más de prisa en acercarse a la Antártida porque crían durante el verano austral (la capirotada).

Estas aves marinas se caracterizan en el mar por su color oscuro, en algunas especies contrastando con las partes inferiores claras o incluso blancas, sus alas largas que le dan un aspecto bastante estilizado, y por su vuelo con grandes planeos a ras de agua en las especies grandes, y más batidos de alas en las especies pequeñas. Las diferencias más sutiles en cuanto a la forma de volar pueden aprenderse en poco tiempo simplemente con fijarse con atención. Pero para ello hay que verlas en los días que pasan cerca de la costa, pues normalmente veremos sólo pequeños puntos moviéndose lejos.

Se alimentan de peces que capturan tanto en superficie como sumergiéndose, por lo que es muy llamativo verlas bucear cuando se lanzan a por los descartes de pescado que tiran los barcos.

En pocos días, la especie más abundante será el alcatraz, mucho más conocido en Asturias con el nombre de Mazcatu. La espectacularidad de sus picados hizo que en la postguerra hubiese personas que se alimentaban con ellos, capturándolos con una trampa cuando se lanzaban al mar.

La pardela balear

Hasta hace unos 20 años se consideraba una subespecie de la pardela pichoneta. Una vez aclarada su condición de especie, se vio que el número de individuos era muy pequeño. Hoy día se estima una población de unas 2.000 parejas nada más, lo que la convierten en una de las especies más amenazadas de la Península Ibérica, catalogada como «en peligro crítico a nivel mundial». Cría solamente en las islas Baleares, en primavera, en el interior de cuevas.

En verano, tras reproducirse, hace una migración hacia Galicia y el Golfo de Vizcaya, donde se concentra para mudar el plumaje. En otoño realiza el viaje inverso, entrando de nuevo en el Mediterráneo; estos días las vemos en pequeños grupos moverse hacia el Oeste, en su viaje de retorno a Baleares.

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